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	<title>Cultura &#8211; El Bien Común</title>
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		<title>La mirada de mi padre fue mi amparo</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/la-mirada-de-mi-padre-fue-mi-amparo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Mar 2021 14:34:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[por Santiago Huvelle Los hijos nos recuerdan continuamente que también nosotros fuimos antes –somos– hijos de alguien.  Al menos para mí, la experiencia de ser padre trajo renovada la pregunta o conmoción interior por el origen.  Es inevitable.  Al mirar a nuestros hijos, al descubrir su fragilidad, su radical desamparo, descubrimos con asombrosa nitidez nuestra [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>por Santiago Huvelle</p>
<p style="text-align: justify;">Los hijos nos recuerdan continuamente que también nosotros fuimos antes –somos– hijos de alguien.  Al menos para mí, la experiencia de ser padre trajo renovada la pregunta o conmoción interior por el origen.  Es inevitable.  Al mirar a nuestros hijos, al descubrir su fragilidad, su radical desamparo, descubrimos con asombrosa nitidez nuestra enorme deuda, cuya cicatriz llevamos impresa desde el primer momento en ese vestigio gracioso –casi cómico–que es el ombligo.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin duda la deuda más fácil de reconocer es la del sustento, la del cobijo físico y psíquico.  Pero no quisiera hoy tratar de aquella deuda sino de una menos vistosa y a la vez más esencial, y a la que inevitablemente abordaré de un modo personal: la deuda que tengo con la mirada de mi padre (y donde digo padre puedo escribir también madre).  ¿En qué sentido estoy en deuda con su forma de mirar?  Se me ocurren al menos dos respuestas que son a la vez formas de dar gracias.</p>
<p style="text-align: justify;">La primera es que, antes de yo reconocerme a mí mismo, él, mi padre, ya me había reconocido como un tú.  ¿Qué quiero decir con esto?  Que fui para él alguien único, irrepetible, es decir, alguien amado.  Ser amado es a la vez ser llamado por mi nombre, rescatado del anonimato, regalado a mí mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Veamos la mirada del padre que ama desde la situación del hijo, pero el hijo recién llegado al mundo, ese que todavía no habla, que no se sostiene sólo, que se aferra al llanto como la única forma de salir de su soledad.  Veámosle despertar en medio de la noche en su cuna, sus sentidos adormilados, rodeado de amenazas, sintiendo hambre o dolor, sin reconocer nada de lo que le pasa…  Llora con un grito de auxilio.  Y entonces la madre o el padre lo recogen suavemente, lo toman en sus brazos y lo consuelan desde una ternura imprevista para ellos mismos, una ternura que los coge –a ellos, los padres– por sorpresa. El hijo sin palabras, sin memoria, es alcanzado por el consuelo hasta apagar el llanto.  El padre (o la madre) se mirará asombrado: he sido portador de consuelo para mi hijo.  Como si hubiera un corriente de amor más grande que uno porque el padre reconoce que al consolar, él también ha sido consolado; al amar, él también ha sido tocado por el amor. Esa corriente de amor que los ha envuelto a él y a su hijo –y esto es para él, el padre, otro motivo de asombro– ha sido canalizada, a través suyo, hacia el hijo. Un amor infinito capaz de consolar al hijo de la amenaza de su propia finitud.  El padre se revela como un testimonio para el hijo de un amor más grande. Su mirada, es la mirada del testigo.</p>
<p style="text-align: justify;">Una segunda mirada que fue mi amparo mientras crecía, es única en cada padre, cada padre tiene la suya.  Me refiero a la mirada que cada uno debe ganar en su vida, a base de un esforzado bracear con el mundo. Los hijos se sostienen en la mirada del padre, en cómo el padre mira.  Allí, en su mirar, aprenden cosas esenciales que luego podrán incorporar al suyo propio. Es uno de los mayores legados que los hijos podemos recibir de un padre.  Y a la vez, cuando los roles cambian, el preciado legado se vuelve tarea apasionante: sepan padres, que los hijos se sostienen en su mirada. ¿Cómo miras al mundo, a tu prójimo, a la madre de tus hijos, al dolor, al bien, a la muerte, al trabajo, a la vida?  Porque en ese horizonte que se abre ante tus ojos, apoyándose en silencio, en lo invisible, comienzan los hijos a ponerse en pie.</p>
<p style="text-align: justify;">Si tuviera que rescatar al menos una de las evidencias que me dejó huella en la mirada de mi padre, fue su mirar esperanzado, aún en medio de los dolores y abismos que la vida puede traer.  En su esperanzado mirar, percibía yo la firmeza de sus convicciones, y la mayor de todas: que el bien merece todos los dolores; pero percibía también un rotundo gracias que no lo abandonó jamás, tanto en los buenos momentos como en los malos.  Y este mirar agradecido es para un hijo una fuente de confianza enorme, que disipa las sombras hostiles del mundo exterior al hogar, o más bien: que ensancha y abre el hogar hasta abarcar el mundo y hacer de él una casa.</p>
<p style="text-align: justify;">Por ello, quisiera acabar esta breve reflexión diciéndole dos veces a mi padre (y tal vez tú al tuyo): gracias.</p>
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		<title>La belleza que salva</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/la-belleza-que-salva/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Mar 2021 12:59:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[Nicole Pretell, Alumni UFV Ayer cumplí 24 años en medio de una pandemia mundial. Acostumbrada a vivir bajo las aguas de todas sus olas -y esta es su tercera- me acomodé las gafas con las que ya me he acostumbrado a mirar todo aquello que acontece cuando la realidad se disfraza de ficción. Era la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Nicole Pretell, Alumni UFV</p>
<p style="text-align: justify;">Ayer cumplí 24 años en medio de una pandemia mundial. Acostumbrada a vivir bajo las aguas de todas sus olas -y esta es su tercera- me acomodé las gafas con las que ya me he acostumbrado a mirar todo aquello que acontece cuando la realidad se disfraza de ficción.</p>
<p style="text-align: justify;">Era la hora de la comida cuando el telefonillo sonó. Alguien buscaba un nombre que correspondía con el mío y yo no recordaba esperar ningún paquete. Me puse la mascarilla, esperé, y cuando llamaron a la puerta, un hombre de dimensiones impactantes me tendió un ramo gigante de girasoles para después desaparecer con la misma rapidez y precisión con la que se personó.</p>
<p style="text-align: justify;">Me quedé perpleja en medio del pasillo. Tres segundos más tarde una nota me descubrió que el gesto procedía de Paula, una queridísima amiga que ahora se encuentra en una isla paradisíaca allá por África. Me enviaba la calidez de los girasoles para salvarme del frío de Madrid. Mi flor favorita pertenece al verano.</p>
<p style="text-align: justify;">Escribo con ellas delante. Su olor sigue inundando mi cuarto, y el calor sobrevive como un tierno incendio en mi pecho. Sus pétalos, sin embargo, han empezado a oscurecerse, y será cuestión de días que sus amarillos se sequen. Es la belleza de lo efímero.</p>
