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	<title>Sociedad &#8211; El Bien Común</title>
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		<title>Necesitamos a los otros cerca</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/necesitamos-a-los-otros-cerca/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 30 Mar 2021 14:59:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Por José Luis Restán La circunstancia inédita que atraviesa el mundo nos está obligando a buscar nuevas formas de expresión social, tanto para el afecto como para la protesta. Es difícil saber hasta qué punto estas formas adquirirán carta de naturaleza en el futuro. De la experiencia de esta pandemia van a derivarse cambios en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por José Luis Restán</p>
<p style="text-align: justify;">La circunstancia inédita que atraviesa el mundo nos está obligando a buscar nuevas formas de expresión social, tanto para el afecto como para la protesta. Es difícil saber hasta qué punto estas formas adquirirán carta de naturaleza en el futuro. De la experiencia de esta pandemia van a derivarse cambios en todos los órdenes, aunque tampoco conviene dejarse llevar por visiones apocalípticas.</p>
<p style="text-align: justify;">Una de las lecciones que deberíamos extraer es el valor profundo de nuestra vida comunitaria.  Sólo descubrimos nuestra identidad en relación con los otros. Necesitamos sus rostros y sus palabras, necesitamos su ayuda y su afecto, incluso la contradicción que puede suponer el hecho de que son siempre “diferentes”.  Más aún, estos días se desvela con claridad que la vida está hecha para darla, para servir a algo más grande que nuestros pequeños intereses y estrechos proyectos, por legítimos que sean.</p>
<p style="text-align: justify;">Las precauciones frente a la pandemia pueden imponernos durante un tiempo nuevos hábitos, seguramente necesarios, pero no suprimirán la nostalgia de un encuentro cara a cara, corazón a corazón.  Las plataformas digitales nos ayudan estos días, bienvenidas sean, pero no pueden sustituir el calor del acuerdo ni la pasión de la discusión.  De esta pandemia deben emerger como gigantes el valor único de la persona singular y la riqueza inestimable de la compañía humana, de la familia, de la comunidad, de la nación. Ojalá que este dolor no sea inútil y a través de sus zozobras salgamos más verdaderamente libres, con una razón más abierta y un afecto más disponible a una obra común.</p>
<p style="text-align: justify;">Un filósofo agnóstico, Jürgen Habermas, ha dicho que la reconstrucción debe partir del núcleo universalista de la ética cristiana del amor. No es mero atrevimiento, ni evasión, colocar esta palabra en el centro de nuestra mirada hacia el futuro. Por el contrario, ninguna tiene su potencia regeneradora y constructiva.</p>
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		<title>La hambruna recordada</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/la-hambruna-recordada/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Mar 2021 19:08:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Las revoluciones del siglo XX tienen algo en común con sus mutaciones populistas del XXI: ambas se presentan como «auroras» de la historia cuyo advenimiento implica «costos». Uno de esos «costos» fueron las hambrunas de la URSS. Por Enrique Krauze &#8211; Letraslibres.com Toda revolución debe verse en el espejo de la rusa. En el siglo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><em>Las revoluciones del siglo XX tienen algo en común con sus mutaciones populistas del XXI: ambas se presentan como «auroras» de la historia cuyo advenimiento implica «costos». Uno de esos «costos» fueron las hambrunas de la URSS.</em></strong></p>
<p>Por Enrique Krauze &#8211; Letraslibres.com</p>
<p style="text-align: justify;">Toda revolución debe verse en el espejo de la rusa. En el siglo XX, las revoluciones fueron violentas. En el siglo XXI, sus mutaciones populistas han sido plebiscitarias. Pero se parecen mucho. Se presentan como «auroras» de la historia cuyo advenimiento implica todo tipo de «costos». Los líderes los asumen tranquilamente porque los atribuyen al régimen pasado, a los enemigos presentes o, en última instancia, a las propias víctimas que no comprenden la gran idea, el gran principio, la gran transformación.</p>
<p style="text-align: justify;">Uno de esos «costos» fueron las hambrunas de la URSS. Un tío mío, el doctor Luis Kolteniuk, vivió la primera, de 1921 a 1922. Vivía en un pueblo llamado Zhmerinka, en el centro de Ucrania. Contaba que en varias ocasiones, sin nada que comer, había tenido que irrumpir en terrenos ajenos para ver si encontraba una papa o una cebolla. Otro hecho indeleble de aquel tiempo fue un asalto. Huyó para refugiarse en unos pastizales, pero se extravió. Lo que vio –y con lo que tuvo que convivir solo, por varios días– fue el espectáculo de hombres decapitados, los cuerpos por un lado, las cabezas por otro. Con ayuda de unos vecinos pudo volver a su casa. También los niños pagan «costos».</p>
<p style="text-align: justify;">Para los redentores, la vida humana individual no es importante: lo importante es la ideología y el poder. Lenin escribió: «Un momento como el del hambre y la desesperación es único para crear entre las masas campesinas [&#8230;] una disposición que nos garantice su simpatía o en cualquier caso su neutralidad». En 1919, cuando un profesor escribió a Trotski diciendo que pasaba hambre, el revolucionario le respondió: «Eso no es pasar hambre. Cuando Tito sitió Jerusalén, las madres judías se comían a sus propios hijos. Cuando [&#8230;] las madres de Moscú comiencen a devorar a sus hijos, usted podrá venir a decirme: &#8216;Aquí pasamos hambre'».</p>
<p style="text-align: justify;">La imagen de Saturno devorando a sus hijos inspiraba a los bolcheviques. A nadie más que a Stalin. Para mantener la pureza de la Revolución, antes de modificar su plan quinquenal o dar un margen de libertad a la economía o la política, Stalin propició la gran hambruna de Ucrania. Se llevó a cabo por diversas vías: requisa de cosechas, sellado de las fronteras, aislamiento de los pueblos, prohibición de importaciones. El invierno de 1932 fue inclemente y, al llegar la primavera, el saldo de muerte y desolación fue atroz.</p>
<p style="text-align: justify;">La prensa internacional ocultó la noticia. El corresponsal de The New York Times estaba en la nómina soviética. Poco tiempo después, Vicente Lombardo Toledano, famoso intelectual mexicano de izquierda, visitó la URSS y escribió que el régimen había acertado en «no darles a los campesinos iguales derechos que a los obreros», no solo porque estos «ya tenían conciencia de clase» sino porque los obreros, no los campesinos, se habían echado a cuestas «la responsabilidad de crear un nuevo régimen en la historia». Según Lombardo, en Ucrania los campesinos individualistas habían sido responsables de su propio desastre pero finalmente habían «digerido la doctrina» y celebraban el éxito de la colectivización: «las trojes llenas de trigo, los pies con buenos zapatos, la mesa llena de alimentos sanos y frescos&#8230;».</p>
<p style="text-align: justify;">Orwell registra la hambruna en sus ensayos, pero pasaron las décadas sin que nadie, excepto los ucranianos, conservara memoria de los hechos. ¿Cuántos millones de campesinos murieron? En 1986, Robert Conquest publicó The harvest of sorrow, obra pionera sobre la hambruna. Sin acceso a los archivos secretos soviéticos y basado en testimonios y datos censales, calculó el número de muertos en cinco millones. Estudios más recientes elaborados a partir de esos archivos reducen la cifra a 3.3 millones. En estos últimos años han salido a la luz varios libros, documentales y películas sobre el Holodomor (que significa «matar de hambre», en ucraniano).</p>
<p style="text-align: justify;">Cuatro lecciones se desprenden de ese episodio del siglo XX. La primera es el irreductible fanatismo de los líderes que no tienen empacho en sacrificar a las personas concretas en el altar de las ideas abstractas. La segunda es la criminal complicidad de los intelectuales dogmáticos. La tercera es la evidencia de que, tarde o temprano, la verdad se abre paso: Stalin mató a sus críticos pero es él quien habita el infierno de la historia. La cuarta es la misteriosa fuerza que nace del dolor: aquel niño perdido encontró su vocación en los pastizales de Ucrania. Mi tío Luis trabajó toda su vida como médico en el Instituto Mexicano del Seguro Social.</p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>Sí, gracias</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/si-gracias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Mar 2021 22:40:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Juan Serrano * Pareciera, a simple vista, que nos encontramos en una situación precaria a muchos niveles. Parece que el mundo, tal como lo habíamos conocido, amenaza con desmoronarse; económicamente el futuro es incierto, la «nueva normalidad» nunca llega y no estamos más unidos que hace un año. Entre otras cosas, porque nos faltan [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Juan Serrano *</p>
<p style="text-align: justify;">Pareciera, a simple vista, que nos encontramos en una situación precaria a muchos niveles. Parece que el mundo, tal como lo habíamos conocido, amenaza con desmoronarse; económicamente el futuro es incierto, la «nueva normalidad» nunca llega y no estamos más unidos que hace un año. Entre otras cosas, porque nos faltan muchos que el virus se ha llevado por delante.</p>
<p style="text-align: justify;">Leía hace algún tiempo un artículo de Félix de Azúa en el que expresaba el tedio ante esta precariedad que ya no nos sorprende: es ya imposible que suceda lo inesperado, venía a decir. O lo que es lo mismo: no hay a la vista posibilidad de salvación y por lo tanto la postura adecuada, la que menos sufrimiento conlleva, es la aceptación del aburrimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">Y sin embargo, por más precaria y aparentemente tediosa que sea nuestra vida, hay algo extraño en nuestra naturaleza que, en el fondo, se rebela contra el casi evidente eterno retorno de lo mismo. No negaremos que es fuente de frustración este querer escapar, y de dolor ­­­y sufrimiento. Sin embargo, por más que nos digamos después de la última colleja que nos da la vida que no hay esperanza, no nos lo creemos. Al menos existe dentro de nosotros una exigencia, más nuestra que nuestras palabras, que no se conforma. Ante todo el mal que nos rodea se manifiesta esta voz que quiere lo inalcanzable. Aunque tratemos de esconderla y amordazarla, acaba volviendo.</p>
