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	<title>Educación &#8211; El Bien Común</title>
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		<title>Intuiciones sobre el futuro de la educación en una época post Covid-19</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 07 Dec 2020 14:20:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[por Ignasi Grau i Callizo /publicado en Democresia.es No es absurdo pensar que el coronavirus sea el gran revulsivo del sector educativo de los últimos cien años. La escuela y la institución del maestro apenas han cambiado respeto a otras entidades sociales como el hospital, pero esto puede cambiar con una rapidez inusitada. Podemos estar [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">por Ignasi Grau i Callizo /publicado en Democresia.es</p>
<p style="text-align: justify;">No es absurdo pensar que el coronavirus sea el gran revulsivo del sector educativo de los últimos cien años. La escuela y la institución del maestro apenas han cambiado respeto a otras entidades sociales como el hospital, pero esto puede cambiar con una rapidez inusitada. Podemos estar ante cambios no solo forzados por las circunstancias, sino por la aceleración de procesos que de otro modo hubieran tardado mucho más en materializarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Me parece que hay al menos tres realidades que, aunque independientes al COVID-19, están modificando el escenario educativo y que con esta crisis pueden ganar aún más protagonismo ¿Cuáles son?</p>
<p style="text-align: justify;">En primer lugar, un mundo cada vez más incierto y en constante movimiento y transformación. Este ritmo tornadizo obliga a una formación que sea permanente a lo largo de nuestra vida. El mismo Objetivo de Desarrollo Sostenible nº 4 se centra en “promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”.</p>
<p style="text-align: justify;">La segunda realidad, que parece que de forma definitiva se instala en nuestras vidas es el uso de las tecnologías. Ya antes de la actual crisis se nos hacía difícil pensar una educación sin internet y ordenadores, a estas alturas se nos hace simplemente imposible.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, la tercera realidad se explica por la entrada de una multiplicidad de nuevas y, en muchos casos exitosas, experiencias formativas privadas. Sin ánimo de ser exhaustivos podemos subrayar tanto experiencias presenciales como los bootcamps (formaciones intensivas de varias semanas para aprender habilidades informáticas), o digitales como los moocs (cursos online dirigidos a millones de personas), además de experiencias más completas como thePowerMBA. Las iniciativas educativas son muchas, cada vez son más y potencialmente muy lucrativas. Te sugiero que simplemente busques en Google posibilidades de inversión en el mundo de la educación y verás a qué me refiero.</p>
<p style="text-align: justify;">Es mucho lo que está pasando en poco tiempo y limitada nuestra capacidad de interiorizarlo. Durante años se pensó que las innovaciones en el campo educativo de nuestra época estarían básicamente relacionadas con los métodos; no obstante, la progresión explosiva de novedades en el campo educativo puede afectar también a la estructura del sistema educativo y al fin mismo de la educación. Me gustaría centrarme en tres transformaciones potenciales que la educación está viviendo o puede vivir en los próximos años.</p>
<p style="text-align: justify;"><em><strong>El fin de la educación</strong></em></p>
<p style="text-align: justify;">La primera transformación se relaciona con “el fin de la educación”. El objeto de la educación es según el artículo 26 de la Declaración Universal de Derechos Humanos “el pleno desarrollo de la personalidad humana”. En la misma línea, en nuestra tradición filosófica autores como Kant o Arendt advertían que la educación era lo que permitía al hombre ser hombre. Un proceso de años conducido por la transmisión y el ahondamiento en nuestra realidad, hasta poseer el tiempo y contexto propios. La obsesión por los indicadores, así como la preeminencia del criterio de lo útil y de la educación skill-oriented están transformando el fin último de la educación. Buen ejemplo de ello es el curso de seis meses y 300 dólares lanzado por la Universidad Google que la misma empresa equiparará al de una carrera universitaria. El fin de la educación puede derivar en un objetivo menos elevado y menos costoso. Una educación dirigida a preparar a las personas para el desempeño de un trabajo, es decir, que en vez de preparar personas, prepare gagne-pains.</p>
<p style="text-align: justify;"><em><strong>Las organizaciones educativas</strong></em></p>
<p style="text-align: justify;">La segunda transformación es sobre la estructura de las organizaciones. El espacio donde se ha realizado la educación en los últimos años se ha puesto en duda por vez primera de forma seria. Con el coronavirus la conveniencia de lugares físicos dedicados a la enseñanza donde se establezca contacto entre profesor y alumno y entre alumnos se ha puesto en tela de juicio. Si buscamos una educación dirigida a la empleabilidad y a lo útil la milenaria estructura universitaria pierde sentido. Como decía Quintana Paz hace unos días, ¿vale la pena cerrarse cuatro-cinco años, endeudarse incluso, en un campus lejos de casa para conseguir un trabajo? En la medida en que las entidades educativas justifiquen su existencia en base a la empleabilidad de sus estudiantes esta estará obligada a transformarse. El mencionado certificado Google comentado anteriormente interpela a todas las entidades educativas y no es anecdótico.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Los métodos educativos</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">La tercera transformación es sobre los métodos. Podríamos centrarnos en las innovaciones de tipo neurocientífico, pero la ruptura que me parece más significativa a nivel metodológico concierne la provisión de la educación. En parte por razones antropológicas, en parte por razones de practicidad, estamos pasando de un modelo de profesor-maestro, a profesor-acompañante. La figura del profesor como maestro, alguien que domine con maestría un área del conocimiento y la trasmite, sigue erosionándose. El profesor está dejando de ser el vértice imprescindible del proceso educativo, rompiendo así la importancia de la transmisión. Cada vez más, no decantamos por una educación basada en la evaluación de unos contenidos prefabricados –a menudo digitales– para facilitar la autodidáctica por parte del alumno. Frente a la lección maestra del sabio y la posterior interacción; pasamos a un modelo de contenido de asimilación rápida por el alumno, y la figura de un profesor-acompañante. La entrada de actores comerciales en el sector educativo, junto con la popularización de la educación a distancia puede agilizar este proceso.</p>
<p style="text-align: justify;">En la esfera pública siguen ocupando gran parte de los debates del derecho a la educación algunas discusiones infecundas como la importancia de la titularidad pública de los centros educativos. Ciertamente los tiempos políticos son más lentos que la innovación educativa, y parece cada vez más difícil legislar una realidad que está cambiando a mayor velocidad que los límites permitidos por los trámites reglamentarios. Podríamos dejar de malgastar energías en problemáticas del siglo XIX y centrarnos en pensar cómo podemos garantizar que la educación siga siendo un derecho humano, no pensado exclusivamente en términos de accesibilidad, sino en términos del derecho que nos permite ser seres humanos.</p>