<p style="text-align: justify;">En referencia a la efímero Muriel Barbery escribió lo siguiente: “quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren”. Eso fue lo que el gesto de Paula me recordó: vivimos en la búsqueda constante -consciente o inconsciente- de momentos cuya belleza nos ate al presente. Momentos que abran un agujero en la farsa del tiempo y sirvan de suero emocional a aquellos nostálgicos que, como yo, a veces tenemos los ojos en la nuca.</p>
<p style="text-align: justify;">El año pasado la nostalgia se convirtió en trending topic. Empezamos a escuchar canciones que, a falta de presente, hablaban de pasado. Es más, empezamos a escuchar canciones sin crear recuerdos en torno a ellas. En su artículo para Vanity Fair “Tan solos y tan juntos”, Javier Aznar se preguntaba dónde se fabrican hoy esos recuerdos que antaño se creaban en un viaje, en un bar, o en un “mira, te comparto mi auricular, creo que esta te puede gustar”. La industria musical de hoy es solo otro reflejo más de la enorme nostalgia que llevamos dentro.</p>
<p style="text-align: justify;">No sé por cuánto tiempo sobrevivirá el profundo sopor de los tiempos pasados en nosotros, pero lo que sí sé, de lo que sí guardo alguna certeza, es que llega un momento en el que tu mirada se despierta. El capullo que te envolvía se desprende, quién sabe si por cansancio o destino, y empiezas a ver, a notar el cuerpo más ligero.</p>
<p style="padding-left: 120px; text-align: justify;"><strong><em>Para Amélie Nothomb, “la vida comienza donde empieza la mirada”. Y esa es la lección más valiosa que extraigo de este periodo tan disruptivo. Para vivir con abundancia, para encontrar la belleza que salvó a Dostoievski, la mirada ha de rendirse a la absoluta belleza de todas las cosas vivas.</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">El valor de lo efímero se convierte en el valor de lo que está vivo, lo que palpita y espera, paciente, mientras nos recogemos en el refugio de nuestros pensamientos. Al igual que el sol que baña nuestras paredes cada mañana nos reconforta, nuestro día se transforma cuando nos animamos a abrir las ventanas de nuestro refugio. Es el poder de vivir de puertas -o ventanas- para afuera.</p>
<p style="text-align: justify;">Nadie permanece a salvo en su individualidad cuando contempla, porque el vivir conectado con la realidad te conmueve, te interpela.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa es mi lucha diaria, mi manera de dotar, o, mejor dicho, de ser capaz de percibir, el sentido de mis días en un mundo que cada vez se tacha más de absurdo. “Si yo hubiera sabido todo lo que iba a pasar habría hecho las cosas de otra manera. Trabajar, cocinar, leer… No sé para qué nos esforzamos tanto si nada tiene sentido, si todo es tan absurdo”. He escuchado y leído muchos comentarios así, pero ahí, junto a todo este tsunami de sinsentido, encuentro mi trinchera junto a aquellos que hemos aceptado y acogido que nuestros actos, y más los que nacen del amor, representan un fin en sí mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo efímero deja de doler, pues, tal y como dice Christian Bobin: “cada mañana tengo una cita con la belleza del mundo”. Y nos espera con los brazos abiertos: en el calor de un abrazo, en unos niños jugando en el parque, en la satisfacción del trabajo bien hecho, en un encuentro inesperado, en un pájaro creando su nido, o en los triunfos de tus amigos. Bendita amistad.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa es la belleza en la que creo. La belleza que me salva.</p>
<p>________________________________</p>
<p>Ayer cumplí 24 años, y el amor de mis seres queridos me conmovió. Los girasoles, expectantes, esperan con sosiego a que termine de escribir para que les cambie el agua. Mientras tanto escucho una canción que dice lo siguiente:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><em>«Y así fuimos inventando una nueva manera de imaginar</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Que para ver el cielo hay que hundirse en la tierra</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Y no hay más suelo que el que ahora nos aferra».</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Ser árbol. Nacho Vegas.</em></p>
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		<title>Asistimos a nuestra vida, no la hacemos</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/asistimos-a-nuestra-vida-no-la-hacemos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Mar 2021 21:34:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[Por María Hernández Martínez Esta mañana en la universidad nos hemos acordado de que hace justo un año cancelaron las clases. En general, recibimos sin mucho alboroto ni desasosiego lo que parecía que iban a ser quince días de estar en casa. Tal vez porque desconocíamos que se convertirían en una cuarentena que luego se [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por María Hernández Martínez</p>
<p style="text-align: justify;">Esta mañana en la universidad nos hemos acordado de que hace justo un año cancelaron las clases. En general, recibimos sin mucho alboroto ni desasosiego lo que parecía que iban a ser quince días de estar en casa. Tal vez porque desconocíamos que se convertirían en una cuarentena que luego se alargó durante meses y que nos recordó que la vida está hecha de imprevistos y accidentes; que la realidad pocas veces sigue nuestros planes pues, como escribe Jesús Montiel, la vida ni obedece, ni se puede domesticar.  Es un hecho, lo sabemos. No dejamos de constatarlo, sea con pequeños acontecimientos personales o con una pandemia a nivel mundial.</p>
<p style="text-align: justify;">Aun así, ¿no nos pasa que seguimos con el empeño de asegurarlo todo? ¿De no dejar ningún cabo suelto? Pero ¿por qué tendemos a arrinconar lo imprevisible? ¿Acaso no recordamos las maravillas derivadas de tantas ocasiones en las que no calculamos nada y las cosas sencillamente suceden? También esto es un hecho. ¿Hay algo que no haya recibido? Este interrogante se empeña en despertarme: el mismo pulso escapa de mi control, me es ajeno. Hasta mi anhelo más profundo, lo que me es más propio, me excede. No puede acabar en mí. Su origen y su arraigo son tan hondos que también siento que me rebasan. Lo reconozco sin dificultad.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, sin embargo, ¡qué complicado es a veces confiar! Tener la predisposición de acoger, quedarse a vivir en el verbo hágase. ¡¿Cómo?! ¿Cómo hacer para que la circunstancia, el agobio y la urgencia puntual del día no conviertan la noche en desvelo? Leo, observo y escucho en busca del remiendo. Christian Bobin me dio una pista. El escritor francés afirma que se trata de ser como un grupo de prímulas que encontró un día en el arcén junto a la carretera; porque esas prímulas existían de tal modo que estaban abiertas a la lluvia, a la sequía e incluso al arrancamiento. No hacían elección de entre lo que iba a suceder. Es verdad que si uno se para a contemplar, las flores están así, tienen la virtud de la docilidad y esa actitud es lo que más les embellece. No es el perfume, ni la forma, ni el color. Su gran atractivo es ese.</p>