<p style="text-align: justify;">Siendo esto así, ¿qué se nos pide? ¿Existe una postura que sea justa y que mantenga en pie esta exigencia y que, al mismo tiempo, no renuncie a la experiencia del tedio y a la imposibilidad de alcanzar una respuesta?</p>
<p style="text-align: justify;">Un modo de estar delante de toda nuestra realidad que no negara de antemano ningún factor sería sin duda la postura más adecuada, la más humana.</p>
<p style="text-align: justify;">Para que sea posible vivir así es necesario en primer lugar la conciencia clara de que no nos damos la vida a nosotros mismos. A ningún nivel. Ahondar y, por así decir, abrazar la precariedad. No solo la del mundo que nos circunda sino la nuestra propia: nuestra salvación no depende en último término de nosotros sino de que suceda, como sabía Félix de Azúa, algo inesperado que nos sacuda, nos despierte y nos ponga en marcha. Pero no basta que suceda sino que nos tenemos que dar cuenta. Es necesario, por tanto, estar atentos.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo sabemos que no basta reconocer el bien para realizarlo ni percibir la belleza para correr detrás de ella. En nosotros y en nuestro precario mundo encontramos una especie de resistencia extraña a seguir lo justo y lo verdadero. Quizá porque seguimos empeñados en que nadie nos salve. La cura a esta tozudez es ser sencillos, como los niños. Y para ser sencillo es condición indispensable el agradecimiento, que no es otra cosa que aceptar lo que se nos da gratis. Quizá sea lo más difícil: decir “sí, gracias”.</p>
<p style="text-align: justify;">Recordar -volver a pasar por el corazón- las situaciones y los momentos de nuestra vida en los que ha sucedido algo inesperado que hemos percibido como un regalo inmerecido pero que nos han llenado de alegría quizá nos sitúe en el punto de partida adecuado. Lo mejor que tenemos no es nunca un pago, es siempre don. Nuestra precariedad es entonces lo opuesto a un impedimento: la conciencia de nuestra incapacidad es la condición de posibilidad para reconocer lo inesperado y seguirlo llenos de alegría y agradecimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">El cristianismo ha entendido esto y lo ha llamado Cuaresma. Ayuno que despierta y pone en guardia, limosna que profundiza en la conciencia de nuestra precariedad y oración que hace memoria de los dones maravillosos en nuestra vida. Atención, sencillez y memoria.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestra incapacidad, bien mirada, es un motivo para la esperanza. Es la única posibilidad de salvación.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Juan Serrano Vicente es licenciado en Teología y bachiller en Filosofía por la Universidad San Damáso de Madrid, máster en Humanidades por la UFV. Es doctor en Humanidades, profesor de Formación Humanística e investigador en la UFV.</em></p>
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		<title>Yuval Noah Harari: qué aprendimos en un año de pandemia</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/yuval-noah-harari-que-aprendimos-en-un-ano-de-pandemia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Mar 2021 21:37:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[En cuestión de meses se identificó al coronavirus y se encontraron vacunas eficaces pero la política no estuvo a la altura de la ciencia. Y eso pone en riesgo el porvenir inmediato: «En tanto el virus se siga diseminando, ningún país puede sentirse seguro de verdad», escribió el autor de «Sapiens»  Si la pandemia de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>En cuestión de meses se identificó al coronavirus y se encontraron vacunas eficaces pero la política no estuvo a la altura de la ciencia. Y eso pone en riesgo el porvenir inmediato: «En tanto el virus se siga diseminando, ningún país puede sentirse seguro de verdad», escribió el autor de «Sapiens»</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em> </em>Si la pandemia de COVID-19 no mengua en 2021 y continúa matando a millones, no será porque en la eterna guerra entre los patógenos y la humanidad triunfe la naturaleza irrefrenable: “Será un fracaso humano y, más precisamente, un fracaso político”, advirtió Yuval Noah Harari, el historiador y filósofo israelí, autor de Sapiens: De animales a dioses.</p>
<p style="text-align: justify;">A un año de la crisis del coronavirus evaluó que, dado que hoy existen “el conocimiento y las herramientas necesarias para prevenir que un nuevo patógeno se disperse y cree una pandemia”, si se siguen perdiendo vidas y destruyendo economías, o si el SARS-CoV-2 se convierte en el comienzo de una ola de nuevas epidemias, sería solo una muestra del despeñadero político. Porque la ciencia está, a diferencia de lo que sucedió en la peste negra e incluso en la gripe de 1918. Y hoy los humanos tienen incluso un mundo virtual donde refugiarse del patógeno.</p>
<p style="text-align: justify;">Si algo falla, entonces, no habrá otra responsable que la propia humanidad.</p>
<p style="text-align: justify;">En un artículo para el Financial Times, el best seller de Homo Deus: Breve historia del mañana y 21 lecciones para el siglo XXI resumió, desde una perspectiva histórica amplia, el primer año del COVID-19, y observó una diferencia enorme en comparación con el pasado: “2020 mostró que la humanidad está lejos de ser indefensa. Las epidemias ya no son fuerzas incontrolables de la naturaleza. La ciencia las ha convertido en un desafío manejable”.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces, ¿por qué más de 2,5 millones de muertos en el mundo? ¿Por qué economías enteras colapsadas y hasta países cerrados?</p>
<p style="padding-left: 160px; text-align: justify;"><strong><em>“Por malas decisiones políticas”, escribió, sin ambages, Harari.</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Durante la primera ola de la peste negra, cuando murió la tercera parte de la población de Inglaterra, nadie pensó que Eduardo III debía haberlo impedido, porque los humanos no tenían idea de qué causaba la enfermedad, ni cómo se la podía detener. Era una calamidad natural, acaso la ira de dios, pero ciertamente no estaba en las manos de un monarca. Durante la gripe de 1918, aun con los avances de la ciencia, las mentes más brillantes del mundo no pudieron identificar al virus, y por lo tanto muchas de las medidas que se tomaron no sirvieron y no hubo manera de encontrar una vacuna, pues se la buscaba a tientas.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta vez, en cambio, la experiencia fue radicalmente distinta.</p>
<p style="text-align: justify;">“Las primeras alarmas sobre una potencial epidemia nueva comenzaron a sonar a finales de diciembre de 2019. El 10 de enero de 2020 los científicos no sólo habían aislado al virus responsable sino que habían hecho la secuencia de su genoma y habían publicado la información en línea”, recordó Harari la cronología del SARS-CoV-2. “En unos pocos meses se volvió claro qué medidas podrían demorar y detener las cadenas de infección. En menos de un año había producción masiva de varias vacunas efectivas. En la guerra entre los humanos y los patógenos, nunca los humanos habían sido tan poderosos”.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>2020 no fue un desastre: todo esto salió bien</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;">Más allá de la biotecnología, muchos otros progresos permitieron que las sociedades no colapsaran como en un apocalipsis o cayeran en la hambruna. En primer plano, destacó Harari, están las tecnologías de la información.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1918 se podía poner en cuarentena a todos los que mostraban síntomas, pero no se podía rastrear a los presintomáticos ni a los asintomáticos, lo cual contribuyó a socavar el éxito del aislamiento, y la gripe siguió progresando. “Al contrario, en 2020 la vigilancia digital facilitó mucho el seguimiento y la localización de los vectores de la enfermedad, con lo que la cuarentena pudo ser más selectiva y eficaz”, argumentó.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo más importante del aporte tecnológico fue que internet permitió —al menos en los países desarrollados— un confinamiento prolongado sin que colapsaran ni el mundo material ni el virtual.</p>
<p style="text-align: justify;">Si durante milenios la producción agrícola dependió de las manos humanas, hoy sólo el 1,5% de la población de Estados Unidos trabaja en el campo, comparó Harari. Con eso se alimenta a los 331 millones de habitantes y también se exporta comida. La razón es tecnológica: “Casi toda la labor agrícola está hecha por máquinas, que son inmunes a las enfermedades. Por ende el confinamiento tuvo sólo un pequeño impacto en la agricultura”.</p>
<p style="text-align: justify;">Algo similar sucede con el transporte, tanto de alimentos como de otros bienes. Si la peste negra pasó por la ruta de la seda desde Asia a Medio Oriente, y de ahí en barcos a Europa, fue por la necesidad de mano de obra humana en esos procesos. En cambio, el comercio mundial en 2020 funcionó más o menos tersamente porque pocos hombres trabajan en él.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Hubo crisis del papel higiénico en los Estados Unidos? La gente compró entonces en línea y sus rollos llegaron en cajas con formularios postales de China, producidos, empacados y transportados por máquinas.</p>
<p style="text-align: justify;">En el siglo XVI la entera flota mercante de Inglaterra podía transportar 68.000 toneladas de bienes con 16.000 tripulantes. Hoy un solo barco de Hong Kong puede llevar casi 200.000 toneladas con un equipo de 22 personas. La única industria de transporte que colapsó fue la que se ocupa del movimiento de humanos: la aviación comercial y el turismo. El volumen de comercio marítimo global perdió sólo un 4%, ilustró Harari.</p>