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		<title>El asombro: no dar nada por supuesto</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2020/12/el-asombro-no-dar-nada-por-supuesto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Dec 2020 13:24:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[por Catherine L&#8217;Ecuyer En cada una de esas deliciosas cabezas, decía Chesterton refiriéndose a los niños, hay un universo recién estrenado como lo fue el séptimo día de la creación. Así ven el mundo los ojos asombrados de nuestros pequeños, porque “no dan nada por supuesto”. Los ­niños no creen ni dejan de creer en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">por Catherine L&#8217;Ecuyer</p>
<p style="text-align: justify;">En cada una de esas deliciosas cabezas, decía Chesterton refiriéndose a los niños, hay un universo recién estrenado como lo fue el séptimo día de la creación. Así ven el mundo los ojos asombrados de nuestros pequeños, porque “no dan nada por supuesto”. Los ­niños no creen ni dejan de creer en los milagros, porque para ellos todo es un milagro. Y nosotros los adultos, ¿nos asombramos? Cuando nos despertamos esta mañana, ¿nos asombramos al ver a la persona que estaba a nuestro lado? ¿La vimos como si ­fuera por primera vez? ¿O por última? Cuesta. Nos cuesta ver el mundo con ojos nuevos, porque lo tenemos muy ­visto.</p>
<p style="text-align: justify;">Los niños se asombran porque ven el mundo literalmente por primera vez. Cada vez que miran por la ventana y ven el cielo es como si el cielo se estrenara ante ellos. Los adultos, en cambio, tendemos a pensar que las cosas y las personas existen porque nos las merecemos. La sociedad del hiperconsumo, de la inmediatez y del bienestar ha contribuido a anestesiar nuestro sentido del asombro. El que lo tiene todo acaba creyendo que el mundo debe comportarse a su antojo. Como es lógico, una sociedad en la que cada persona se considera el centro del universo es una sociedad enferma, insensible e ingobernable. Es la sociedad de las quejas y de las revueltas continuas. La pérdida del asombro lleva a la cultura de la autosuficiencia, que hace ignorar la fragilidad del ser humano, a la del cinismo, que hace pensar que todo le es debido, y a la de la indignación y del victimismo, que lleva al resentimiento vengativo e insolidario.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras los países del hemisferio sur estaban ya en guerra contra epidemias sucesivas de dengue, de zika, de fiebre amarilla y de malaria con cientos de ­millones de personas afectadas desde ­el 2017, el coronavirus llegó por sorpresa a los países del norte, convirtiéndose en una pandemia con consecuencias te­rribles.</p>
<p style="text-align: justify;">Ojalá esa tragedia sea por lo menos una oportunidad para volver a lo esencial, para agradecer y valorar lo que tenemos. No, los huevos no vienen del super­mercado, la calefacción no proviene del radiador y las ayudas del Estado no vienen del Estado (sino de cada uno de los que pagamos honradamente nuestros impuestos). Detrás de una comida caliente, de un cuidado sanitario, de una tecnología que funciona o de una ayuda social hay una cadena de personas estudiando y trabajando de día y de noche. Quizás esta crisis sea una oportunidad para entender el poder del alcance silencioso de cada uno de nuestros gestos. Detrás de un gesto en el hogar o en el trabajo, hay miles de personas que viven mejor, o que siguen vivas. Quizás sea también una ocasión para empatizar y darnos cuenta de la soledad de nuestros ancianos, a los que tanto debemos. En pocos días, un virus invisible consiguió que el mundo entero se arrodillara de golpe. En medio de tanta desgracia, quién sabe si se aplanará también la curva de la soberbia de pensar que dominábamos el mundo, o que íbamos a arreglarlo gritándonos unos a otros. Quizás sea el tiempo de darnos cuenta del valor del silencio y del tiempo dedicado a nuestros seres queridos. Quizás sea una ocasión para dejar de tener tanta fe en las promesas de inmortalidad que nos ofrecen la ciencia y la tecnología, y para aspirar a una perfección de la que sí somos capaces, una perfección más humana. Caer en la cuenta de nuestra miseria, vulnerabilidad y fragilidad no solamente es compatible con esa perfección, sino que podría ser el camino para alcanzarla, porque es precisamente esa condición que nos hace ser más solidarios y compasivos. Aunque parezca paradójico, la perfección del ser humano pasa por la toma de conciencia de que no lo es.</p>
<p style="text-align: justify;">El confinamiento pondrá a prueba nuestra interioridad. Un silencio interior que, según Tagore, el gran poeta filósofo bengalí, buscamos ahogar en la multitud. En un estudio publicado en el 2014 en la revista Science , el 25% de las mujeres y el 67% de los hombres prefieren autoadministrarse un calambre a permanecer sentados de seis a quince minutos en una habitación vacía sin otra distracción que sus propios pensamientos. Blaise Pascal decía que “todos los problemas de la humanidad provienen de la incapacidad del hombre de estar en silencio a solas en su habitación”.  Ahora que las calles están vacías del clamor de la multitud anónima, la vida nos brinda una oportunidad irrepetible para volver a encontrarnos con nosotros mismos.  Nos invita a ocupar el espacio interior del que habíamos desertado para empacharnos de estímulos y vivir a remolque de ellos. Sólo desde ese espacio interior puede brotar el sentido del asombro que nos hace ver el universo como si fuera recién estrenado. Es el sentido del asombro el que nos hace caer en la cuenta de que nuestra fragilidad es parte esencial de nuestra humanidad, que la vida es un regalo y que el mundo es un milagro.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Educación. Más allá del escepticismo de los adultos y las heridas de los jóvenes</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2020/11/educacion-mas-alla-del-escepticismo-de-los-adultos-y-las-heridas-de-los-jovenes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Nov 2020 13:30:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Nicola Itri Acaba de publicarse un libro de lectura ágil y agradable, escrito por Julián Carrón, bajo el título Educación. Comunicación de uno mismo, una contribución del presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación a la jornada convocada por el papa Francisco el pasado 15 de octubre bajo el lema “Reconstruir el pacto [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Por Nicola Itri</p>
<p style="text-align: justify;">Acaba de publicarse un libro de lectura ágil y agradable, escrito por Julián Carrón, bajo el título Educación. Comunicación de uno mismo, una contribución del presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación a la jornada convocada por el papa Francisco el pasado 15 de octubre bajo el lema “Reconstruir el pacto educativo global”.</p>