<p style="text-align: justify;">«Pero claro -me digo- es que son flores, tú eres otra cosa». No obstante, hay una amiga que ha desbaratado mi objeción y que con su forma de estar en el mundo, me señala la pobreza de mi réplica. Ella es la mujer más libre que conozco. Paradójicamente, es dueña de su vida porque sabe que no le pertenece. Ella encarna con alegría esa cita de los Diarios de Iñaki Uriarte que reza “Asistimos a nuestra vida, no la hacemos”. Su presencia es una invitación silenciosa y constante a buscar cuál es su seguridad. Ella parece conocer el misterio, e intuyo que ahí se esconde la clave para ser prímula. Hace poco comentó “todo es incierto, pero algo tiene que haber seguro en la vida”. Recordé entonces que esa insistencia inquieta de mi corazón era crónica, pero que no era enfermiza. Y lo más importante, sus palabras me dieron razones para esperar que también para mí puede haber descanso.</p>
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		<title>Franco Nembrini: «El cambio no ocurrirá mágicamente al final de esta prueba, sino solo durante»</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/02/franco-nembrini-el-cambio-no-ocurrira-magicamente-al-final-de-esta-prueba-sino-solo-durante/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Feb 2021 13:34:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[«La pandemia ha barrido muchas certezas falsas y el orgullo que básicamente las justificaba y, al mismo tiempo, dejó en claro que incluso en circunstancias terriblemente dolorosas uno puede experimentar el bien, uno puede sorprenderse de la grandeza y el carácter sagrado de tantas relaciones. de muchas amistades, de muchas obras. Le pedimos a Franco [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>«La pandemia ha barrido muchas certezas falsas y el orgullo que básicamente las justificaba y, al mismo tiempo, dejó en claro que incluso en circunstancias terriblemente dolorosas uno puede experimentar el bien, uno puede sorprenderse de la grandeza y el carácter sagrado de tantas relaciones. de muchas amistades, de muchas obras. Le pedimos a Franco Nembrini, profesor, ensayista y pedagogo italiano, que “leyera” los signos de lo que ha pasado y lo que será. “El virus nos ha enfrentado con toda la fragilidad, la pobreza, toda la necesidad de que se constituye el hombre -explicó-. Una de dos: o te enojas por la mala suerte y te engañas pensando que tarde o temprano puedes salir de ella, o reconoces tu dependencia de Dios con sencillez de corazón y le pides la gracia de empezar de nuevo»</em></p>
<p style="text-align: justify;">Hemos experimentado de primera mano el desconcierto, la falsedad o la insuficiencia de cosas que considerábamos esenciales para la vida. En este sentido, la pandemia ha barrido muchas falsas certezas y el orgullo que básicamente las justificaba y al mismo tiempo dejó claro que incluso en circunstancias terriblemente dolorosas se puede vivir el bien». Franco Nembrini, profesor, ensayista y pedagogo italiano, todavía sacudido por la fase uno que ha azotado sin piedad su tierra, también se prepara para entrar en la fase dos. Y como buen anfitrión, extrae de su tesoro cosas nuevas y antiguas para que cuente la historia del paso del Coronavirus que, por un lado, generó «tanto miedo y confusión», por el otro fue una oportunidad única para redescubrir el valor de la vocación cristiana como tal y, por tanto, el valor de la figura del laicado en la vida de la Iglesia.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Jesús enseñaba a sus seguidores a «leer las señales de los tiempos». ¿Cómo leer el signo de esta pandemia y este tiempo que hemos vivido?</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Empecemos por una observación que rara vez he escuchado en los últimos días, a saber, que si es cierto que se trata de una circunstancia excepcional para toda una generación de europeos, también debemos considerar que las pandemias, el hambre, las guerras, las crisis económicas, los grandes trastornos culturales, son fenómenos que siempre han acompañado a la vida del hombre.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando era niño, en primavera se celebraban procesiones especiales para invocar la protección de Dios contra «la peste, el hambre y la guerra».</p>
<p style="text-align: justify;">En todo caso, el largo período de paz y bienestar económico que hemos disfrutado es excepcional, quizás un caso único en la historia. Y solo hay una forma de verlo, y de hecho es una gran alternativa única frente a la cual cada uno de nosotros está llamado a elegir. “Pongo la vida y la muerte ante ti”, “Detente y reconoce que yo soy Dios” estos son los dos pasajes de la Biblia que me vienen a la mente todos los días en este período.</p>
<p style="text-align: justify;">El virus nos ha enfrentado a toda la fragilidad, la pobreza, toda la necesidad que constituye el hombre. Uno de los dos: o nos enojamos por la mala suerte y nos engañamos a nosotros mismos pensando que podemos salir de ella tarde o temprano, o reconocemos nuestra dependencia de Dios con sencillez de corazón y le pedimos la gracia de empezar de nuevo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Esta vez viviste observando todo desde Bérgamo, una de las ciudades más devastadas por el virus. La de los camiones militares llevándose los cuerpos será una de las imágenes que encontraremos en los libros de historia. Desconcierto, sensación de impotencia: la epidemia de Covid-19 se ha llevado a familiares y amigos que han desaparecido en las frías estadísticas. ¿Qué piensas?</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Como toda circunstancia que Dios permite en la historia, desafía la libertad de todos y revela sus orientaciones más profundas. El dolor y la fatiga son como una lupa que nos hace ver mejor lo que vale o no para cada uno de nosotros. Así también la pandemia resultó ser una gran oportunidad para superar la superficialidad y la distracción de muchos de nuestros días y nos obligó a preguntarnos qué aguanta realmente la vida, qué resiste el paso del tiempo, «Qué esperanzas están apoyando su núcleo», como diría mi amigo Leopardi. Y debo decir que vivir esta extraña condición de inactividad y aislamiento aquí mismo en Bérgamo ha hecho que el desafío sea aún más radical.</p>
<p style="text-align: justify;">Y por eso puso ante mis ojos junto con tanto miedo y tanta confusión, también tantos espectáculos de heroísmo y santidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Hemos experimentado de primera mano, en la pérdida de muchos, la falsedad o insuficiencia de cosas que considerábamos esenciales para la vida. En este sentido, la pandemia ha arrasado con muchas falsas certezas y el orgullo que finalmente las justificaba. Al mismo tiempo, dejó en claro que incluso en circunstancias terriblemente dolorosas uno puede experimentar un bien inesperado, te puede sorprender la grandeza y la profundidad, me gustaría decir lo sagrado de tantas relaciones, tantas amistades, tantas obras. Esa es, al final, la grandeza de la propia vocación.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Con tanto esfuerzo hemos llegado a esta nueva fase. ¿Qué debemos dejar atrás y qué no debemos olvidar?</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Durante un reportaje televisivo, un joven padre de familia, reaccionando a la difusión de consignas como «lo lograremos» respondió casi gritando: «no es verdad, no lo lograremos. Porque mi padre está muerto y nadie me lo devolverá». Aquí, lo que más temo es esto: que podamos ser pacientes, soportar, incluso con cierta determinación, este momento de dolor, engañándonos de que podemos quedarnos quietos y que el fin del peligro nos encontrará tan serenos como antes. , listo para salir de nuevo, como antes. Lo temo porque es una mentira terrible. Las cosas que suceden, y más aún las más significativas, capaces de herir profundamente el corazón del hombre, no suceden en vano.</p>