<p style="text-align: justify;">Acaso un abogado se presentó con un filtro de gatito a una video audiencia ante los tribunales: hubo inconvenientes como ese, reconoció el pensador. Pero la justicia se siguió administrando.</p>
<p style="text-align: justify;">La humanidad se retiró al mundo virtual, porque el mundo material era inhabitable hasta el control del virus letal, y mucho de la vida continuó de manera digital. E internet no colapsó, a diferencia de lo que hubiera sucedido si de pronto el tránsito sobre un puente físico se multiplicara monstruosamente. En la trinchera quedaron médicos y enfermeros, trabajadores esenciales del comercio minorista y de la seguridad, y los repartidores que se convirtieron en “la delgada línea roja que mantuvo viva la civilización”, como los calificó Harari.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Por qué las políticas públicas resultaron tan ineficaces?</p>
<p style="text-align: justify;">Con todo, el año del COVID-19 expuso una limitación del poder científico y tecnológico: ninguno tiene el alcance para reemplazar a la política. “A la hora de decidir una política pública, tenemos que tomar en cuenta muchos intereses y valores, y dado que no hay una manera científica de determinar cuáles intereses y valores son más importantes, no hay una manera científica de decidir qué deberíamos hacer”, planteó el artículo.</p>
<p style="text-align: justify;">“Por ejemplo, al decidir si se impone un confinamiento no alcanza con preguntar: ‘¿Cuánta gente se enfermará de COVID-19 si no imponemos el confinamiento?’. También deberíamos preguntar: ‘¿Cuánta gente sufrirá depresión si imponemos el confinamiento? ¿Cuánta gente recibirá una mala nutrición? ¿Cuántos se quedarán sin escuela o perderán sus trabajos? ¿Cuántos serán golpeados o asesinados por sus parejas?’”.</p>
<p style="text-align: justify;">Haber contado con las herramientas científicas para enfrentar el coronavirus fue solo una parte de la ecuación, porque las medidas como el distanciamiento social generaron un alto costo económico y emocional. Eso fue un peso accesorio a la carga que la pandemia puso sobre los hombros de los dirigentes mundiales.</p>
<p style="text-align: justify;">“Lamentablemente, demasiados políticos no han estado a la altura de esta responsabilidad”, evaluó Harari.</p>
<p style="text-align: justify;">“Por ejemplo, los presidentes populistas de los Estados Unidos y de Brasil minimizaron el peligro, se negaron a hacer caso a los expertos y en cambio impulsaron teorías conspirativas”, ilustró. “No crearon un plan de acción federal sensato y sabotearon los intentos por detener la pandemia de las autoridades de los estados y los municipios. La negligencia y la irresponsabilidad de los gobiernos de [Donald] Trump y [Jair] Bolsonaro han provocado cientos de miles de muertes evitables”.</p>
<p style="text-align: justify;">La principal diferencia entre el éxito científico y el fracaso político que señaló el autor de Sapiens es la cooperación. Mientras que los científicos del mundo compartieron información libremente y trabajaron juntos en beneficio de la investigación en general, “los políticos no consiguieron crear una alianza internacional contra el virus y acordar un plan global”.</p>
<p style="text-align: justify;">Así, los primeros meses de 2020 se parecieron a “mirar un accidente en cámara lenta”: la ola de contagios y muertes avanzó desde Asia hasta Europa y luego a América, sin que una coordinación global de liderazgos impidiera que la catástrofe se tragara al mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">“Las dos potencias principales, Estados Unidos y China, se acusaron mutuamente de ocultar información vital, diseminar desinformación y teorías conspirativas e incluso de haber diseminado el virus deliberadamente”, recordó. La batalla simbólica dejó bajas en campos materiales tan sensibles como el equipamiento médico: “No se hicieron esfuerzos serios para reunir todos los recursos disponibles, optimizar la producción global y asegurar una distribución equitativa de los suministros”.</p>
<p style="text-align: justify;">En particular, se detuvo Harari, “el ‘nacionalismo de la vacuna’ crea una nueva clase de desigualdad global entre los países que pueden vacunar a su población y los que no”.</p>
<p style="text-align: justify;">Eso representa un destilado del error político, porque revela que los dirigentes globales no comprenden un hecho elemental de la pandemia: “En tanto el virus se siga diseminando en cualquier lugar, ningún país puede sentirse seguro de verdad. Supongamos que Israel o el Reino Unido tienen éxito y erradican el virus dentro de sus fronteras, pero el virus se sigue expandiendo entre cientos de millones de personas en la India, Brasil o Sudáfrica. Una nueva mutación de algún remoto pueblo brasileño podría volver ineficaz la vacuna, y ocasionar una nueva ola de infecciones”.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-size: 14pt;">El peligro de una dictadura digital</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;">A pesar del papel positivo que las tecnologías de la información han jugado durante la pandemia, tienen también un lado B. “La digitalización y la vigilancia ponen en peligro nuestra privacidad y allanan el camino para el surgimiento de regímenes totalitarios sin precedentes”, advirtió el pensador israelí. “En 2020 la vigilancia masiva se ha vuelto a la vez más legitimada y más común. Combatir la epidemia es importante, pero ¿amerita la destrucción de nuestra libertad en el proceso? Corresponde a los políticos, más que a los ingenieros, hallar el equilibrio adecuado entre la vigilancia útil y las pesadillas distópicas”.</p>
<p style="text-align: justify;">Propuso algunas reglas básicas que, aun en tiempos de plaga, son eficaces para proteger a los individuos de lo que llamó “dictaduras digitales”. La primera: los datos personales que se puedan recabar, en particular sobre lo que sucede dentro del cuerpo de alguien, se deberían usar para ayudar a esa persona y no para manipularla, controlarla o hacerle daño.</p>
<p style="text-align: justify;">“Mi médico personal conoce muchas cosas en extremo privadas sobre mí. No tengo inconvenientes con que así sea porque confío en que él use esta información en mi beneficio”, dio como ejemplo Harari. “Mi médico no debería vender estos datos a ninguna corporación o partido político. Lo mismo debería suceder con cualquier clase de ‘autoridad de vigilancia de la pandemia’ que pudiéramos establecer”.</p>
<p style="text-align: justify;">La segunda regla básica es que siempre la vigilancia debería ser de doble vía. “Si la vigilancia solo va desde arriba hacia abajo, es el mejor camino hacia la dictadura. Así que cuando se incrementa la vigilancia de los individuos simultáneamente se debería incrementar la vigilancia del gobierno y las grandes corporaciones”, argumentó.</p>
<p style="text-align: justify;">“Si el gobierno dice que es demasiado complicado establecer un modelo de monitoreo semejante en plena pandemia, no le creas. Si no es muy complicado comenzar a monitorear lo que tú haces, no es demasiado complicado comenzar a monitorear lo que hace el gobierno”. Eso incluye, dio como ejemplo, la necesidad de transparencia en la distribución de fondos públicos para paliar la crisis.</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca hay que permitir la concentración de demasiados datos en un solo lugar, continuó. “Ni durante la pandemia ni cuando termine”, subrayó. “Un monopolio de datos es la fórmula para una dictadura. Si recolectamos datos biométricos de la gente para detener la pandemia, esto se debería hacer mediante una autoridad sanitaria independiente, no mediante la policía. Y los datos que se obtengan se deberían mantener separados de otros silos de información de los ministerios gubernamentales y las grandes corporaciones”.</p>
<p style="text-align: justify;">Harari se adelantó a las críticas: eso podría generar redundancias e ineficacia, reconoció. Pero mantener un poco de ineficacia le pareció un precio razonable a pagar para impedir el ascenso de una dictadura digital.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>Las tres lecciones que dejó un año de pandemia</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;">Así como todavía se habla de la gripe de 1918, y se la estudia como pandemia, el caso del COVID-19 va a reverberar en las conversaciones y la investigación de los años por venir. Pero aun tan temprano, con el coronavirus aun rampante, y más allá de las diferencias en las perspectivas políticas, la experiencia de 2020 ha dejado ya tres lecciones de importancia, concluyó el artículo del pensador detrás de Sapiens.</p>
<p style="text-align: justify;">“Primero, debemos salvaguardar nuestra infraestructura digital”, afirmó. “Ha sido nuestra salvación durante esta pandemia, pero pronto podría ser la fuente de un desastre aun peor”.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cómo sería eso posible? En su opinión, cuando se hacen estimaciones para prever o prepararse para la pandemia que siga, habría que pensar en un ataque a la red tecnológica global, porque es “la principal candidata” a ser “el próximo COVID-19″.</p>
<p style="text-align: justify;">La informatización permitió que la humanidad resistiera en distintos planeos al ataque material del SARS-CoV-2, pero “también nos volvió más vulnerables al malware y la ciber guerra”, explicó. “Al coronavirus le llevó varios meses diseminarse por el mundo e infectar a millones de personas. Nuestra infraestructura digital podría colapsar en un solo día”.</p>
<p style="text-align: justify;">En segundo lugar —continuó— “cada país debería invertir más en su sistema de salud pública”. Puede parecer una verdad de perogrullo, reconoció, “pero los políticos y los votantes a veces logran ignorar las lecciones más obvias”.</p>
<p style="text-align: justify;">Por último, sería conveniente establecer “un poderoso sistema global para monitorear y prevenir las pandemias”, agregó. “En la guerra inmemorial entre los humanos y los patógenos, el frente recorre el cuerpo de todos y cada uno de los seres humanos. Si esta línea se traspasa en cualquier lugar del planeta, nos pone a todos en peligro”. De ahí que “aun la gente más rica en los países más desarrollados tiene un interés personal en proteger a la gente más pobre en los países menos desarrollados. Si un nuevo virus pasa de un murciélago a un humano en un villorrio pobre de una selva remota, en poso días ese virus se puede dar una vuelta por Wall Street”.</p>