<p style="text-align: justify;">Escribe Carrón en la introducción de este libro que “es difícil imaginar un reto mayor que el educativo. De hecho, el desconcierto domina en todas partes por el vértigo que experimentan los adultos (padres y educadores de todo tipo) y los jóvenes. La expresión «emergencia educativa» nunca ha estado tan cargada de significado como en estos tiempos. Por ello la iniciativa del papa Francisco para «reconstruir el pacto educativo global» es una ocasión para todos: «Todas las instituciones deben interpelarse […] asumiendo un compromiso personal y comunitario […] renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión». Con este desafío chocan el escepticismo de los adultos y las heridas de los jóvenes. Las dificultades desbordan por todas partes. Hay quien propone acotarlas multiplicando las reglas y las instrucciones de uso, estableciendo normas y límites. Pero reglas e instrucciones de uso se revelan cada vez más incapaces de suscitar el yo, de despertar su interés hasta llegar a implicarlo en un camino que le permita crecer. ¿Y entonces? ¿Tenemos que tirar la toalla y declarar fallido el desafío? «Un imprevisto es la única esperanza», decía Eugenio Montale. (…) Por el contexto en que nos hallamos, se ha generado una sospecha; de hecho, en todos los ámbitos domina una desconfianza en las relaciones, con el consiguiente «basta» ante el riesgo de abuso y de manipulación de los pequeños por parte de los adultos, un riesgo propio de cualquier relación educativa. (…) Aunque, por un lado, esto va a hacer que resulte más difícil responder al desafío educativo, por otro lado –paradójicamente– podrá revelarse como una oportunidad extraordinaria para nosotros los cristianos: podremos testimoniar la sobreabundancia que experimentamos en la relación con Cristo, de la que brotan la libertad y la gratuidad en la relación con el otro”.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de la introducción, el primer capítulo del libro se titula “La educación es comunicar el sentido de la vida; no es una palabra, es una experiencia”, y es la transcripción de un discurso que Carrón pronunció con motivo de la inauguración de la escuela Oliver Twist en Como el 19 de septiembre de 2009.</p>
<p style="text-align: justify;">Carrón parte de un hecho sucedido en una escuela para extranjeros en Dublín, donde solo el director lograba comprender a un joven francés que las había liado pardas. “Hizo falta un hombre que no tuviera miedo de arriesgar”, comenta Carrón, “que no se limitara a dar lecciones sino que le retara a tomarse en serio su corazón, mostrándole un modo desconocido para él de mirar la realidad”.</p>
<p style="text-align: justify;">“Hoy en día hacen falta personas así”, añade. “No adultos que suelten discursos y miren los límites de los demás, sino que sean más bien «compañeros de los compañeros, compañeros entre los demás, es decir, una presencia; presencia que implica y atrae a los otros, un ámbito de amistad real con los demás»”, afirma citando a Luigi Giussani. “Don Giussani”, recuerda Carrón, “gastó su vida confiando totalmente en el corazón de los jóvenes, apostó todo durante cincuenta años, decía, por la libertad «pura»”.</p>
<p style="text-align: justify;">“Podemos resumir de este modo”, observa Carrón citando uno de los libros más famosos de Giussani, Educar es un riesgo, “las preocupaciones que animan un sano itinerario educativo”, tal como Giussani lo expresó: “para educar es necesario proponer el pasado de forma adecuada.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero no existe otro modo de comunicar la riqueza de una historia que presentarla dentro de una experiencia presente que subraye su correspondencia con las exigencias últimas del corazón”. Es decir, “dentro de una vivencia del presente que dé las razones de sí misma”. Por último, recordando siempre a don Giussani, “la educación debe ser una educación en la crítica. Hasta los diez años de edad (ahora –señala Carrón– quizá incluso antes) el niño puede repetir todavía: lo ha dicho la profesora, lo ha dicho mi madre. ¿Por qué? Porque, por naturaleza, quienes aman al niño meten en su mochila, sobre sus hombros, todo lo bueno que han vivido en la vida”.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero, “llegado a cierto punto, la naturaleza da al niño, al que había sido niño, el instinto de tomar la mochila y ponérsela delante de los ojos (en griego –recuerda Giussani– se dice pro-bállo, del que deriva el italiano –y el español– “problema”). ¡Tiene pues que convertirse en problema lo que nos han dicho! Si no se convierte en problema, lo que esa mochila contiene no madurará nunca y se abandonará o se mantendrá irracionalmente. Una vez puesta delante de los ojos la mochila, el chico mira lo que hay dentro. Siempre en griego, este ‘mirar dentro’ se dice krinein, krísis, de lo que deriva ‘crítica’. La crítica, por lo tanto, consiste en caer en la cuenta de las cosas, no tiene un sentido necesariamente negativo. Así pues, el joven mira lo que hay dentro de la mochila y con esta crítica compara lo que ve dentro, es decir, lo que le ha puesto sobre los hombros la tradición, con los deseos de su corazón: porque el criterio último de juicio está en nosotros, de otro modo estaríamos alienados. Y el criterio último que está en cada uno de nosotros es idéntico: es exigencia de verdad, de belleza, de bondad. ¡Cuántas generaciones de adultos han renunciado a esta crítica o han hecho de ella un uso equivocado, identificándola por ejemplo con algo negativo!”.</p>
<p style="text-align: justify;">La crítica ha quedado reducida a algo negativo y por eso creamos problemas a partir de lo que nos ha sido dicho. “Yo te digo una cosa; plantearse un interrogante sobre ello, preguntarse ¿es verdad?, se ha vuelto igual que dudar de ello. La identificación entre problema y duda es el desastre de la conciencia que tiene la juventud”.</p>
<p style="text-align: justify;">El segundo capítulo, titulado “Algo que despierte la exigencia del corazón”, retoma un diálogo entre Julián Carrón y Gianni Riotta, columnista del Huffington Post y de La stampa. Carrón responde a siete preguntas del periodista sobre temas educativos.</p>
<p style="text-align: justify;">Resulta significativa, por ejemplo, la segunda pregunta, donde Riotta, citando el poema de Ada Negri Mi juventud, plantea si la juventud siempre está dentro de nosotros y sigue actuando en nuestro interior. Carrón responde afirmativamente, diciendo que la juventud es algo vivo dentro de él, y esa es la señal de que esta pertenece a la naturaleza propia del hombre, es una dimensión de la existencia humana.</p>
<p style="text-align: justify;">También llama la atención la cuarta pregunta, donde Riotta plantea si toda la experiencia religiosa, humana, racional, existencial, debe desarrollarse dentro de un camino educativo. Para Carrón, esta “es la cuestión decisiva. Para Giussani, la educación –según la expresión de Josef Jungmann, un pensador alemán– es introducción en la realidad total. Esto significa que nosotros no conocemos algo cuando comprendemos alguna de sus partes, sino cuando somos introducidos en su significado, al igual que solo nos damos cuenta del valor de una rueda en su relación con la realidad total del coche”. Sin captar la relación entre el particular y la totalidad, no podemos conocer algo.</p>
<p style="text-align: justify;">El tercer y último capítulo, “La educación es la comunicación de uno mismo, es decir, de la forma que tiene uno de relacionarse con la realidad”, recoge los apuntes de una conversación entre Carrón y un grupo de educadores de Norteamérica sobre el tema de la educación (Nueva York, 15 de febrero de 2019).</p>
<p style="text-align: justify;">Llegado a un cierto punto, el responsable del grupo norteamericano, José Medina, pregunta a Carrón si el miedo y la preocupación desafían su propia experiencia como adulto, lo que un adulto vive. A lo que Carrón responde: “Sin duda. Si no fuera así, todo sería inútil. La alternativa se da entre un cristianismo como propuesta totalizante para la vida, como clave de todo, y un cristianismo como algo separado de la vida cotidiana, que afecta solo a una parte de la realidad. En este segundo caso, necesitaríamos otro criterio para responder a las preguntas que surgen en los distintos ámbitos de la vida. Solo si experimento una sobreabundancia, una plenitud en la relación con Su presencia, soy capaz de afrontarlo todo sin miedo”.</p>