<p style="text-align: justify;">Nada volverá a ser igual, pero el cambio, el tan deseado cambio para mejor, no sucederá mágicamente al final de la prueba, sino que solo puede suceder durante la prueba.</p>
<p style="text-align: justify;">Es ahora, es en el desafío de estos días que se templa el carácter de un pueblo, la fuerza de una amistad, la seguridad de un amor, la certeza de la fe. Esta constatación, vivida día a día llamando a las cosas por su nombre, movida por el deseo de comprender, es decir, conocer más la Verdad, desde el deseo de amarnos más y mejor a nosotros mismos ya los demás, de dar la vida por algo grande, útil para uno mismo y para el mundo, esto finalmente nos encontrará mejores.</p>
<p style="text-align: justify;">Y detrás de nosotros quedará la ilusión, en la que quizás nos hayamos acunado durante demasiado tiempo, de poder ser felices solos, esperando la felicidad de cosas que no pudieron darnos.</p>
<p style="text-align: justify;">Si al final todos nos encontráramos un poco más enamorados de la verdad y un poco menos conspiradores con la mentira, descubriríamos que en todo, incluso en una epidemia, hay una posibilidad de crecimiento y maduración.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>También volvemos al mundo como cristianos, después de un claustro y una abstinencia forzosa de las celebraciones eucarísticas. ¿Qué reflexión debemos hacer?</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Desde los primeros días en que el Gobierno decidió no permitir la celebración de la Misa, sentí esta circunstancia como una gran oportunidad para la verificación de mi fe. Por supuesto, me habría opuesto enérgicamente a una decisión que hubiera impedido la celebración durante un período muy largo. Pero esta misma imposibilidad, sabiendo que iba a durar poco tiempo, me obligó a preguntarme si y qué tan importante era para mí acercarme a la Sagrada Comunión.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero aún más fue una ocasión para preguntarme qué tan cierto era en mi forma de vivir la fe, que el Sacramento es la Iglesia, el cuerpo de Cristo es el pueblo cristiano, y que vivir esta pertenencia a Él nos ha sido dado. 7 sacramentos.</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca había tomado una conciencia tan clara del valor del Bautismo (el gesto misterioso mediante el cual Cristo nos asimila a sí mismo) y del valor del Sacramento del Matrimonio mediante el cual, día a día, estoy llamado a celebrar y reconocer esta pertenencia. Y, finalmente, fruto de estas consideraciones, un gran redescubrimiento del valor de la vocación cristiana como tal y, por tanto, del valor de la figura del laicado en la vida de la Iglesia. En definitiva, una buena oportunidad para redescubrir ese sacerdocio universal de los fieles del que habla el Concilio. Lo digo de una manera absolutamente no polémica, pero lo digo: ¡qué oportunidad para declericalizar un poco la vida de nuestras parroquias y de toda la Iglesia!</p>
<p style="text-align: justify;">Desde hace unos días el texto con el que, con sencillas palabras e ilustraciones de Gabriele Dell’Otto, acerca a los lectores a la obra de Dante se encuentra en la librería «Purgatorio». Al fin y al cabo, el «gran poeta» en su camino nos hace comprender que el problema no es caer, sino confiar en una mano que siempre se nos ofrece para levantarnos. Podemos considerar este tiempo como un «purgatorio» y luego, precisamente a la luz de su fatiga, de qué manera, esta vez, estamos llamados a levantarnos de esta caída, si lo es.</p>
<p style="text-align: justify;">No se trata de si hay una caída o no: la caída es el elemento más radicalmente descriptivo de la condición humana. Todos somos pecadores, todos participamos, siempre en la caída original. El problema es darse cuenta de ello y, consciente de la propia debilidad, decidir a quién dar la vida. Entonces siempre puedes equivocarte. Me llamó mucho la atención el hecho de que la pandemia alcanzara su punto máximo en la Cuaresma, durante la Semana Santa, en la celebración de la Pascua.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta coincidencia me hizo recordar que básicamente la humanidad, a partir de ese día en el Calvario, ya no está dividida entre el bien y el mal, entre justos e injustos. Todos somos ladrones.</p>
<p style="text-align: justify;">Y la decisión que nos salva, y junto con nosotros salva al mundo entero, es la de reconocer en ese Hombre crucificado junto con nosotros -continuamente crucificado, en todos los días de la historia y en todos los caminos del mundo- al Señor que él da su vida por nosotros y al que nosotros podemos dar la nuestra.</p>
<p style="text-align: justify;">El purgatorio es exactamente la descripción de esta posibilidad, es lo que hace que este cántico de la Divina Comedia sea tan familiar y tan cercano a nosotros. Porque describe el camino de los hombres salvados, un camino duro y agotador en la lucha contra el propio mal y el del mundo, pero con una alegría final que proviene de la certeza de su presencia.</p>
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		<title>Con olor a leña</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/01/con-olor-a-lena/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 19 Jan 2021 12:52:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://el-biencomun.net/?p=6345</guid>

					<description><![CDATA[Jesús Montiel &#124; 17 de enero de 2021 Me han gustado siempre los monjes, su vida se me antoja más auténtica que la del youtuber.  De modo que siempre me he preguntado si es posible vivir así en la ciudad. Rasco la cerilla y aspiro el humo, ah. Huele al pueblo de mis abuelos durante [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Jesús Montiel | 17 de enero de 2021</p>
<p style="text-align: justify;"><em><span style="font-size: 14pt;">Me han gustado siempre los monjes, su vida se me antoja más auténtica que la del youtuber.  De modo que siempre me he preguntado si es posible vivir así en la ciudad.</span></em></p>
<p style="text-align: justify;">Rasco la cerilla y aspiro el humo, ah. Huele al pueblo de mis abuelos durante el invierno. La rasco para encender la vela que hay junto al icono. Llevo un año haciéndolo, todos los días. A la hora de la siesta, cuando mis hijos ven la tele en el salón, cierro la puerta y tomo asiento en mi banquito de madera. Mis circunstancias no son las más propicias, desde luego: hablo de seis niños pequeños en un piso de cien metros cuadrados. Pero siempre hay tiempo para estar callado. Por este motivo no me creo a quienes dicen no tenerlo para leer o meditar. Cuando uno desea algo, hace lo imposible. Antes, cuando los padres no eran amigos, uno ideaba mil estratagemas para ver a la novia y burlar la vigilancia del padre, tan estricto. Rezar no es diferente: es verse con el amado, así que las excusas no valen.</p>