<p style="text-align: justify;">La estructura desnuda de un sistema anti plaga como ese existe, conformada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y varias otras instituciones sanitarias globales. Pero sus recursos económicos son comparables a su impacto político: más que escasos. ”Tenemos que darle a este sistema algo de peso político y mucho más dinero, de manera tal que no dependa completamente de los caprichos de dirigentes autocomplacientes”, aludió a varios casos que se evidenciaron en 2020.</p>
<p style="text-align: justify;">No les corresponde a ellos, porque son expertos y no autoridades elegidas por el voto popular, tomar decisiones sobre políticas de salud. “Eso debería seguir siendo prerrogativa de los políticos”, concluyó. “Pero alguna clase de autoridad sanitaria global independientes sería la plataforma ideal para recopilar información médica, monitorear riesgos potenciales, hacer advertencias y dirigir la investigación y el desarrollo”.</p>
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		<title>Habitar la propia vida: el espacio, las personas, el presente</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/02/habitar-la-propia-vida-el-espacio-las-personas-el-presente/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Feb 2021 13:13:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[por David García Díaz El ser humano es por naturaleza un ser que habita, un ser que transforma la realidad no solo con el fin de obtener cosas útiles, sino con el afán de dejar su huella en el mundo, de dejar algo de sí mismo en la realidad. Allá donde moramos dejamos huella, imprimimos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>por David García Díaz</p>
<p style="text-align: justify;">El ser humano es por naturaleza un ser que habita, un ser que transforma la realidad no solo con el fin de obtener cosas útiles, sino con el afán de dejar su huella en el mundo, de dejar algo de sí mismo en la realidad. Allá donde moramos dejamos huella, imprimimos algo de quiénes somos en la realidad, la hacemos nuestra, nos pertenece a la par que le pertenecemos a ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Y esto que pasa con los lugares y con las cosas pasa aún más si cabe con las personas. Recuerden sino el pasaje de «El Principito» en el que el zorro pide al pequeño príncipe que le domestique, que le habite y que se deje habitar por él. Desde ese momento la realidad y la propia vida quedan transfiguradas por la presencia de alguien al que estoy ligado, alguien que saca mi vida de la monotonía, alguien que la dota de sentido. «Y amaré el ruido del viento en el trigo porque me recordará a tus dorados cabellos», dice el zorro.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde el momento que habitamos en alguien, que nos dejamos domesticar, ya no podemos entendernos más sin la presencia del otro. Le pertenecemos y, de algún modo, el otro también nos pertenece. Como dirían los versos del poeta Mario Benedetti:</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 160px;"><span style="font-size: 14pt;"><em>«Tú no eres ésa, yo no soy ése; ésos, los que fuimos antes de ser nosotros. Eras, sí, pero ahora suenas un poco a mí. Era, sí, pero ahora vengo un poco a ti. No demasiado, solamente un toque, acaso un leve rasgo familiar, pero que fuerce a todos a abarcarnos a ti y a mí cuando nos piensen solos».</em></span></p>
<p style="text-align: justify;">Uno de los descubrimientos que he realizado este año pandémico es precisamente este: que necesito de los otros, que no me entiendo sin ellos, que, lejos del falso relato de la independencia y de la construcción de uno mismo, debo reconocer que soy vulnerable y que no me basto para darme la felicidad a mí mismo, que si quiero ser feliz y pleno necesito de los demás. Y no es algo que no conociera, ya lo sabía, pero ahora que he hecho experiencia de ello soy capaz de reconocerlo. Digamos que esta verdad tiene en mí ahora una relevancia existencial que hace tan solo unos meses no tenía.</p>
<p style="text-align: justify;">Reconozco que necesito a mi mujer con quien comparto la vida a diario, reconozco que necesito los besos de mi madre y los abrazos de mi padre a los que estuve sin poder ver durante casi 5 meses y con los que no pude celebrar por primera vez en mi vida mi cumpleaños, reconozco que necesito a mis amigos con los que disfruto y crezco en tantos ámbitos de mi vida, reconozco que necesito a mis hermanas que fueron a las primeras personas que vi después del confinamiento, reconozco que necesito a mi abuelo que falleció apenas un mes después de que pudiéramos celebrar juntos mi boda hace un año y reconozco que los necesito, porque sin ustedes mi vocación como maestro no es tal. Después de varios meses dando clase desde el sofá de mi salón vuelvo a estar con ustedes aquí, juntos, haciendo universidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Una parte de mí habita en todos ellos, en ustedes, y parte de ellos o de ustedes también habita en mí. Como sin quererlo, quizá sin saberlo, me he dejado domesticar. Pero, esto que cuento no ha sido mi único aprendizaje, estos meses he reconocido algunas cosas más que ya creía saber, pero ahora las he hecho experiencia.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El valor del tiempo</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Por ejemplo, ahora reconozco mucho más que antes el valor de mi tiempo. Si se paran a pensarlo un momento la vida se mide en unidades de tiempo (mi amiga tiene un bebe de 20 días, tengo 32 años, le quedan unos meses de vida…). Por tanto, a aquello a lo que dedicamos el tiempo le estamos dedicando la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">A veces vivimos, o al menos eso me pasaba a mí y a veces me sigue pasando, una paradoja con difícil solución en relación a nuestro tiempo: por un lado, vivimos angustiados porque no nos da la vida para más, parecemos el conejo de Alicia que mientras mira el reloj va corriendo de un lado para otro. Queriendo llegar a todas partes, no estamos verdaderamente presentes en ninguna. Por otro lado, a veces vivimos como si pensáramos que la vida no se va a acabar nunca, que lo de morirse no va con nosotros, que tenemos todo el tiempo del mundo y que por tanto podemos arrojar el tiempo, y con él la vida, por la borda, como si nos sobrara. Y derrochamos un montón de horas en cosas que no merecen la pena.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cuántas veces me veo agobiado durante el curso deseando que llegue el verano para poder disfrutar de ese montón de cosas que al final no llego a hacer nunca? ¿Cuántos días me veo durante mis vacaciones tirado en el sofá matando el tiempo en las redes sociales, viendo vídeos en YouTube o jugando a juegos en el móvil, yo solo, que son «matatiempos», sin terminar de disfrutar y tampoco de descansar? ¿Quién no ha tenido alguna vez esa experiencia de no haber aprovechado el verano y que empieza el curso más cansado, triste y vacío de lo que estaba antes de irse de vacaciones? ¿Quién no tiene la sensación de no haber aprovechado el curso? Un curso más…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Vivimos presentes ausentes</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La calidad de nuestra vida se mide en función de las cosas a las que le dedicamos nuestro tiempo. La realidad es que los dos polos de esta paradoja que acabo de contarles comparten al menos una cosa, tienen al menos algo en común: <em>vivimos presentes ausentes</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Es decir, que estamos, pero no estamos; o por mejor decir que no estamos a lo que estamos. Piensen sino en algunas de esas clases, videollamadas o reuniones online en las que estamos a todo salvo a lo que está pasando en ese momento delante de nosotros. Por no hablar de las conversaciones durante las cenas en las que estamos más pendientes del WhatsApp y del Instagram que de compartir tiempo con los que estamos sentados a la mesa (para luego, cuando no estamos con ellos, estar hablando con ellos por WhatsApp).</p>
<p style="text-align: justify;">Durante este confinamiento he podido reconocer que no valoramos suficiente el presente. Al menos a mí me ocurre. A veces vivimos demasiado preocupados por lo que está por llegar, preocupados por cosas por las que todavía no podemos ocuparnos, otras veces vivimos anclados en el pasado, dando vueltas a si las cosas podrían haber sido de otra manera. No quiero decir que el pasado y el futuro no sean tiempos valiosos, son valiosísimos. Tanto, que solo puedo comprenderme bien si hago memoria de vida y reconozco todo lo que me ha sido dado y si vivo en tensión hacia el futuro que orienta y da sentido a mi existencia. Pero estos dos tiempos solamente adquieren su pleno sentido si valoramos suficientemente el tiempo presente.</p>
<p style="text-align: justify;">El presente es el único tiempo del que somos dueños, pues es el tiempo que nos es dado, en el que vivimos, actuamos y tomamos decisiones, en el que aprovechamos o malogramos nuestra existencia. El presente, como su propio nombre indica, es un regalo que nos es dado y que nos es dado en cada instante. Es un regalo que ofrecemos a los otros cada instante. El presente es el tiempo del disfrute, pues es el momento de sacar todo el jugo a lo que se vive; el presente es el tiempo de la esperanza, pues la esperanza que nos habla del bien futuro solo surge si reconozco aquí y ahora un bien que me sostiene en la promesa de un bien mayor. Es también el tiempo del recuerdo de volver a pasar por el corazón lo vivido, y de reconocer aquí y ahora que he sido y soy querido.</p>
<p style="text-align: justify;">Solamente desde el reconocimiento del valor del presente puedo reconocer el valor de estar presente, algo que ya sabía, pero ahora que lo he hecho experiencia lo puedo reconocer.</p>