<p style="text-align: justify;">Más adelante, Medina afirma que en la relación educativa hay que partir de lo que existe, y Carrón añade: “Este es el problema fundamental. Siempre me ha impresionado una imagen que usa el profeta Isaías en una lectura del tiempo de Adviento: un enorme tronco seco sobre el que despunta un pequeño brote. Parece nada en comparación con lo demás, es solo el 1%, y quién sabe cómo será en el futuro. ¿Es ingenuo fijar la atención en ese brote? Nosotros tenemos que mirar la realidad. ¿Es ingenuo usar este método para afrontar cualquier circunstancia, incluidas las cuestiones ligadas a la fe y a la educación? Yo digo que no, porque solo si partimos de un cambio real, por muy pequeño que sea, podemos esperar con respecto al futuro”.</p>
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		<title>Lo menos llamativo es lo más interesante</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2020/11/lo-menos-llamativo-es-lo-mas-interesante/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Nov 2020 12:27:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[«En la sociedad uniformada por el mercado, las tribus urbanas son residuos, conatos desesperados por destacarse, igual que las euforias nacionalistas son una reacción al globalismo»  Por Jesús Montiel No me convence ese alumno con el pelo fucsia y tatuado que me asegura que, de vivir en una isla desierta, se tatuaría igualmente y se [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>«En la sociedad uniformada por el mercado, las tribus urbanas son residuos, conatos desesperados por destacarse, igual que las euforias nacionalistas son una reacción al globalismo»</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em> </em>Por Jesús Montiel</p>
<p style="text-align: justify;">No me convence ese alumno con el pelo fucsia y tatuado que me asegura que, de vivir en una isla desierta, se tatuaría igualmente y se tintaría la cabellera. Estoy convencido de que sus adornos tienen como finalidad reclamar la atención y que por tanto en esa isla hipotética no los necesitaría. Su simbolismo sería estéril sin una dimensión social, comunitaria. ¿Qué símbolo tiene sentido sin un intérprete?</p>
<p style="text-align: justify;">Mis alumnos lucen cada nuevo curso un aspecto más extraño, o acaso por ser cada año más viejo así me lo parece. Da lo mismo: raperos, góticos, amantes del trap o canis, su aspecto es un reclamo publicitario, el señuelo afectivo con el que buscan un abrazo. Todos se manifiestan adscritos a una parcela de la sociedad pensándose distintos; pero yo les advierto que es inútil: en la sociedad uniformada por el mercado, las tribus urbanas son residuos, conatos desesperados por destacarse, igual que las euforias nacionalistas son una reacción al globalismo. Aunque también, y esto me interesa, todo esto es un síntoma de nuestra identidad amorosa. El ser humano mendiga ser querido, mirado en su singularidad. Todos, en mayor o menor medida, reclamamos una mirada sobre nosotros, suplicamos afecto, gritamos estoy aquí, existo. Nuestro aspecto, lo más evidente, se ve convertido por este hambre de ternura en un escaparate que pide compradores, miradas curiosas. Recuerdo que a la edad de mis alumnos, cuando la identidad está en obras, yo me aferraba a lo que pensaban mis amigos, vestía como ellos, veía las películas y escuchaba los grupos musicales que ellos veían y escuchaban. Con tal de parecer interesante, ser original, distinto. Incluso en la literatura, cuando uno comienza, cree que llegará más lejos si busca la distinción.</p>
<p style="text-align: justify;">A medida que ha pasado el tiempo, claro, mi parecer ha cambiado. Ahora pienso que lo más interesante es lo más vulgar, lo que no llama nuestra atención y está dentro de la normalidad. En el mundo publicitario, las cosas más importantes se venden mal, son malos comerciantes. Cosas elementales, sencillas. La paz que encuentro escribiendo a mano, contando las bolas de humo que escupe la cafetera, sorbiendo este café caliente, en la intimidad de mi cocina, sin nadie más que mi familia. No hay nada comparable a esta intimidad amorosa. Nada como ser una persona que pasa desapercibida.</p>
<p style="text-align: justify;">La verdadera felicidad, creo, no necesita ser manifestada, le diría ese alumno. Se transparenta con cada gesto. Quien es amado no necesita compartir fotografías de su vida más privada. No necesita demostración. Pensemos en Francisco de Asís. Todos los grandes amadores, los grandes amados, hicieron lo contrario que mis alumnos con su fachada: adoptaron el aspecto de un pordiosero, como quien esconde un tesoro insuperable, temeroso de que sea arrebatado.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada nuevo curso, cuando entro en el aula, me veo más desplazado. Me pasa en la playa o en los centros comerciales. Cada vez más soy como esta cafetera que escupe humo, una hogaza de pan o una carta manuscrita. Lenta, simple, sin arabescos. Así se me presenta la plenitud a la que estoy llamado.</p>
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		<title>Educar es enseñar a convivir con el misterio</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2020/11/educar-es-ensenar-a-convivir-con-el-misterio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Nov 2020 13:22:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[por Álvaro Abellán-García He compartido en algunas notas mi preocupación por recuperar el asombro como la disposición originaria para el aprendizaje y el desarrollo personal. En La Ruta del encuentro, José Ángel Agejas insiste en que la formación universitaria debe empezar en el asombro, caminar en él y concluir en un nuevo asombro, habiendo aprendido [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>por Álvaro Abellán-García</p>
<p>He compartido en algunas notas mi preocupación por recuperar el asombro como la disposición originaria para el aprendizaje y el desarrollo personal. En La Ruta del encuentro, José Ángel Agejas insiste en que la formación universitaria debe empezar en el asombro, caminar en él y concluir en un nuevo asombro, habiendo aprendido algo por el camino. Catherine L’Ecuyer (Educar en el asombro, Apego &amp; Asombro) habla del asombro como motor del aprendizaje y de la importancia de mantener viva esa actitud en los niños.</p>
<p>Este principio pedagógico ya lo descubrieron los griegos. ¿Por qué parece que debemos aprenderlo de nuevo? Agejas y L’Ecuyer tienen sus teorías, que yo complemento con ésta: porque hemos perdido el sentido del misterio. Reconocer que sabemos poco, convivir con la incertidumbre, es incómodo. Cuando los niños nos hacen preguntas asombradas matamos su asombro dándoles respuestas científicas o con ese definitivo porque sí y punto. “No lo sé” no nos parece una opción aceptable cuando, muchas veces, es la más sensata.</p>
<p>El asombro no es una actitud caprichosa. No se trata de asombrarnos porque sí, sino de asombrarnos ante las realidades que son asombrosas. Decir de una realidad que es de suyo «asombrosa» es lo mismo que decir que es «misteriosa». Por eso no podemos hablar de vivir en el asombro sin reconocer primero una cuestión fundamental: la realidad entera y, muy especialmente nuestra propia vida, es misteriosa. Me gusta ejemplificar el misterio de lo real con la experiencia de conducirnos entre nieblas.</p>
<p>La formulación filosófica, aparentemente fría, pero realmente acongojante, de este asombro radical, es: «¿Por qué hay Ser y no Nada?». Luego todo ser, sólo por el hecho de que es y podría no haber sido, ya es algo asombroso. Sí, ya imagino que hay muchas cosas que, para ti –como me ocurre a mí también– no son asombrosas. Pero la culpa no es de esas cosas –que nunca son sólo cosas–, sino de cómo las miramos.</p>
<p>No quiero esperar más para compartirte ya esta cita de Albert Einstein sobre la importancia del asombro y el misterio:</p>