<p style="text-align: justify;">No podría vivir sin esta media hora, lo digo en serio. Este rato de silencio sostiene mi vida actual. Ahora entiendo lo que me ocurrió en aquella sala del cine, viendo El gran silencio. Sentí que aquella vida de los cartujos era la mía, y eso me dejó confuso. Yo estoy casado, Dios mío, fue lo que pensé. ¿Cómo puedo sentirme identificado con estos religiosos? Lo que estaba experimentando, he comprendido años después, es una llamada a la contemplación. Me han gustado siempre los monjes, su vida se me antoja más auténtica que la del youtuber. De modo que siempre me he preguntado si es posible vivir así en la ciudad, con una familia, asediado por los peligros de este mundo sensualista.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora respondo que por supuesto. Cada uno de nosotros está llamado a ser un monje sin necesidad de una cabeza rasurada, sin un rosario largo cayendo por el costado. Esa intensidad que no percibe en la mirada del monje, la calma con la que vive, nos atrae porque estamos llamados a esa misma vida, aunque sean otras las circunstancias. La vida contemplativa es vivir lo mismo que todo el mundo pero con atención, así de sencillo.</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" class="size-medium wp-image-6346 alignright" src="https://el-biencomun.net/wp-content/uploads/2021/01/monje_cartujo-portacoeli1-300x230.jpg" alt="" width="300" height="230" srcset="https://el-biencomun.net/wp-content/uploads/2021/01/monje_cartujo-portacoeli1-300x230.jpg 300w, https://el-biencomun.net/wp-content/uploads/2021/01/monje_cartujo-portacoeli1-45x35.jpg 45w, https://el-biencomun.net/wp-content/uploads/2021/01/monje_cartujo-portacoeli1.jpg 600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" />El monje, afirma Thomas Merton, es una persona que adopta una actitud crítica frente al mundo y sus estructuras. Un hombre o una mujer que desea despertar, vivir consciente, no dejarse arrastrar por lo que llamamos tedio. Que más que ser protagonista de su tiempo prefiere apartarse, echarse a un lado y mirar lo que sucede sin pretender manipularlo. Monje es quien dedica su vida a unificarse, dice Pablo d’Ors. Quiere decir reunir lo que anda disperso. De ahí la palabra meditar: poner en medio, centrar. De manera que el monje puede ser un hombre casado y con seis niños pequeños, porque es una manera de vivir en la que la eternidad anda mezclada con asuntos tan terrenos como el cajero automático. Mi desierto es el mundo que me ha tocado, este siglo de los iPhones y los youtubers. La gruta donde me recojo, una casa llena de niños. La comunidad, una mujer que no me adula, cuya fricción me humilla.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Persevera</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Apago la vela con un soplido, tras media hora de silencio. Guardo mi banquito y abro la puerta. Al entrar en la habitación, mi hijo mayor me dice que huele a leña, y asiento con una sonrisa. Quisiera que este aroma impregnase la totalidad de mi existencia. Que mi último día en la tierra sea este olor para los demás. El de una hoguera un día de mucho frío. Olor a casa, a chimenea, la fragancia de lo íntimo.</p>
<p style="text-align: justify;">Hijo mío —quisiera decirle, aunque no abro los labios—, si en un par de décadas eres un hombre capaz de encender una vela en el siglo de los ordenadores estaré más que orgulloso de ti. Porque tendrás fe. La fe significa hablar en lo escondido con tu verdadero Padre. Si cierras la puerta de tu habitación y te callas, repites la oración del corazón una vez tras otra, atento a tu respiración, sin preocuparte por tus limitaciones. Que no te amedrente tu precariedad. Persevera. Rasca una cerilla tras otra, todos los días de tu vida, hasta el día en que tú también ardas.</p>
<p style="text-align: justify;">
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Toda vida creativa es fruto del asombro</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/01/toda-vida-creativa-es-fruto-del-asombro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Jan 2021 16:51:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Álvaro Abellán-García Barrio «La más bella y profunda emoción que podemos probar es el sentido del misterio. En él se encuentra la semilla de todo arte y de toda verdadera ciencia. El hombre que ha perdido la facultad de maravillarse es como un hombre muerto, o al menos ciego», escribió Albert Einstein. En este [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Por Álvaro Abellán-García Barrio</p>
<p style="text-align: justify;">«La más bella y profunda emoción que podemos probar es el sentido del misterio. En él se encuentra la semilla de todo arte y de toda verdadera ciencia. El hombre que ha perdido la facultad de maravillarse es como un hombre muerto, o al menos ciego», escribió Albert Einstein. En este sencillo texto, el genial físico ha sabido vincular la experiencia de maravilla o asombro (subjetiva) apropiada para penetrar en la dimensión misteriosa (pero objetiva, aunque esta terminología es engañosa) de la realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta capacidad de admirarse es propia del artista y el científico geniales, pero también de todo ser humano que alguna vez fue niño y que no ha matado aquella actitud fundamental que nos abre al mundo como un regalo, una aventura y un misterio. Toda vida creativa, sea de un hombre de fama o de un niño anónimo, es fruto del asombro.</p>
<p style="text-align: justify;">Los filósofos griegos situaban el origen de la sabiduría en una actitud que denominaron thaumazein.  Nosotros solemos traducir esa palabra por admiración o por asombro, pero también significa, en algunos contextos, maravilla e, incluso, veneración. Todos estos significados vibran en el interior de la expresión griega y todos ellos son, en diversos contextos y sentidos, origen del pensamiento innovador y de una vida creativa.   El asombro nos despierta al misterio luminoso de la vida, al dramatismo de la existencia, nos descubre como protagonistas de una aventura arriesgada y retadora, siempre nueva.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin asombro, permanecemos encarcelados en el sueño de las sombras, las apariencias y las opiniones (la doxa), caemos en la rutina, en lo siempre igual, todo nos parece seguro y acabado, evidente, sencillo, neutral… y nada nos libera de lo ya dado, sabido o hecho. Ponemos el piloto automático y toda novedad, todo acontecimiento, quedan relegados a un funcionamiento mecánico que asfixia nuestra condición personal. Nosotros mismos podemos volvernos extraños, extranjeros en nuestra propia casa, trabajo y vida.</p>