<p style="text-align: justify;">He reconocido el valor que tiene acompañar a los pies de la cama a mi abuelo moribundo, aunque no pudiera hablar con él ni hacer nada más que cogerle de la mano, he reconocido el valor que tiene escuchar atentamente a mi mujer hablar de problemas que yo no le puedo solucionar, he reconocido que no es lo mismo estar sentado a la mesa con mi familia ausente pensando en mis cosas que estar presente, aunque en la conversación no tenga nada que aportar. Y esto tiene sentido, y por eso estoy aquí, dedicándoos esta tarde, porque a quiénes les estamos dedicando el tiempo, les estamos dedicando la vida.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La libertad desde el límite y desde el confinamiento</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Por último, aunque lo que voy a contar hoy no es lo único que he podido reconocer durante estos últimos meses, ahora valoro mucho más mi libertad.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizá alguno de ustedes piense que esto se debe a que antes vivía acostumbrado a poder hacer todo lo que quisiera, sobre todo antes de casarme, y que debido a las restricciones que hemos tenido por la crisis sanitaria ahora valoro más volver a poder hacer algunas de las cosas que antes hacíamos normalmente pero que no podíamos hacer tan solo unos meses atrás. Es verdad que esto me ha pasado y que a veces uno es capaz de reconocer mejor un bien cuando es privado de él, pero esto no es algo que no me hubiera pasado ya antes del confinamiento</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que he podido reconocer, aunque creía ya saberlo, es aquello que afirma Victor Frankl en El hombre en busca de sentido que dice así:</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 160px;"><span style="font-size: 14pt;"><em>«Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino».</em></span></p>
<p style="text-align: justify;">Las mayores experiencias de libertad no las he experimentado cuando nos han vuelto a dejar hacer muchas de las cosas que hacíamos antes del confinamiento sino cuando se nos había privado de ellas.</p>
<p style="text-align: justify;">Aristóteles en su Ética a Nicómaco decía:</p>
<p style="text-align: justify; padding-left: 160px;"><span style="font-size: 14pt;">«¿Cuál es el bien supremo entre todos los que pueden realizarse? Sobre su nombre, casi todo el mundo está de acuerdo, pues tanto el vulgo como los cultos dicen que es la felicidad, y piensan que vivir bien y obrar bien es lo mismo que ser feliz».</span></p>
<p style="text-align: justify;">Si realizáramos una sencilla indagación existencial reconoceríamos de manera muy sencilla que aquellas cosas que nos hacen verdaderamente felices son aquellas cosas que nos perfeccionan, que nos hacen crecer, que nos realizan… en el fondo son aquellas cosas que orientan la vida hacia su plenitud.</p>
<p style="text-align: justify;">Además, reconoceríamos que lo que nos hace plenos no lo elegimos nosotros, sino que hay cosas que elegimos que nos hacen crecer y otras cosas que nos destruyen o nos abajan. ¿Pero qué tiene todo esto que ver con la libertad?</p>
<p style="text-align: justify;">A veces queriendo ensalzar y entender la libertad como un absoluto desnaturalizamos la libertad pues olvidamos que el que es libre es el ser humano y que la libertad solamente tiene sentido con relación al fin del ser humano. A veces pensamos que la libertad es poder hacer lo que queramos, sin restricciones, sin limitaciones, sin atender a ningún criterio más que al mío propio.</p>
<p style="text-align: justify;">Si atendemos a nuestra experiencia debemos reconocer que la libertad así entendida es autodestructiva pues muchas veces acabamos siendo esclavos de las decisiones que tomamos en aras de una supuesta libertad mal entendida y peor vivida pues, ¿de qué sirve una libertad que no me hace vivir mejor? ¿De qué sirve una libertad que no orienta mi vida a la plenitud y a la felicidad? Desde esta perspectiva, parece que las circunstancias adversas, las normas o los demás son una limitación para nuestra libertad cuando no nos dejan hacer lo que nosotros queremos.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante estos últimos meses he tenido que reconocer, aunque ya creía saberlo, que esto no es verdad o al menos que es verdad solamente en unas determinadas circunstancias. He sido capaz de experimentar que uno puede ser libre, aunque las circunstancias sean muy adversas, que el ser humano es capaz de vincularse a la realidad y a los otros en función de aquello que es bueno sean cuales fueren las circunstancias que le haya tocado vivir.</p>
<p style="text-align: justify;">Hemos visto que ante las mismas circunstancias algunos se han visto atenazados por el miedo, se han encerrado, se han aislado y queriendo conservar la vida no han sido capaces de vivir la vida bien. Otros sin embargo han elegido salir de sí mismos para buscar el bien que estaba en su mano, no porque fueran inconscientes sino porque algo fuera de ellos les obligaba a responder a la necesidad del otro. Y yo aquí debo reconocer que me gustaría vivir el resto de mi vida como lo han vivido los segundos y no como los primeros. Que quiero vivir mi libertad no como el que es esclavo de sus decisiones sino como el que vive la responsabilidad como una liberación.</p>
<p style="text-align: justify;">Estos meses hemos visto a comunidades de vecinos que no pudiendo salir de sus casas han decidido salir a los balcones para cantar juntos, jugar al bingo o dar clases de zumba en la terraza, que han ido a hacer la compra a los más mayores para que no tuvieran que salir de casa, a médicos y personal sanitario que han dado la vida por sus pacientes, a empresas y trabajadores que han buscado mil y una formas de seguir ofreciendo un servicio a la sociedad con su trabajo, a trabajadores de las residencias de la tercera edad que han decidido quedarse a vivir allí para poder cuidar a los más vulnerables, a padres que han tenido que teletrabajar y encargarse a tiempo completo de la educación de sus hijos, a maestras de escuela que han buscado todo tipo de soluciones creativas para poder seguir educando a los más pequeños en la distancia, a universitarios comprometidos con su formación que han puesto todo lo que estaba en su mano a pesar de las dificultades para ser mejores profesionales el día de mañana.</p>
<p style="text-align: justify;">No pretendo aquí criticar a los que no lo han vivido así, no es cuestión de comparar, lo que trato de decir es que yo quiero vivir el resto de mi vida siendo tan libre como ellos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La libertad es la capacidad de comprometerse</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Debo reconocer, por tanto, que la verdadera libertad es la capacidad que tiene el ser humano de vincularse, de responder con la propia vida, a aquello que le hace pleno, a aquello que le hace feliz. La libertad es la capacidad que tiene el ser humano de vivir respondiendo a la propia vocación y de reconocer en ella el sentido de su vida. La libertad es la capacidad de reconocerse y de dejarse abrazar por aquel que le quiere bien, tal y como uno es, en sus heridas y defectos, en sus virtudes y aciertos.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso soy más libre desde que estoy casado, como un niño es más libre y disfruta más de la vida por la presencia de su madre que le quiere.</p>
<p style="text-align: justify;">Por esto, queridos alumnos, este año deseo que se dejen domesticar y que habiten este «Colegio Mayor», que es de ustedes, y esta universidad, que es de ustedes. Les deseo que disfruten el presente y que esten plenamente presentes en todo aquello que la universidad tenga a bien regalarles en este nuevo curso que empieza, que le saquen todo el jugo. Les deseo este nuevo curso que empezamos que sean verdaderamente libres para responder con su vida a aquello que la haga más plenas, para que respondan responsablemente a su vocación primera que no es otra que la de habitar y dejarse habitar, la de dar la vida y hacer de ella una ofrenda permanente.</p>
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		<title>El trágico final del hombre que se negó a saludar a Adolf Hitler: August Landmesser</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/02/el-tragico-final-del-hombre-que-se-nego-a-saludar-a-adolf-hitler-august-landmesser/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Feb 2021 13:38:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace 80 años desapareció el rastro de August Landmesser, el hombre que no saludó a Hitler y se atrevió a casarse con una judía: una historia con finales dramáticos para todos los involucrados. La foto es famosa en el mundo entero. A pesar del paso del tiempo. En ella se ve a miles de personas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Hace 80 años desapareció el rastro de August Landmesser, el hombre que no saludó a Hitler y se atrevió a casarse con una judía: una historia con finales dramáticos para todos los involucrados.</p>
<p style="text-align: justify;">La foto es famosa en el mundo entero. A pesar del paso del tiempo. En ella se ve a miles de personas saludando a Adolf Hitler en la Alemania nazi. Salvo un hombre. Ese hombre se llamaba August Landmesser.</p>
<p style="text-align: justify;">El saludo adoptado por el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán debía ir acompañado del grito de ¡Heil Hitler!</p>
<p style="text-align: justify;">Nadie se negaba a hacerlo. Por convicción o por miedo. Pero Landmesser se negó. Nacido el 24 de mayo de 1910 en Pinneberg, Alemania, el heroico rebelde era trabajador de la empresa Blohm + Voss, en Hamburgo.</p>
<p style="padding-left: 200px;"><strong>El 13 de junio de 1936, Hitler participó en el bautismo de una nueva nave de la Armada alemana. Landmesser se mantuvo de brazos cruzados. Y entró a la historia.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En 1931 se afilió en el Partido Nazi, aunque se cree que lo hizo para conseguir trabajo, ya que la afiliación era recurso esencial para obtener uno.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero en 1933 Landmesser se enamoró. Fue cuando se cruzó con Irma Eckler. Ella también se enamoró perdidamente pero llevaba consigo un estigma para esa época y ese lugar: era judía.</p>