<p style="padding-left: 80px;"><em>«La más bella y profunda emoción que podemos probar es el sentido del misterio. En él se encuentra la semilla de todo arte y de toda ciencia verdadera. El hombre para el cual no resulta familiar el sentimiento del misterio, que ha perdido la facultad de maravillarse (…), es como un hombre muerto, o al menos ciego (…). Nadie puede sustraerse a un sentimiento de reverente conmoción contemplando los misterios de la eternidad y de la estupenda estructura de la realidad. Es suficiente que el hombre intente comprender sólo un poco de estos misterios día a día sin desistir jamás, sin perder esta sagrada curiosidad». BRIAN, Denis. Einstein: A Life, Nueva York, 1996, p. 234.</em></p>
<p>Aceptemos que la realidad, que nuestra realidad, es misteriosa. Que sabemos muy poquito y que nos basta intentar comprender sólo un poquito cada día. Eso sí, sin desistir jamás. Así entrenamos nuestro asombro. Así vivimos inseguros, es verdad, porque no todo está en nuestras manos. A eso se refiere Einstein con la más bella y profunda emoción: cobrar conciencia de que no estamos al final ni al principio; ni desterrados ni en casa. Reconocer que esta vida es, toda ella, una aventura.</p>
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		<title>La experiencia de la Semana Internacional, un modo de mirar la realidad</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2020/11/la-experiencia-de-la-semana-internacional-un-modo-de-mirar-la-realidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Nov 2020 19:36:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Alfredo Vota Y de repente la pandemia nos interpeló. Nos redujo a nuestros hogares, nos distanció de nuestros afectos, más allá del núcleo primario, nos alejó de nuestros lugares de trabajo, nos impidió ir a los templos. Pudo haber sido una catástrofe. “No es bueno que el hombre esté sólo”… menos aislado. En medio [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Alfredo Vota</p>
<p style="text-align: justify;">Y de repente la pandemia nos interpeló.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos redujo a nuestros hogares, nos distanció de nuestros afectos, más allá del núcleo primario, nos alejó de nuestros lugares de trabajo, nos impidió ir a los templos. Pudo haber sido una catástrofe. “No es bueno que el hombre esté sólo”… menos aislado.</p>
<p style="text-align: justify;">En medio de esos momentos, me llegó por la escuela de comunidad, «<strong><em>El despertar de lo humano»</em>.</strong>  Ya el nombre parecía corresponder a lo que experimentaba, era eso lo que sentía que ocurría en la escuela. Vi como los docentes nos juntamos a descubrir un nuevo modo de enseñar, todos los equipos en función del hecho educativo, pudiendo re pensar cada propuesta. Modos nuevos de hacer escuela en medio de semejante situación, paradojalmente sentía que estábamos más cerca que nunca de lo que había soñado y escrito tantas veces en los artículos sobre educación.</p>
<p style="text-align: justify;">Carrón, puso palabras a nuestra mirada, puso frases a nuestros pensamientos y nos permitió sentirnos en compañía.</p>
<p style="text-align: justify;">Con esta impronta empezamos a organizar charlas para docentes desde el <strong><em>Centro de Innovación Educativa (Cieda)</em></strong>.  Nos propusimos contar lo que descubrimos a nivel educativo, contar que valía la pena dar respuestas creativas a la realidad, que era una oportunidad, que podíamos pensar la situación como una posibilidad para nosotros, que era un drama, no una tragedia.</p>
<p style="text-align: justify;">Hicimos encuentros sobre secuencias didácticas, evaluación en pandemia, modos de mirar la nueva normalidad y nos animamos hasta presentar «<strong><em>El despertar de lo humano»</em></strong>, desde Cieda que es un centro no confesional.</p>
<p style="text-align: justify;">Tuvimos cerca de 25 charlas, alcanzando a unas 3000 personas. Dimos charlas para Perú, varias provincias argentinas, acompañamos a varias escuelas públicas y a muchos docentes locales. Trajimos ponentes de México, España y Brasil. Todo un regalo impensado… y ¡en pandemia!.</p>
<p style="text-align: justify;">En medio de esta historia, nos tocaba dar respuesta a un evento que veníamos haciendo desde hace 6 años, «<strong>La Semana Internacional».</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Para nosotros siempre fue un momento significativo. Era la oportunidad de palpar la hermandad latinoamericana. Venían colegios de México, Brasil, Guatemala, Colombia y pasantes de Alemania. Es un gran congreso juvenil, con un día destinado a las ciencias, otro a las artes y las humanidades y dos días a los deportes y los fines de semana teníamos las salidas turísticas y recreativas para los visitantes. El año que más alumnos de delegaciones extranjeras tuvimos, fueron 360 de distintos países y unos 400 de otros colegios de Argentina, más los alumnos de nuestros colegios.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Este año se podría hacer?</p>
<p style="text-align: justify;">Los estudiantes presentaban signos visibles de agotamiento frente a la virtualidad. ¿Serviría de algo resucitar la semana internacional o mejor esperar el año que viene?</p>
<p style="text-align: justify;">Y nos lanzamos a la aventura.</p>
<p style="text-align: justify;">Primero pensamos un concepto en consonancia con nuestra mirada de la realidad y propusimos “Buscando la belleza que habita en nosotros”, siguiendo la idea de los libros, La belleza desarmada y Un brillo en sus ojos de Julián Carrón.</p>
<p style="text-align: justify;">Construimos la imagen del evento usando la cúpula del teatro Colón (Teatro de la opera de Buenos Aires), obra realizada por Raúl Soldi, autor que tiene un mural comúnmente ignorado en la Catedral de Campana (ciudad donde está el colegio) Queríamos utilizar este concepto como metáfora y recrear la misma experiencia de esa belleza que está siempre ahí, siempre a mano, pero que hace falta una mirada nueva para descubrirla y no pasarla por alto. También la idea de elevar la mirada, ver la cúpula y otras sugerencias que la obra misma nos trajo.</p>
<p style="text-align: justify;">La semana comenzó a organizarse como un evento que fue creciendo en cada paso de su etapa previa, a los países de siempre, se le sumaron los amigos de Chile y de España. Así se sumaron 23 colegios en total.</p>
<p style="text-align: justify;">Fueron tres días con vivos por Youtube y encuentros por Webex (Zoom) Lo hicimos para los tres niveles: Infantil, primaria y secundaria, además sumamos una oferta para docentes y para las familias. En total el evento tuvo unas 15000 reproducciones. Y unos 5000 alumnos, aproximadamente, pudieron participar.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada día de la organización fue a conformándose con equipos de los dos colegios, que lograban amalgamarse, como nunca lo habían hecho antes. Esto para mí fue el primer signo de que todo estaba bien, porque la organización, en sí misma, era ya un banquete lleno de significación para los que formamos parte.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante el evento un momento clave fue la entrevista con Jec, un momento donde todos se quedaron mudos. Pude ver como detrás de cámara, la técnica y todos los que hacen la producción, que normalmente están en sus cosas, se quedaron mudos, el chat dejó de ser el espacio de las bromas típicas de los adolescentes y se transformó en un lugar de intercambio real. Fue increíble como un joven de 20 años de una favela de Brasil nos puso a todos de cara a nosotros mismos. Vimos una vida llena de desencuentros y dolores, pero con una perspectiva de positividad que resignificó cualquier dificultad que enfrentamos en pandemia. «Mi deseo es conformar la familia que no tuve, y les recomiendo a aquellos chicos que la tienen, que no se evadan con el celular, que aprovechen a sus padres y madres…»</p>