<p style="text-align: justify;">El asombro se mueve en un delicado equilibrio entre la atracción y curiosidad que nos suscita una realidad y el sumo respeto que nos inspira, tensión que los clásicos llamaron veneración. Sin atracción, sin curiosidad, sin querer acercarse y comprender lo maravilloso (sin querer, en cierto modo, apropiárnoslo), todo lo que nos rodea acaba por sernos indiferente. Por otro lado, sin una atención respetuosa (sin guardar ante ello cierta distancia), corremos el riesgo de apagar lo maravilloso con nuestros prejuicios o de manosearlo y reducirlo a nuestros intereses.</p>
<p style="text-align: justify;">Podemos rastrear las huellas del asombro en todo inventor, en todo filósofo, en todo creativo, en toda persona de vida feliz de la que tengamos noticia. El trabajo de Leonardo da Vinci sobre la anatomía humana es un buen ejemplo de ese equilibrio vital que genera el asombro, así como de los frutos posibles de una vida consagrada a mantener y comunicar su asombro por la realidad.   Al leer la autobiografía o los diarios de un gigante descubrimos que su saber mirar y su dejarse sorprender por lo que existe fue el primer paso para despertar a su propia vocación. Cuando la persona alcanza, en algún ámbito de su vida, ese delicado equilibrio entre la atracción y el respeto empieza la aventura de hacerse, a sí misma, luminosa y venerable.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Qué es para ti lo más asombroso?</p>
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		<title>Abrir los ojos</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2020/12/abrir-los-ojos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 16 Dec 2020 17:01:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Jesús Montiel Abrir los ojos es el trabajo de la esperanza. La esperanza abre los ojos de cada persona cada mañana, como los comerciantes la persiana de su negocio. Todos los días abrimos los ojos porque esperamos algo. Porque en el fondo creemos que algo va a llegar, siempre]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Jesús Montiel</p>
<p class="_04xlpA direction-ltr align-start para-style-body"><span class="JsGRdQ">Abrir los ojos es el trabajo de la esperanza.</span> <span class="JsGRdQ">La esperanza abre los ojos de cada persona cada mañana, como los comerciantes la </span><span class="JsGRdQ">persiana de su negocio.</span></p>
<p class="_04xlpA direction-ltr align-start para-style-body"><span class="JsGRdQ">Todos los días abrimos los ojos porque esperamos algo.</span></p>
<p class="_04xlpA direction-ltr align-start para-style-body"><span class="JsGRdQ">Porque en el fondo creemos que algo va a llegar, siempre</span></p>
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		<title>Es urgente leer a C.S. Lewis</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2020/11/es-urgente-leer-a-c-s-lewis/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 29 Nov 2020 13:56:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Juan Bagur Taltavull Serenamente, en su casa de Oxford, fallecía Clive Staples Lewis a la edad de sesenta y cuatro años, el 22 de noviembre de 1963. Ya entonces era reconocido como lo que hoy sigue siendo: históricamente, uno de los intelectuales británicos más importantes del siglo XX. Nos congratulamos al comprobar que todavía [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Por Juan Bagur Taltavull</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Serenamente, en su casa de Oxford, fallecía Clive Staples Lewis a la edad de sesenta y cuatro años, el 22 de noviembre de 1963. Ya entonces era reconocido como lo que hoy sigue siendo: históricamente, uno de los intelectuales británicos más importantes del siglo XX. Nos congratulamos al comprobar que todavía es ampliamente difundido y leído en su patria. No ocurre lo mismo, lamentablemente, en nuestro país. Razones de peso, más que nunca, para que reivindiquemos su nombre, su memoria y su legado hoy, en la fecha de su fallecimiento.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Como anécdota personal que ilustra esa popularidad de Lewis fuera de nuestras fronteras, en su tierra, puedo documentar de mis viajes por tres de las cuatro naciones de Reino Unido, de los últimos tres años, que he encontrado las principales obras del medievalista norirlandés en cada uno de ellos. Y no en establecimientos especializados, sino en tiendas de recuerdos o iglesias anglicanas de ciudades como Londres, Edimburgo y Cardiff. Además, y para alivio de mi bolsillo, en un formato muy asequible elaborado por Harper Collins, la editorial que publica de forma oficial las obras del gran Inkling.</p>
<p style="text-align: justify;">En España, por el contrario, C.S. Lewis no es todo lo conocido que merece. Ciertamente, Las crónicas de Narnia (1950-1956) gozan de gran popularidad entre adolescentes y amantes de la fantasía, y en círculos cristianos son aclamados libros como Mero cristianismo (1952) o las sensacionales Cartas del diablo a su sobrino (1942).</p>
<p style="text-align: justify;">Sin desmerecer ni lo uno ni lo otro, querría presentar otra faceta del autor: la del pensador que analizó de forma muy perspicaz la crisis de la Razón positivista, avanzando de manera muy convincente dos de los grandes problemas que plantea en el siglo XXI: el transhumanismo y la tecnocracia. Para ello me centraré en dos libros: La abolición del hombre (1943) y Esa horrible fortaleza (1945), que tienen la original virtud de lidiar al alimón con las mismas cuestiones, el primero como ensayo y el segundo a través de la fantasía. El contexto de escritura y publicación de las obras es fundamental: la II Guerra Mundial, porque fue un acontecimiento que ayudó a muchos intelectuales a ver los peligros de la técnica sin límites y de la ciencia deshumanizada.</p>
<p style="text-align: justify;">Las cámaras de gas nazis fueron la evidencia de que, como escribió Chesterton, “loco no es el que ha perdido la razón, sino el que lo ha perdido todo, todo, menos la razón”, pues constituyeron un ejemplo de planificación científica puesta al servicio de la supuesta mejora de la raza humana.</p>
<p style="text-align: justify;">A pesar de que fueron ellos quienes llevaron la eugenesia a su máxima expresión, no fueron ni mucho menos sus inventores: un dato tan significativo como desconocido es que el Primer Congreso Internacional de Eugenesia se celebró en Londres en 1912, y que en él participaron integrantes de la toda la elite intelectual británica, tanto de derecha como de izquierda. La idea de que el ser humano es una especie de objeto maleable que se puede mejorar aplicando determinadas técnicas estaba plenamente arraigada en la Europa de las primeras décadas del siglo XX. Y no faltaron tiranos como Stalin que siguieron creyéndolo después de la derrota de Hitler, aunque en su caso el “hombre nuevo” se trató de alcanzar a través de la reprogramación de las mentes y no de la raza, constituyendo lo que Lewis llamó un “condicionador”.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La razón humilde de C.S. Lewis</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, a la vez existió después de la II Guerra Mundial una constante entre muchos pensadores que se preguntaron por qué la Razón, el gran ídolo europeo desde la Ilustración, había conducido a la tiranía totalitaria a través de la sacralización de la técnica. Lo interesante es que no fue una escuela de pensamiento en concreto la que reflexionó sobre este tema, sino que lo hicieron integrantes de corrientes de diverso tipo: la neomarxista Escuela de Frankfurt de Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, liberales del estilo de Hannah Arendt, Friedrich Hayek o Isaiah Berlin, y cristianos como Jacques Maritain o Gabriel Marcel. También lo hizo C.S. Lewis, y, a mi juicio, siendo capaz de escribir en apenas cien páginas lo mismo que otros tuvieron que explicar con mucho más papel.