<p style="text-align: justify;">El amor supera todas las barreras y en 1935 la pareja se unió, aunque no legalmente ya que las Leyes de Nuremberg, promulgadas en aquella época impidieron que se casaran.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" class="size-medium wp-image-6377 alignleft" src="https://el-biencomun.net/wp-content/uploads/2021/02/5fa43e8c94634-202x300.jpeg" alt="" width="202" height="300" srcset="https://el-biencomun.net/wp-content/uploads/2021/02/5fa43e8c94634-202x300.jpeg 202w, https://el-biencomun.net/wp-content/uploads/2021/02/5fa43e8c94634.jpeg 544w" sizes="(max-width: 202px) 100vw, 202px" />Landmesser fue expulsado del partido nazi. Al hombre no le importaba. Sólo le interesaban Irma e Ingrid, la hija que ambos tuvieron en octubre de 1935.</p>
<p style="text-align: justify;">El 13 de junio de 1936, el Partido Nazi organizó el bautismo de una nueva nave de la Armada alemana en los astilleros de Blohm + Voss, en Hamburgo. Los obreros asistieron en masa y realizaron el saludo nazi. Salvo Landmesser, que se mantuvo de brazos cruzados. Y entró a la historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta foto se convirtió en un emblema del desafío. Pero fue su certificado de defunción en vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Al año siguiente, en 1937, Landmesser trató de huir de Alemania con su mujer e hija para dirigirse a Dinamarca. Fue detenido en la frontera y otra vez le impusieron las Leyes de Nuremberg, por las cuales fue acusado de “deshonrar a la raza” y de “infamia racial”.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" class="size-medium wp-image-6376 alignright" src="https://el-biencomun.net/wp-content/uploads/2021/02/5fa438b671121-300x220.jpeg" alt="" width="300" height="220" srcset="https://el-biencomun.net/wp-content/uploads/2021/02/5fa438b671121-300x220.jpeg 300w, https://el-biencomun.net/wp-content/uploads/2021/02/5fa438b671121.jpeg 656w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />Un año después, Landmesser fue absuelto, pero obligado a romper su relación con Irma. El hombre no lo aceptó y su valentía le costó que lo enviaran tres años a un campo de concentración.</p>
<p style="text-align: justify;">Irma, que estaba embarazada de él en ese momento, también fue detenida y llevada a un campo de concentración. Allí dio luz a la segunda hija de la pareja. Se llamó Irene. Su papá nunca pudo conocerla.</p>
<p style="text-align: justify;">Irma fue separada de sus hijas y llevada a un campo de exterminio donde fue asesinada.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1941 Landmesser salió en libertad. No sabía donde estaban sus hijas, ni jamás se enteró que su mujer ya había sido asesinada. Pero su dolor no terminó allí. Fue reclutado y enviado al frente. Y nunca más se supo de él.</p>
<p style="text-align: justify;">La historia de la pareja se mantuvo en secreto hasta 1996 en que fue dada a conocer por Irene. La pequeña había sido llevada a un orfanato tras separarla de la madre y más tarde fue adoptada.</p>
<p style="text-align: justify;">Su hermana Ingrid tuvo más suerte. Vivió con su abuela materna.</p>
<p style="text-align: justify;">En el actual 2018, el saludo fascista está prohibido en Alemania y Austria, y quienes utilicen la frase ¡Sieg Heil! (Viva la victoria) pueden ser condenados con hasta 3 años de cárcel. Otro tiempo. Una historia mejor.</p>
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		<title>«La Odisea» de Homero, víctima de la cultura de la cancelación en EE.UU.</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/02/la-odisea-de-homero-victima-de-la-cultura-de-la-cancelacion-en-ee-uu/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 14 Feb 2021 15:34:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Odiseo/Ulises necesitó diez años para volver a Ítaca tras la guerra de Troya. En su odisea a través del Mediterráneo logró sobrevivir a la ira de Poseidón, a los lotófagos, los cíclopes e incluso a los cantos de sirena que se interponían entre él y su amada Penélope. Pero lo que no pudo el héroe [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Odiseo/Ulises necesitó diez años para volver a Ítaca tras la guerra de Troya. En su odisea a través del Mediterráneo logró sobrevivir a la ira de Poseidón, a los lotófagos, los cíclopes e incluso a los cantos de sirena que se interponían entre él y su amada Penélope. Pero lo que no pudo el héroe griego es sobreponerse a la ola de corrección política que domina Estados Unidos y, por infame contagio, al resto de la cultura occidental.</p>
<p style="text-align: justify;">Un colegio de Massachusetts ha retirado de su currículum «La Odisea» y «La Ilíada», atribuidos al poeta Homero, por estar imbuidas, dicen, de valores «pérfidos y venenosos». Las obras de Homero quedan suprimidas, por tanto, del currículum escolar de los alumnos de esta escuela como parte de la campaña emprendida por el movimiento #DisruptTexts, que se autodefine como antirracista en su página web y en su cuenta de Twitter.</p>
<p style="text-align: justify;">«Quiero recordar que este trabajo de disrupción [#DisruptTexts] es un maratón y no un sprint. Sé como Odiseo y abraza el largo camino hacia la liberación (y luego saca «La Odisea» de tu currículo, porque es basura», escribía una profesora afroamericana en Twitter, un tuit apoyado por una segunda maestra (esta blanca, Heather Levine): «¡Ja, ja, ja!, ¡Muy orgullosa de haber eliminado La Odisea del currículum este año!».</p>
<p style="text-align: justify;">La «cultura de la cancelación» es como se denomina un movimiento censor que se ampara en defender los “valores correctos” para pedir la supresión en el currículum educativo de referentes culturales que, a su juicio, fomentan valores patriarcales o racistas. Este movimiento con tantos tentáculos como minorías fue responsable, entre otras muchas ‘hazañas’, de la eliminación de «Lo que el viento de llevó» (1939) del catálogo de HBO o la llamada al boicot de las obras de J.K. Rowling (autora de ‘Harry Potter’) por unas declaraciones supuestamente tránsfobas.</p>
<p style="text-align: justify;">El movimiento #MeToo, primero, y más recientemente, #BlackLivesMatter están detrás de algunos de las más insidiosas campañas de cancelación.</p>
<p style="text-align: justify;">El pasado 7 de julio, 150 intelectuales firmaron una carta publicada por la revista Harper’s en la que reclamaban «El intercambio libre de información e ideas, la columna vertebral de las sociedades liberales, está cada día más restringido».</p>
<p style="text-align: justify;">«Aunque es algo que se espera de la derecha radical, la censura se está expandiendo en nuestra cultura: la intolerancia ante ideas opuestas, la nueva moda de humillar y condenar al ostracismo a figuras públicas y la tendencia a simplificar problemas políticos complejos en una sola verdad moral cegadora».</p>
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		<item>
		<title>«¿Quién es Jesús?»: el caso del maestro francés que fue a juicio por responder a esa pregunta de un alumno de 10 años.</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/02/quien-es-jesus-el-caso-del-maestro-frances-que-fue-a-juicio-por-responder-a-esa-pregunta-de-un-alumno-de-10-anos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 13 Feb 2021 15:12:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Matthieu Faucher es ateo pero no fundamentalista. Tampoco inculto.  Y por ello consideró que era su deber llenar esa laguna de conocimiento: “Enseñé cultura, no catecismo”, dijo.  Aun así, fue denunciado por proselitismo religioso.  Por Claudia Peiró “¿Quién es ese señor que hace gimnasia colgado en una cruz a la entrada del pueblo?” “¿Por qué [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><em>Matthieu Faucher es ateo pero no fundamentalista. Tampoco inculto.  Y por ello consideró que era su deber llenar esa laguna de conocimiento: “Enseñé cultura, no catecismo”, dijo.  Aun así, fue denunciado por proselitismo religioso.</em></span></p>
<p><em> </em>Por Claudia Peiró</p>
<p style="text-align: justify;">“¿Quién es ese señor que hace gimnasia colgado en una cruz a la entrada del pueblo?” “¿Por qué no tenemos clases en Pascua?” “¿Quién es Jesús?”: esas fueron algunas de las preguntas que alumnos de entre 9 y 11 años le hicieron a su maestro, Matthieu Faucher, en una escuela de Malicornay, un pueblo del centro de Francia.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue durante el ciclo escolar 2016-17 y este maestro de 40 años consideró que debía llenar esa laguna de conocimiento desde el punto de vista histórico y no teológico. Incluso, en lo que hace a la Biblia, desde un punto de vista literario, algo que nuestro Borges hubiera entendido muy bien [ver la clase magistral de Julio Crivelli, sobre las claves bíblicas ocultas en la poesía borgiana].</p>
<p style="text-align: justify;">En opinión de Faucher, esa descristianización de los niños implicaba “un enorme vacío cultural”. Preparó una unidad pedagógica con el título “El cristianismo por los textos: estudio literario de extractos bíblicos”, y tuvo la precaución de reunir a los padres de sus alumnos y ponerlos al tanto de sus intenciones. Su plan era hacer trabajar a los chicos sobre algunos textos de la Biblia, y pasarles extractos del film El Evangelio según San Mateo, de Pier Paolo Passolini, y de la película de animación Príncipe de Egipto.</p>
<p style="text-align: justify;">El maestro no imaginó el calvario que le esperaba. La denuncia en su contra no vino de los padres. Al menos no públicamente. Fue acusado de proselitismo religioso a través de una carta anónima. De inmediato, las autoridades de la escuela lo suspendieron. Aunque los padres protestaron, el rectorado Orléans-Tours convalidó la sanción, que unos meses después fue seguida de un traslado disciplinario, el 2 de junio de 2017.</p>
<p style="text-align: justify;">Faucher no aceptó la decisión. Estaba convencido de no haber cometido ninguna falta y decidido a demostrarlo. Se le reprochaba haber “faltado a su deber de neutralidad y laicismo”, acusaciones que él rechazó de plano. Fue a la justicia, que le dio la razón en primera instancia. Pero el fallo fue recurrido por el Ministerio de Educación nacional. Esto lo favoreció, ya que en segunda instancia un tribunal administrativo de Burdeos ordenó el levantamiento de las sanciones y su reincorporación a la escuela que debió dejar perentoriamente hace 4 años.</p>