<p style="text-align: justify;">El foro de la belleza, puso en evidencia la experiencia de la nada en la mirada de la realidad que tienen los jóvenes, tema que con insistencia Carrón nos ayuda a pensar, nos pone por delante una gran tarea educativa.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro momento impensado fue la entrevista con Javier Macherano, que con la simpleza de los grandes ayudó a mostrar, que lo esencial de la existencia no está en los logros alcanzados, sino en estar atentos a lo que nos acontece, a lo que ocurre y que el éxito implica esfuerzo, enfocarse y una atención que nace en un proceso y un trabajo en equipo.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada momento de la semana internacional fue vivido con el estupor de estar presente frente a algo que no era nuestro. Lo vimos en la alegría de los alumnos, en la posibilidad de que los chicos del último año tengan un protagonismo, frente a tanta situación de aislamiento, en los errores, en los comentarios post evento, en fin, en tantas vivencias concretas que ocurrieron a cada momento.</p>
<p style="text-align: justify;">De repente, como el lema proponía, la belleza nos envolvió, nos conmovió y nos dimos cuenta que esta historia tiene un horizonte de positividad que no nos pertenece, pero al que estamos llamados. Muchos fueron las muestras de que algo había acontecido, fuimos testigos de un hecho que nos excedió.</p>
<p style="text-align: justify;">La semana siguiente al evento, en la escuela hubo reunión de padres. Todos los cursos se mostraron agradecidos y comentaron lo importante que había sido para sus hijos.   De repente, en una de las reuniones, una madre empezó a decir cosas horribles, casi insultantes. Me quedé sin palabras, pensé unos minutos para no reaccionar con la misma violencia, me dije entonces ¿todo lo que hicimos, para quién lo hicimos?.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando estaba dispuesto a decir algo, no sabía bien qué, un padre pidió la palabra, me dije, bueno… se viene una cataratas de quejas… pero frente a mi sorpresa, dijo, “no estoy de acuerdo en nada de lo que dijo esta señora”, y así empezó a hablar uno y otro y otra y el chat explotó de agradecimientos.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta ese detalle no fue descuidado por el Misterio ¿Para quién hacemos lo que hacemos? ¿Qué halagos estamos buscando?</p>
<p style="text-align: justify;">Y, justo ahí descubrí que frente a una propuesta semejante, nadie queda al margen, es como una espada afilada, pero no es nuestra. Y en ese instante entendí. Los halagos no te pertenecen. Tampoco los reproches, porque esta historia fue escrita por otro, y nos tocó sólo ser testigos de ella.</p>
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		<title>Jesús también iba al colegio</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2020/11/jesus-tambien-iba-al-colegio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 Nov 2020 14:12:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Giuseppe Frangi En la cripta de la catedral de Siena, a principios de la pasada década, tuvo lugar uno de los descubrimientos artísticos más extraordinarios de los últimos años. Liberando un espacio de los restos de una antigua obra de relleno por problemas en el coro de la catedral, aparecieron unos frescos extraordinarios de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Giuseppe Frangi</p>
<p style="text-align: justify;">En la cripta de la catedral de Siena, a principios de la pasada década, tuvo lugar uno de los descubrimientos artísticos más extraordinarios de los últimos años. Liberando un espacio de los restos de una antigua obra de relleno por problemas en el coro de la catedral, aparecieron unos frescos extraordinarios de finales del siglo XIII. En algunas partes, esos frescos conservan una calidad cromática impresionante justamente porque han estado durante siglos “protegidos” de la luz y de otros agentes atmosféricos. Este ciclo es un documento precioso del inicio de la gran pintura sienesa, donde algunos expertos han llegado a reconocer en ciertas escenas al primer Duccio, y allí aparece una escena curiosa e insólita: un niño Jesús sentado en un banco de escuela con una tablilla escrita delante.</p>
<p style="text-align: justify;">Es un niño Jesús muy aplicado, que levanta la mano para hacer una pregunta al maestro que tiene delante. Es un tema extraño, pero no único. En Alemania, por ejemplo, en una de las vidrieras del siglo XIV de Nuestra Señora de Esslingen, en Stuttgart, el artista representa una escena bellísima de María llevando al colegio a Jesús niño, en este caso un poco reacio. De hecho, le agarra del brazo enérgicamente.</p>
<p style="text-align: justify;">Es probable que ambas escenas se inspiraran en el Evangelio de la infancia de Tomás, uno de los evangelios apócrifos. «Entró decidido en la escuela y tomó un libro colocado en el atril», se dice allí. Es bonito pensar en Jesús en clase durante estos días tan delicados e importantes para nuestros colegios. Él también pasó por las aulas, por los maestros, por los pupitres. Él también vivió esas actitudes opuestas de diligencia y pereza. Aquí el primero de la clase, allí un poco rebelde. Un alumno que causaba cierta preocupación a sus padres, aunque eran preocupaciones para las que todos los padres firmarían: Jesús sabía demasiado y dejaba sin palabras a sus maestros, como cuenta el Evangelio de Tomás. Es bonito ver que la escuela es una experiencia importante y decisiva para la historia y el crecimiento de una persona, tanto que hasta el hijo de Dios pasó por allí, como todos. Jesús también tuvo compañeros de clase, hizo deberes con ellos, escuchó las lecciones de los maestros. El hijo de María y José también aprendió a leer y escribir el arameo.</p>
<p style="text-align: justify;">Podemos imaginar que le gustaba el colegio, no por su naturaleza especial, sino porque el colegio es una experiencia que no puede no gustar, por mucho que cueste. <em>Es el lugar donde se aprende a aprender. El lugar de los encuentros y de la apertura a la realidad</em>, como dijo el papa Francisco, uno de los grandes forofos de la educación. “Ir a la escuela significa abrir la mente y el corazón a la realidad, en la riqueza de sus aspectos, de sus dimensiones.  Y nosotros no tenemos derecho a tener miedo de la realidad.  La escuela nos enseña a comprender la realidad.  <em>Ir a la escuela significa abrir la mente y el corazón a la realidad</em>, en la riqueza de sus aspectos, de sus dimensiones. «¡Y esto es bellísimo!», decía Bergoglio en 2014 a un grupo de estudiantes y profesores.  <em>Realmente, la escuela es mucho mayor que los miedos.</em></p>
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		<title>Educar en tiempos de coronavirus</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2020/03/educar-en-tiempos-de-coronavirus/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 28 Mar 2020 22:46:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Giorgio Vittadini “Nunca habría dicho que podía echar de menos las clases”. Si el momento no fuera tan dramático, se podría comentar el mensaje de este estudiante con cierta ironía: el coronavirus realmente está cambiando el mundo. Los profesores están intentando que no les falten a los chavales las posibilidades de continuar con sus [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Giorgio Vittadini</p>