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestro autor argumenta en La abolición del hombre que existen dos formas de aproximarse a la realidad: tratarla como objeto o como misterio. No lo dice así explícitamente, pero me permito creer que no me reprocharía vincularle con esta categorización porque es la que hizo Martin Buber, a quien cita al final de la obra intuyendo que, en el futuro, ofrecería reflexiones muy interesantes sobre estos temas. La diferencia, en cualquier caso, radica en que un objeto es algo que se puede conocer en su totalidad, desgajándose en partes reductibles para un análisis del que nada escapa. Es lo que Lewis llama “naturaleza”, entendida como el ámbito de la existencia conquistado por el hombre y reducido a la cuantificación a través de la abstracción. El misterio por el contrario es lo que define a la persona, de la que mucho puede vislumbrarse pero nada adivinarse, pues la libertad interna y el acontecimiento externo la hacen inasequible a una comprensión absoluta.</p>
<p style="padding-left: 120px; text-align: justify;">C.S. Lewis apostó por una Razón humilde, que, en lugar de violentar la realidad, la acogiera en su totalidad, y actuara como la “Musa pedestris” que se aparecía a los caminantes para inspirarles, frente a la Razón soberbia o lobo feroz que, después de seducirnos, nos pierde</p>
<p style="text-align: justify;">El error de las ideologías totalitarias consiste precisamente en tratar a los individuos como objetos y no como misterios, o, en palabras de Lewis, en abolir la humanidad reduciéndola a una naturaleza sometida a leyes infalibles. Un filósofo compatriota de Lewis, Michael Oakeshott, habló por esto de la “política del manual de instrucciones” para definir a quienes desconocen la condición misteriosa de la persona, porque creyendo tener la clave de su condición, se limitan a aplicar su ideología pretendidamente científica a todas las situaciones que se les cruzan, como si estuvieran construyendo una máquina. Y el gran problema es que, cuando la realidad no es como describe el compendio en el que creen ciegamente, se ven obligados a destruirla porque les supone un estorbo, siendo incapaces de ver que el mundo particular nunca es sustituible por la ideología abstracta. De ahí que diga Lewis que los cientificistas se parecen a los magos, en tanto que ambos pretenden someter la existencia a su voluntad. Estaría de acuerdo con Ortega y Gasset, que hablaba de “la magia del deber ser” para describir esa fe ciega en las ideologías cerradas.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero C.S. Lewis no era irracionalista. La salida postmoderna, que, con precedentes como Nietzsche, llevó desde los años sesenta a negar la existencia de la verdad objetiva, no habría sido de su agrado. Antes de que los seguidores de Lyotard parecieran abocarnos a un mundo relativista, él apostó por una Razón humilde, que, en lugar de violentar la realidad, la acogiera en su totalidad. Para impulsarla defendió la “doctrina del valor objetivo”, que parte de la idea de que el mundo existe con independencia de nuestra mente, negando así el dualismo con el que Descartes inauguró la modernidad filosófica. Sus discípulos más radicales llegaron a creer que la mente humana es todopoderosa y construye la existencia, frente a lo que Lewis sostiene que la realidad está ahí y nuestra mente simplemente tiene que reconocerla tal y como es. Por ello, el mérito que encontramos en algo no es fruto de nuestros sentimientos, sino de aceptar que dicho algo merece ser valorado. Por ejemplo en una persona: su valor es siempre infinito, y de nosotros solamente depende el ser capaces de descubrirlo, digan lo que digan nuestras ideas.</p>
<p style="padding-left: 120px; text-align: justify;">Lewis nos muestra que la existencia no se reduce a datos cuantificables sino que incluye emociones, actos libres y acontecimientos inesperados, comprensibles mediante la imaginación y el ejercicio de la humildad, virtud que debe acompañar a la Razón para no convertir el mundo en un simple objeto a conquistar</p>
<p style="text-align: justify;">Existen, por lo tanto, verdades objetivas, dentro de cuyos límites invita Lewis a que actúe nuestra mente. Al exponer esta tesis no estaba descubriendo nada, sino recordando lo que ya habían planteado escuelas de pensamiento de todas las épocas y latitudes. Él cita como sinónimos de su doctrina las nociones de Ley Natural, Moral Tradicional, Primeros Principios, Razón Práctica… o Tao, que es el concepto que él prefiere utilizar. Seguramente porque Tao significa Camino, y, de forma simple, nos indica lo importante de recordar que el ser humano, como dijo también Ortega evocando a Aristóteles, es un animal proyectivo, siempre caminando hacia un objetivo. Lewis nos recuerda que la Razón humilde es como la “Musa pedestris”, aquélla que se aparecía a los caminantes para inspirarles, mientras que la Razón soberbia es el lobo feroz que, después de seducirnos, nos pierde. Así es porque salirse del Tao significa rechazar la existencia de verdades objetivas, y donde éstas no se encuentran, solamente quedan dos opciones: el puro poder o las emociones aisladas, y con ello dos alternativas políticas, la tecnocracia y la emocracia.</p>
<p style="text-align: justify;">A través de Esa horrible fortaleza, Lewis nos transporta a una distopía fantástica en la que se impone la primera, aunque, eso sí, una vez que la manipulación de las emociones ha preparado el terreno. En Edgestow, ciudad imaginaria de Inglaterra, se instaura el NICE (siglas en inglés de “Instituto Nacional de Experimentos Coordinados”, también juego de palabras que nos indica que el poder siempre se presenta de forma agradable). Se trata de un macroproyecto que reúne a científicos de todas las disciplinas, contando con apoyo financiero y patrocinio de las instituciones públicas. Sin embargo, su objetivo, en principio loable, se descubre totalitario, cuando Mark y los demás protagonistas se dan cuenta de que pretende desbancar al Estado para crear una nueva era que, como la querida por Comte en el siglo XIX, llegue a ser “verdaderamente científica”. No se refieren con ello a buscar curas para las enfermedades o a encontrar vías para acabar con la pobreza, sino a construir “un nuevo tipo de hombre” que ya no esté sometido a los límites de su existencia. En palabras de un personaje, Feverstone, “si se le da verdadera vía libre a la ciencia, puede hacerse cargo de la raza humana y reacondicionarla, convertir al hombre en un animal realmente eficaz”. Para lograrlo, el NICE establece una nueva disciplina, la “pragmatometría social”, que, coordinando el trabajo de sociólogos y científicos de todas las áreas, convierte al ser humano en un amasijo de datos abstractos sobre los que trabajar.</p>