<p style="text-align: justify;">“La Corte estableció que mi enseñanza se inscribió perfectamente en los programas de educación de la escuela primaria”, dice Faucher, que se siente rehabilitado y fortalecido, tras la larga batalla judicial. “Este caso me supera ampliamente. Están en juego cosas mucho más grandes”, dice. “El tema de la enseñanza laica del hecho religioso, por ejemplo. Yo fui sancionado por haber trabajado con un libro que es un pilar de nuestra civilización; eso plantea interrogantes. Yo di cultura, no catecismo. Sólo cultura. Y los alumnos son los que la piden”.</p>
<p style="text-align: justify;">“Cuando me enteré de que no sabían quién era Jesús, pensé que había una laguna cultural que colmar”, explica. En su opinión, “también las otras religiones deben ser abordadas en los programas escolares, pero con un espacio más amplio para el cristianismo que es la base de nuestra historia”.</p>
<p style="text-align: justify;">“Esta decisión -agrega, sobre el fallo que lo exculpa- es una extraordinaria esperanza para todos los docentes que, como yo, están suspendidos. Hay que entender que es cada vez más difícil enseñar. Por más que mis colegas tengan el cuero duro, necesitan apoyo cuando defienden causas justas”.</p>
<p style="text-align: justify;">“El señor Faucher no manifestó en ningún momento creencia religiosa alguna en el ejercicio de sus funciones docentes”, dice el fallo, que también afirma que “tanto los textos como los extractos de películas y dibujos animados presentados por Faucher a sus alumnos en el marco de la enseñanza de lengua fueron tratados con una perspectiva geográfica e histórica así como vinculados a otros textos [y] sirvieron de apertura para abordar temas en relación con el programa de educación moral y cívica”.</p>
<p style="text-align: justify;">Con este fallo, el tribunal no sólo exculpó al maestro; también desautorizó al rectorado que lo sancionó y al Ministerio de Educación, que cuestionó los métodos pedagógicos del docente, calificándolos de “actitud marcada por el proselitismo”.</p>
<p style="text-align: justify;">En realidad, la justicia no hizo sino confirmar lo que dicen los programas escolares, pero que las autoridades del establecimiento donde ejercía Faucher parecieron olvidar, intimidadas por una carta anónima y, sobre todo, por el clima cultural ambiente.</p>
<p style="text-align: justify;">En efecto, el caso repercutió más allá de los límites del pequeño pueblo de Malicornay porque dice mucho acerca del clima cultural que reina en Francia y en otras sociedades occidentales. El trasfondo de este episodio es el de una laicidad mal entendida en un país afectado por la fragmentación -fruto de una diversidad también mal entendida-, y en el que a la radicalización religiosa de ciertos sectores se le contrapone un laicismo no menos fanático.</p>
<p style="text-align: justify;">Entrevistado por La Nouvelle République, Faucher, que, vale reiterar, no es creyente, señalaba la diferencia entre la “sana laicidad” o “laicidad positiva” y su opuesto que es el “laicismo”. “Algunos quieren hacer tabla rasa del cristianismo, cuando esa religión es uno de los cimientos de nuestra cultura judeo cristiana. Ir en ese sentido, es separarse de 1500 años de nuestra historia”, sostuvo. Y citó en apoyo una reflexión de Dominique Ponnau, director honorario de la Escuela del Louvre, que considera que “no es rechazando nuestra cultura como recibiremos mejor a los demás” y que se preguntaba “cómo acoger al extranjero, si nosotros mismos nos hemos vuelto extranjeros a nuestra propia cultura”.</p>
<p style="text-align: justify;">Para medir hasta qué punto ha llegado este fenómeno, baste señalar que hay docentes que se niegan a datar los años con la expresión “antes de Cristo”, como si, en vez de un hecho histórico cultural se tratase de una profesión de fe.</p>
<p style="text-align: justify;">Se ignora o no se valora en su justa medida la dimensión fundante de la religión judeocristiana en la cultura occidental. No estudiar el hecho religioso implica renegar del propio pasado y privarse de claves interpretativas básicas para el presente.</p>
<p style="text-align: justify;">En el laicismo extremista hay un malentendido de base: se defienden los valores republicanos en oposición a los valores religiosos, cuando los primeros no se entienden sin los segundos. El grueso de los “credos” republicanos que el laicismo enarbola como banderas frente a una supuesta intromisión de la Iglesia en el mundo profano son de cuño religioso: empezando por los conceptos de la tríada “libertad-igualdad-fraternidad” -consagrada por la muy atea y anticlerical Revolución Francesa-, cuyos elementos ya habían sido asociados por François Fénelon, arzobispo de Cambrai, a fines del siglo XVII.</p>
<p style="text-align: justify;">El caso Faucher evoca una tendencia muy actual: “La civilización occidental y cristiana se detesta a sí misma”, decía el historiador Jean Sévillia, en una entrevista con Infobae. “Asistimos a un quiebre de civilización, a una ruptura en la transmisión de la cultura -señalaba-, además de una sobreinterpretación de la laicidad”.</p>
<p style="text-align: justify;">En una tribuna reciente, el profesor y ensayista Jean Paul Brighelli escribía: “A fines de agosto, nosotros conmemoramos el 2500° aniversario de la batalla de las Termópilas… ¿Nosotros quiénes? ¿Aquellos para los que Leónidas no es más que una marca belga de chocolate? ¿Quién se acuerda de que 300 espartanos murieron para dar tiempo a los griegos y salvar a Europa de una invasión mayor, como don Juan de Austria la salvó en Lepanto, como Nicolás de Salm en 1529 y Juan III Sobieski en 1683, frente a Viena, la salvó de las ambiciones turcas? «</p>
<p style="text-align: justify;">“Nuestra civilización, degradando la Educación, ha reemplazado la Cultura por la adquisición de ‘competencias’”, sentenciaba. Para Brighelli, si todavía queda gente cultivada, ésta se esconde. “Y lo bien que hace -agregaba, con la cruda ironía que caracteriza a este predicador de la educación de excelencia, rigurosa, frondosa en contenidos y exigente-. Esa gente ya no tiene ningún rol que jugar en una civilización que ha encogido el estudio del latín y del griego como piel de zapa (¡lean a Balzac, tontos!), y reemplazado los saberes por el savoir-faire (triunfo indiscutido del utilitarismo a lo Bentham) y el saber ser por el agruparse: tener preocupaciones ecológicas, hacer el Ramadán por solidaridad, y aprobar un bachillerato de vagos: esas son las competencias modernas indispensables”.</p>
<p style="text-align: justify;">“La Iglesia, no exclusivamente, pero sí principalmente, hizo a Francia como nación y a Europa como continente -afirma Philippe Capelle-Dumont, sacerdote católico y profesor universitario, especialista de las relaciones entre filosofía y teología-. Es un dato histórico que no necesita de la apologética para ser validado”.</p>
<p style="text-align: justify;">La modernidad occidental lo niega, dice Capelle-Dumont, pero ha guardado las huellas de lo religioso “reinvirtiendo o travistiendo muchos de sus temas estructurales”. Y enumera: la distinción entre lo político y lo religioso, la dignidad intrínseca y jurídica de la persona, la igualdad hombre-mujer.</p>
<p style="text-align: justify;">De hecho, basta superponer el mapa de las libertades individuales y de la emancipación de la mujer con el de las religiones para advertir que es la cultura occidental y cristiana la que más las ha promovido, a diferencia de lo que sucede en países de otras confesiones y ni hablar de los que tuvieron o tienen aún regímenes abiertamente ateos.</p>
<p style="text-align: justify;">“El binomio César-Dios no consiste, como lamentablemente se repite a piacere, en una separación entre lo temporal y lo espiritual, sino en una distinción entre el orden público y el orden divino”, aclara Capelle-Dumont. La consecuencia de esto es que “César no es Dios, lo político no debería por lo tanto ser divinizado aun cuando es respetado en su propio orden de decisiones como gerente de una autoridad recibida”. Establecida esta distinción, vale aclarar que “lo espiritual ‘inspira’ lo temporal, incluso en la diferenciación de los órdenes institucionales, religiosos y políticos”.</p>
<p style="text-align: justify;">Al ignorar esto, se permite el desarrollo de “un laicismo doctrinario que se presenta como único apto para defender la separación de las instituciones religiosas y políticas”.</p>
<p style="text-align: justify;">El laicismo radical aboga por desterrar todo lo religioso de la esfera pública, ignorando que la propia cultura laica occidental tiene raíces religiosas, como lo explica Tom Holland en un reciente ensayo, Dominio. Una nueva historia del cristianismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Reseñando el libro para el diario El Mundo, Luis Alemany explica que Holland hila todas las historias del cristianismo y las presenta como “el marco que explica nuestra vida actual, tan aparentemente irreligiosa”. Derechos humanos, monogamia y hasta referencias en la cultura como el “todo lo que necesitas es amor”, de los Beatles, o los diálogos bíblicos en Pulp Fiction. Holland hace un análisis histórico, no místico ni apologético. El autor, que no es creyente, compartió incluso por un tiempo “esa visión crítica de la religión al estilo de William Blake”, para quien “el éxito del cristianismo” representó “una rémora en la historia del ser humano; lo ha condenado a ser menos libre, más gregario, a no vivir con naturalidad su sexualidad”.</p>
<p style="text-align: justify;">“Pero el estudio de la Historia Antigua le permitió comprender lo insoportablemente cruel y brutal que era el mundo pagano, de modo que lo que perdimos en libertad, sostiene Holland, lo ganamos en compasión y generosidad”, agrega Alemany.</p>
<p style="text-align: justify;">Bondad y consuelo fueron las claves de la atracción del cristianismo y de su rápida expansión, explica Holland. “El cristianismo -escribe- supo combinar varios ingredientes ya existentes para crear algo nuevo. Universalizó el atractivo del Dios de Israel, una deidad que amaba sus creaciones, y que había creado al hombre y a la mujer a su semejanza (y) lo fusionó con el énfasis de la filosofía griega sobre la conciencia, añadiéndole un toque de dualismo persa”.</p>