<p style="text-align: justify;">“Nunca habría dicho que podía echar de menos las clases”. Si el momento no fuera tan dramático, se podría comentar el mensaje de este estudiante con cierta ironía: el coronavirus realmente está cambiando el mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Los profesores están intentando que no les falten a los chavales las posibilidades de continuar con sus programas de estudio. Los instrumentos que ofrece la didáctica digital son muchos y van desde compartir sencillamente el material escrito, videos y audios mediante registro electrónico o email, a seguir clases virtuales permitidas por plataformas de diversos tipos, donde es posible verse, enseñar textos, imágenes y debatir, siguiendo un orden por mano alzada, también virtual.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de tres semanas con las escuelas cerradas en la región italiana de Lombardía, ya se pueden ver las primeras reacciones. Empecemos por la macroscópica: enseñar no es solo ofrecer contenidos y comprobar que estos son aprendidos. Se enseña cuando se entra en una relación directa. Y la falta del aspecto relacional –con adultos y compañeros– es sin duda la razón de mayor malestar.</p>
<p style="text-align: justify;">Entre las condiciones que permiten aprender, la principal es la relación con alguien capaz de ayudarte a que el conocimiento llegue a ser patrimonio personal. Otros factores importantes condicionan el aprendizaje y, paradójicamente, están saliendo a la luz en este momento de aislamiento forzoso.</p>
<p style="text-align: justify;">Pensemos en la capacidad de tomar iniciativa, pensar en problemas (es decir, hacer preguntas), aprender a trabajar juntos para alcanzar un objetivo común. O pensemos también en el esfuerzo, la motivación, la capacidad de autoregularse, la fiabilidad y la adaptabilidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Se trata de algunas de las capacidades llamadas “soft skill” (o “character skills”, o “non cognitive skill”) que tienen un gran impacto en las capacidades cognitivas, esas habilidades que un individuo utiliza para desarrollar sus actividades mentales, como recordar, hablar, comprender lo que lee, establecer nexos, deducir, evaluar, y por tanto aprender.</p>
<p style="text-align: justify;">Por ejemplo, en la escuela Zolla de Milán, con alumnos desde infantil hasta enseñanzas medias, están utilizando una didáctica interactiva vía internet que garantiza lecciones muy vivaces pues los alumnos pueden interactuar no solo con los profesores sino también entre ellos, se buscan y dialogan, casi más que antes. La semana pasada estuvo repleta de momentos interesantes, donde los temas de las asignaturas se integraban en un continuo diálogo y un trabajo personal y de grupo.</p>
<p style="text-align: justify;">La comunicación digital está obligando a docentes y alumnos a confrontarse más, a apoyarse, a tomar más iniciativa. “Esta ocasión nos ha exigido a los profesores plantearnos preguntas serias sobre la utilidad del trabajo que estamos haciendo, nos ha permitido reafirmar la enorme importancia que tiene una mirada acogedora ante los alumnos y entre nosotros, docentes, nos ha hecho reconocer las dificultades y por tanto la importancia fundamental de coordinarnos de manera específica”, afirma Teresa Pedrazzini, una de las profesoras.</p>
<p style="text-align: justify;">Aseguran que no se trata solo del cambio de una técnica didáctica. Esta nueva situación obliga a los profesores a apostar por la libertad y la razón de los chavales, que en este momento están llamados a descubrir su profunda necesidad de conocer, de entender, de hacer un itinerario. Y de descubrir lo vital que es la curiosidad personal, que con la velocidad y la multiplicación de las tareas se suele marchitar demasiado a menudo.</p>
<p style="text-align: justify;">Una ocasión para salir de la obviedad y volver a ponerse en marcha. Para vivir los tiempos del coronavirus no basta volver al punto de partida, hay que salir de la apatía y la pereza en que hemos vivido estos años, y redescubrir ese ímpetu ideal que nos hace construir, como vemos en tantas iniciativas educativas y en tantos hospitales.</p>
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		<title>Principios educativos personalistas: el alumno y su tarea</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2020/02/principios-educativos-personalistas-el-alumno-y-su-tarea/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Feb 2020 12:45:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Luis Rosa Podemos describir la tarea del alumno en torno a una palabra clave: aprender. ¿Qué es aprender? Como bien se viene diciendo desde hace ya algunos años, aprender no es sólo memorizar, como tampoco es sólo asimilar intelectualmente algunos conocimientos. Pero decir que aprender no es sólo esto no quiere decir que esto [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Luis Rosa</p>
<p>Podemos describir la tarea del alumno en torno a una palabra clave: aprender. ¿Qué es aprender? Como bien se viene diciendo desde hace ya algunos años, aprender no es sólo memorizar, como tampoco es sólo asimilar intelectualmente algunos conocimientos. Pero decir que aprender no es sólo esto no quiere decir que esto no sea importante para aprender. No debemos caer en el extremo de negar el valor de la memoria y la comprensión intelectual dentro de todo proceso de aprendizaje. Ahora bien, ni una cosa ni otra conllevan, por sí solas, el crecimiento de la persona, finalidad de todo proceso de aprendizaje. ¿Qué es, entonces, aprender? ¿Cómo podemos describir la tarea del alumno? ¿Cuál debe ser esta tarea en una escuela renovada desde el personalismo?</p>
<ul>
<li>En primer lugar, aprender es buscar la verdad. Desde el principio, muy solemnemente, adiós al relativismo. Buscar la verdad en lo personal, mejorando la propia persona, trabajando la virtud, venciendo al vicio. El alumno es una persona con voluntad de verdad.</li>
<li>Esa búsqueda implica un esfuerzo, de ahí que aprender sea realizar un trabajo, una acción. La educación personalista y comunitaria no busca alumnos pasivos, sino personas capaces de asumir la tarea de crecer, de aprender, de transformar.</li>
<li>En tercer lugar, aprender es descubrir, revelar, encontrar. El hombre está abierto al mundo y a sí mismo desde su persona; llamado a conocer lo desconocido, a penetrar en los secretos de la realidad. Aprender es poner el corazón y la inteligencia frente a las incógnitas del mundo y lanzarse al encuentro de la verdad.</li>
<li>Salir a ese encuentro es inventar, crear. No lo queremos todo hecho. Lo hecho, hecho está. La acción sigue siendo necesaria, no sólo para la transformación del mundo sino también para la realización de la persona.</li>
<li>Aprender es reconocer, y esto en dos sentidos: en primer lugar, reconociendo la verdad en aquello que se entrega, en aquello que el alumno recibe fruto del esfuerzo de otros hombres a lo largo de la historia; en segundo lugar, porque la verdad está dentro de cada cual, y conocer no es sino reconocer esa verdad última que cada persona lleva en sí.</li>
<li>Aprender es, además, crecer en autonomía, es decir, en libertad y responsabilidad. No asumir sin más lo que el profesor enseña, sino ir aprendiendo a pensar desde la voluntad de verdad.</li>
<li>Aprender es, finalmente, saber enseñar: sólo se sabe bien aquello que se puede transmitir y compartir, aquello que se sabe poner al servicio de los demás, para ayudarlos a crecer. Es la dimensión diacónica del aprendizaje.</li>
</ul>
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		<title>Educar la mirada: Saint-Exupéry en tierra de hombres</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2020/02/educar-la-mirada-saint-exupery-en-tierra-de-hombres/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Feb 2020 14:03:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Educación]]></category>