<p style="text-align: justify;">Jesús da su vida para salvar al mundo y ese era “el consuelo que ofrecía el cristianismo: que el esclavo podía triunfar sobre el maestro, la víctima sobre su torturador”.</p>
<p style="text-align: justify;">El cristianismo trajo fenómenos absolutamente rupturistas y novedosos para la época; hoy nos cuesta entenderlo así porque los hemos naturalizado, dice Holland. Uno de ellos es el de la fe convertida en estricto código de conducta.</p>
<p style="text-align: justify;">Negarse al estudio de la Biblia o de la historia del cristianismo no es rechazar un credo, sino privarse, o privar a los jóvenes, del conocimiento de sus raíces culturales. ¿Por qué no negarse también al estudio de la mitología griega o romana?, ¿o del latín?</p>
<p style="text-align: justify;">Querer separar a la iglesia y a la religión de los procesos históricos y culturales es una operación tan absurda como imposible, a tal punto están imbricadas en todos los aspectos de la vida y del pensamiento humanos.</p>
<p style="text-align: justify;">Por siglos, el arte en sus muchas expresiones -pintura, escultura, literatura, arquitectura- estuvo inspirado en y por la religión. Lo mismo puede decirse del derecho, de la filosofía, de la moral y de la política.</p>
<p style="text-align: justify;">También de la ciencia, contrariamente a lo que “vende” el laicismo: la religión como su enemiga irreconciliable. El físico, filósofo y teólogo Blaise Pascal; el muy religioso autor de la teoría de la gravedad, Isaac Newton; el canónigo Nicolás Copérnico, padre de la astronomía moderna; el matemático jesuita Matteo Ricci; Nicolás Steno, anatomista y geólogo; el sacerdote Marin Mersenne, famoso por sus “números primos”; y, más contemporáneamente, el jesuita George Lemaitre, primer postulador de la teoría del Big Bang sobre el origen del universo -reconocido por Albert Einstein, que fue su amigo-; son sólo algunos ejemplos de hombres de fe que hicieron avanzar a la ciencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Cabe esperar que el fallo sobre el caso Faucher contribuya a cerrar una fisura y a la comprensión de que, como dijo hace un tiempo el presidente de Francia, Emmanuel Macron, “la laicidad no tiene por función negar lo espiritual”.</p>
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		<title>En el fondo de la pandemia</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/02/en-el-fondo-de-la-pandemia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Feb 2021 14:49:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Ángel Cabrero Ugarte He ido a rezar ante el féretro de un amigo -la pandemia cierra también los féretros- y he coincidido con sus hijas en que hemos rezado mucho para que se curara -hace un mes estaba perfectamente- pero que en realidad rezábamos por nosotros, porque nos quedamos huérfanos; en cambio de él [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Ángel Cabrero Ugarte</p>
<p style="text-align: justify;">He ido a rezar ante el féretro de un amigo -la pandemia cierra también los féretros- y he coincidido con sus hijas en que hemos rezado mucho para que se curara -hace un mes estaba perfectamente- pero que en realidad rezábamos por nosotros, porque nos quedamos huérfanos; en cambio de él sabemos que está a buen recaudo. Era un hombre muy bueno. Pero el coronavirus no perdona a nadie.</p>
<p style="text-align: justify;">Al mismo tiempo estaba yo leyendo el último libro de Jesús Montiel –“Lo que no se ve”-.  Este autor no defrauda, al menos por ahora.  Y en este libro habla de los abuelos y del paso de la vida.  Qué raro es leer un libro de ahora, escrito incluso durante la pandemia, que trate del sentido de la vida.  Con ese deje de poeta, con la profundidad de quien ha pensado mucho las cosas, a pesar de su corta vida, Montiel deja caer esos pensamientos que a todos nos sirven, pero que pocos se atreven a manifestar.</p>
<p style="text-align: justify;">Por ejemplo, este párrafo largo que me parece bueno poner tal cual: «Creo en la purgación, en el dolor como instrumento quirúrgico.  Estoy convencido de que hace falta sufrir para crecer un poco, cierta violencia.  Como en el caso de los árboles, que comen borrasca. También los partos y el poema brotan de un corazón que ha sido herido en el combate del amor, del duelo, de la ausencia.  En los relatos de todas las culturas abundan las catástrofes a las que el hombre atribuye significado.  La sospecha de que nada ocurre absurdamente.  La sequía, el diluvio, la muerte de los niños, las plagas o la persecución.  Una pandemia repentina, la que nos ha separado» (p. 49).</p>
<p style="text-align: justify;">¿No es verdad que esto se nos ha ocurrido a más de uno? Ante esta sensación de caos que nos rodea, este modo de vivir con sobresaltos, este desorden vital que nos impide ir a casa de los amigos o tomar una cerveza con ellos en el bar de la esquina. Ante la dureza del frío inesperado, ¿no es verdad que se nos ha ocurrido en algún rincón de nuestros pensamientos, que todo sirve para algo? «En la pila, &#8211; dice pensando en su abuela- frotas con el jabón que has fabricado mi jersey de lana con una fe sin fisuras, convencida de que toda la suciedad será destruida.  Si existe un juicio para cada persona tras esta vida no encuentro una imagen mejor para ilustrarlo» (p. 28).</p>
<p style="text-align: justify;">Los momentos son adecuados para pensar en la trascendencia, pero experiencia tenemos de qué pronto se nos pasa el susto. En la pandemia de ahora nos viene bien llegar a la tercera ola.  De esta manera vamos perdiendo seguridades.  No es buena cosa pensar que lo podemos todo.  De hecho, queda bastante patente que no podemos.  Mi amigo, con dos años más que yo, se ha ido en la tercera.  No creo que, a día de hoy, haya todavía quien piense que con él no va.</p>
<p style="text-align: justify;">«De modo que me pregunto: ¿porque se nos enseña a ser jóvenes y a tener éxito sin contarnos el desenlace, o mencionándolo de pasada, como algo tan lejano como una estrella? ¿Por qué nos entretienen con noticias que nos apartan de lo que de veras importa y a los niños, en el colegio, ya no se les enseña a rezar sino sólo a acopiar dinero?  Esa gente que aguarda el autobús al otro lado de esta ventana, en una marquesina donde se publicita un cuerpo escultórico. O el hombre que camina mirando con avidez en su teléfono móvil las últimas informaciones: ¿no corre esta vida en dirección contraria a la pregunta de nuestra existencia? La muerte ha sido expulsada de nuestros hogares» (p. 55).</p>
<p style="text-align: justify;">Una vez más Montiel nos hace pensar desde sus líneas poéticas y trascendentales.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><em>Jesús Montiel, Lo que no se ve, Pre-Textos 2020</em></p>
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		<title>Verano es&#8230;.. gratuidad</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/01/verano-es-gratuidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Jan 2021 13:55:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Por María Serrano / Instituto JH Newman El eterno dilema del hombre es el tiempo. Qué hacer con él, cómo sacarle el máximo partido, cómo aprender también a perderlo, cuál es su sentido. Porque cuando uno entiende la finitud de las cosas y de la propia vida es cuando conoce su significado. El verano, para [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Por María Serrano / Instituto JH Newman</p>
<p style="text-align: justify;">El eterno dilema del hombre es el tiempo. Qué hacer con él, cómo sacarle el máximo partido, cómo aprender también a perderlo, cuál es su sentido. Porque cuando uno entiende la finitud de las cosas y de la propia vida es cuando conoce su significado. El verano, para los más afortunados, suele coincidir con las vacaciones. Así que verano es calor del que adormece y enfurece en Madrid en las idas y venidas a la redacción y suelta la risa en las terrazas de «La Latina», pero también es un descanso cargado de sentido en Galicia, donde el tiempo se vuelve plástico y se estira hasta hacer prácticamente inútil el reloj.</p>
<p style="text-align: justify;">Recuerdo haber ido creciendo en la conciencia de la paz y el descanso del verano con el tiempo, y haber caído en la cuenta de cuánta libertad tenía entre las manos. Decía Luigi Giussani que el tiempo de las vacaciones es «el tiempo de la libertad», porque en el tiempo libre se pone de manifiesto lo que uno ama verdaderamente. Y el corazón nunca se va de vacaciones. Es el tiempo más noble del año, mucho más que el tiempo del trabajo, porque cada uno decide con qué se compromete, qué valor reconoce como fundamental en su vida.</p>
<p style="text-align: justify;">El verano es, así, una época importante: es importante la compañía que se elige pero, sobre todo, es importante de qué forma se decide vivir. Porque este tiempo de libertad debe ensanchar el corazón, hacer florecer las relaciones, multiplicar el deseo de bien y verdad, aumentar las ganas de disfrutar de la vida. Es libertad, pero libertad verdadera, es decir, libertad para el bien: hacer lo que se quiera conforme al ideal, a la exigencia última del corazón.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso mis veranos están cargados de gente buena que engrandece mi humanidad, de alegría en familia y fraternidad con amigos, de descanso y lectura, de oración y cultura, de voluntariado y gratuidad; mis veranos me hacen recordar lo que más querría recordar y disparan mi voluntad de vivir. No son una pausa, no son un paréntesis: son la vida misma.</p>
<p style="text-align: justify;">Así, el verano no asusta, sino que se vuelve un tiempo privilegiado de relación con todas las cosas. Porque el valor más grande del hombre, la virtud, el coraje, su energía, aquello por lo que merece la pena vivir, reside en la gratuidad, en la capacidad de gratuidad. Y es precisamente en el tiempo libre, en las vacaciones y en el descanso, donde emerge la gratuidad y se afirma de un modo sorprendente.</p>
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