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					<description><![CDATA[por Chema Alejos A uno no le salen las cuentas. Fascinado por el ideal que nos ofrece la sociedad, y apostándolo todo por ello, te acabas encontrando desolado por un incumplimiento doloroso. Hay momentos en los que uno percibe destellos de belleza que nos sorprenden en lo cotidiano. De un modo imprevisto, como un ladrón [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>por Chema Alejos</p>
<p style="text-align: justify;">A uno no le salen las cuentas. Fascinado por el ideal que nos ofrece la sociedad, y apostándolo todo por ello, te acabas encontrando desolado por un incumplimiento doloroso. Hay momentos en los que uno percibe destellos de belleza que nos sorprenden en lo cotidiano. De un modo imprevisto, como un ladrón en medio de la noche, sucede algo que te eleva, pero al mismo tiempo ensancha aún más el anhelo de tu ser, para volver a estar mendigando sucedáneos de verdad allí donde nos lo ponen a buen precio. Podríamos decir que somos ontológicamente insatisfechos y consolarnos tontamente con el mal de muchos.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, de vez en cuando se cruzan en nuestra existencia personas que parecen no estar heridas estándolo. Viven en medio de la multitud de un modo envidiable porque saben abrazar aquello que hace la vida verdaderamente grande. Están moldeados por el mismo barro corruptible llamado a la eternidad, pero con una mirada hacia la realidad que la transfigura o, quizá, la miran sabiendo que pueden ser transfigurados por ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Saint-Exupéry tiene esa mirada elevada, amplia y profunda.  Mirada creativa capaz de descubrir el hilo dorado del que está tejido el mundo, hilo de sutura para la herida abierta de nuestro deseo. Con una imagen muy recurrente en sus escritos, él ha descubierto el agua subterránea que “gracias a ti, se abren en nosotros todas las fuentes cegadas de nuestro corazón”.</p>
<p style="text-align: justify;">El piloto francés escribió su obra «Tierra de los hombres» en un momento histórico en el que la sociedad francesa estaba desgarrada por un conflicto bélico sin precedentes, y en sus líneas se descubre muchas veces una angustiosa preocupación por los suyos elevada por la esperanza cierta de la positividad de la vida. Sus palabras no se conforman con impulsar el ánimo de sus compatriotas sino que les apremia a alzar el rostro, a dejar de contemplar la técnica bélica como salvación de Europa y descubrir aquello que realmente construye la civilización.</p>
<p style="text-align: justify;">“La grandeza de un oficio estriba, tal vez y ante todo, en unir a los hombres: sólo hay un lujo verdadero: el de las relaciones humanas”.</p>
<p style="text-align: justify;">La pretensión educativa de Saint-Exupéry queda recogida al inicio de su autobiografía. Fue con 26 años, recién incorporado como joven piloto, cuando le dieron el primer trayecto Toulouse-Dakar. La emoción de cubrir este trayecto por primera vez se mezclaba con el temor a las montañas de España que nunca había sobrevolado. El director de la Sociedad Latécoère, Didier Daurat, le preguntó si conocía bien las consignas. Pero éstas no son suficientes para afrontar por primera vez una ruta en la que en días de tormenta estaba “repleta de celadas, de trampas, de acantilados que surgían bruscamente y de torbellinos capaces de arrancar cedros de cuajo. Negros dragones defendían la entrada de los valles, haces de rayos coronaban las crestas”. La realidad se presentaba hostil al joven piloto amedrentado por las historias de los más veteranos. El señor Daurat, antes de despedirle le recordó:</p>
<p style="text-align: justify;">“Es muy bonito eso de navegar con brújula sobre España, por encima del mar de nubes; es algo sublime, pero… no lo olvide: bajo el mar de nubes… está la eternidad”.</p>
<p style="text-align: justify;">Un mar de nubes para un piloto esconde la muerte, para un montañero tiene un significado distinto. “Comenzaba a darme cuenta de que un espectáculo sólo cobra sentido dentro de una cultura, de una civilización, de un oficio”. Fue su amigo Henri Guillaumet, a quien rinde homenaje en esta obra, quien le enseñó a mirar de un modo relacional la vida humana. El joven Saint-Exupéry se “había sumido en la aridez de los mapas y no había conseguido descubrir las instrucciones que necesitaba”. Guillaumet le educa la mirada y, abriendo sobre la mesa el mapa de la Península Ibérica, le descubre aquello que una visión cuantificable no permite.</p>
<p style="text-align: justify;">“Pero ¡qué extraña lección de geografía recibí entonces! Guillaumet no me enseñaba España; él convertía España en una amiga. No me hablaba de hidrografía, ni del ganado, ni de la población. No me hablaba de Guadix, sino de los tres naranjos que, cerca de Guadix, bordean un campo: ‘Desconfía de ellos, márcatelos en el mapa…’. Y en mi mapa, desde aquel momento, los tres naranjos eran más importantes que Sierra Nevada. No me hablaba de Lorca, sino de una humilde granja cercana a Lorca. Y aquella pareja, perdida en el espacio, a quinientos kilómetros de distancia de nosotros, adquiría una importancia enorme. Instalados, como vigilantes fareros, en la ladera de la montaña, estaban prestos bajo las estrellas, para socorrer a otros hombres.</p>
<p style="text-align: justify;">Así rescatábamos del olvido, de una inconcebible lejanía, detalles ignorados por todos los geógrafos del mundo.”</p>
<p style="text-align: justify;">La geografía española, sin cambiar un ápice, se desvelaba de un modo más humano, mucho más propio. Esta mirada relacional, que no añade irrealidad al mundo, descubre “lo invisible a los ojos” porque tiene en cuenta que la verdad es una mutua relación entre el objeto y el sujeto que se relaciona con ella y con el resto de los seres. ¡Cuánta necesidad tenemos de ser educados en este modo de abrazar, acoger y descubrir las posibilidades que la vida nos ofrece y elevarnos a un modo más auténtico de ser hombres! “Poco a poco, la España de mi mapa se transformaba bajo la lámpara en un país de cuento de hadas”.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta vocación de educar la mirada empieza por dejarse guiar por tantos otros que nos han precedido y que, desgraciadamente, han sido reducidos a volúmenes polvorientos de biblioteca, CD’s en peligro de extinción o películas regaladas con los dominicales que jamás serán desprecintadas. Necesitamos ser introducidos en la vida de un modo verdadero, que nos señalen y nos acompañen pero que no nos eviten caminar. “Cada uno de nosotros, en circunstancias insospechadas, ha conocido las más entrañables alegrías. Nos han dejado una nostalgia tan grande que hasta llegamos a añorar nuestras desdichas si han sido nuestras desdichas las que las han propiciado”.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero el hombre que se mueve en la paradoja de ser grande y vil puede amordazar su propia nostalgia y sobrevivir sin responder a su naturaleza, alienado socialmente y dejándose llevar por lo que toca. “Esos hombres que se creen hombres y que, sin embargo, por una presión de la que no son conscientes, están reducidos, como hormigas, a ser sólo usados”. ¡Qué alguien nos rescate si caemos en este abismo! Urgen maestros que nos enseñen a pensar con rigor, a penetrar en cada realidad sin reducirla ni violentarla con nuestros esquemas.</p>
<p style="text-align: justify;">Para descubrir el sentido de la vida tenemos que recorrer nuestra existencia guiados por mapas trazados por aquellos que nos han precedido; mapas sin escalas, sin referencias geográficas ni hidrográficas, pero, a modo de imágenes, repleto de escenas iluminadoras que despiertan una y otra vez la nostalgia, “deseo de algo que no podemos describir”, y desvelan nuestro papel en la vida. “Sólo entonces podremos vivir en paz y morir en paz, pues lo que da sentido a la vida da sentido a la muerte”.</p>
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