<p style="text-align: justify;">Es curioso leer a Lewis, porque este proyecto para él diabólico es exactamente el mismo que ha puesto de moda Yuval Noah Harari, uno de los gurús de nuestros tiempos. En su best seller mundial Homo Deus, propone el “dataísmo” como nueva religión del siglo XXI, en términos similares a los del NICE. Y además con el mismo objetivo: el escritor israelí pretende que el Homo Deus desbanque al Homo sapiens, haciéndolo inmortal y fusionándolo con la tecnología, de un modo que nos recuerda al plan del “Círculo Interno” que dirige el instituto británico. Dice uno de sus integrantes, Filostrato, que el NICE sirve “para sacar de ese capullo de vida orgánica que resguardó la primera infancia de la mente al hombre nuevo, el hombre que no morirá, el hombre artificial, libre de la naturaleza. La naturaleza es la escalera por la que trepamos y que ahora desechamos”. Frente a la persona se nos presenta al cíborg inmaculado y todopoderoso, que Lewis denuncia de forma irónica a través de François Alcassan: un hombre guillotinado cuyo cerebro se ha mantenido con vida, convirtiéndose en el primer hombre-dios. Si en El Señor de los Anillos, su amigo Tolkien presentaba al mal a través del ojo que todo lo ve, Lewis lo identifica con el cerebro que todo lo cuantifica. Es la proyección última y literal de lo que en La abolición del hombre llamó “hombres sin pecho”, o “sin corazón”, según una traducción tal vez más acertada.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Gracias a la imaginación</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Al mismo tiempo, Lewis describe una comunidad de personas organizadas contra la tiranía, que incluyen a Mark y a su mujer Jane, a Ramson –al que ya conocen los lectores de los otros dos libros que componen la Trilogía Cósmica de la que forma parte Esa horrible fortaleza–, e incluso a Merlín. De esta manera, el cientificismo es combatido a través de la fantasía, sabiendo el autor que, como escribiera Julián Marías, “la metáfora es una forma de pensamiento científico” y “el medio esencial de intelección”. Gracias a los “macrobios”, a Perelandra/Venus, al reino de Logres, al tolkiniano Numinor… Lewis nos muestra que la existencia no se reduce a datos cuantificables, sino que también incluye emociones, actos libres y acontecimientos inesperados que son a veces más difíciles de descubrir que lo anterior, y que, gracias a la imaginación, empezamos a comprender. Pero esto requiere la ayuda de una virtud muy olvidada: la humildad, que debe acompañar a la Razón para que el mundo –físico y social– no se convierta en un simple objeto a conquistar. En este sentido, una frase muy interesante que se repite en los dos libros es la siguiente: “Lo que llamamos poder del hombre sobre la naturaleza resulta ser un poder ejercitado por algunos hombres sobre otros hombres con la naturaleza como su instrumento”. No se trata de despreciar la técnica: todo lo contrario, el reto sigue siendo introducirla en el Tao para evitar la abolición de la condición humana. “La verdadera vida es encuentro”, escribe también el Inkling, y, releyéndole, estaremos más cerca de descubrir lo que esto significa.</p>
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		<title>«El coronavirus ayuda a entender la mortandad indígena en Hispanoamérica de hace quinientos años»</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2020/11/el-coronavirus-ayuda-a-entender-la-mortandad-indigena-en-hispanoamerica-de-hace-quinientos-anos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Nov 2020 15:17:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[Entrevista a Iván Vélez Iván Vélez (Cuenca, 1972) es arquitecto e investigador. Ha escrito y publicado varios trabajos sobre la historia de España, centrando sus esfuerzos en desentrañar la realidad de la Leyenda Negra. Ahora firma Nuebas mentirosas (Ediciones Encuentro), una recopilación de artículos que funciona como un mosaico, según explica él, y con la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>Entrevista a Iván Vélez</em></p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" class="size-full wp-image-6307 alignleft" src="https://el-biencomun.net/wp-content/uploads/2020/11/00478.jpg" alt="" width="300" height="269" />Iván Vélez (Cuenca, 1972) es arquitecto e investigador. Ha escrito y publicado varios trabajos sobre la historia de España, centrando sus esfuerzos en desentrañar la realidad de la Leyenda Negra. Ahora firma Nuebas mentirosas (Ediciones Encuentro), una recopilación de artículos que funciona como un mosaico, según explica él, y con la que pretende ofrecer las herramientas necesarias para enfrentarse a las tergiversaciones históricas que se han sucedido en los últimos tiempos debido a la celebración de algunos aniversarios destacados —se cumplen quinientos años de la conquista del Estado mexica llevada a cabo por Cortés, y también de la primera circunnavegación a la tierra—. Hablamos con él:</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pregunta: La Leyenda Negra es un tema controvertido dentro de España. ¿Cuál sería su definición más ajustada?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Yo creo que la Leyenda Negra corresponde, más que otra cosa, a una metodología distorsionadora que se centra en minusvalorar los aciertos de la historia de la sociedad española y en agrandar sus defectos o sus errores. Es una especie de espejo del callejón del Gato o de prisma interpuesto entre los hechos y el informador. Un elemento deformador de la realidad. Tanto la actual como la histórica. En ese sentido, me parece que exagera en ambos casos: para quitarle escala a los logros de España —tanto en su etapa imperial como nacional— y para aumentar los errores que ha cometido, como cualquier otra sociedad política.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>P: A los críticos de la Leyenda Negra se les suele tildar de meros defensores de la «Leyenda Dorada». ¿Cuánto hay de acertado en esa visión?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">R: No creo que sea acertada, la verdad. Lo que sí que creo es que a los personajes históricos hay que contextualizarlos en su época. Es decir, no se les puede exigir, en el caso de Cortés, por ejemplo, perspectivas de género o visiones democráticas. Porque él pertenecía a una sociedad con una estratificación social muy concreta, en la que existía una visión de la trascendencia diferente a la nuestra. En ese sentido, personajes como Cortés son una especie de piedra de toque porque, efectivamente, y eso tampoco hay que negarlo, muchos lo ven como una especie de superhéroe de coraza reluciente —lo cual es un error— y otros como a un depredador. Pero analizar a ese tipo de personajes con la mayor objetividad posible es la mejor manera de comprender lo ocurrido. En el libro he trabajado mucho la figura de Cortés porque creo que en él convergen muchas de estas vertientes, tanto de la Leyenda Negra como de la Dorada. Es un buen punto de partida para buscar un equilibrio, para atenerse a la documentación, a las fuentes, y para aprender a alejarse de los estereotipos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Por seguir con el debate: leyendas negras las han tenido todas las grandes potencias históricas, ¿no? ¿No es posible que exista un cierto victimismo en esa idea de la Leyenda Negra española, promovida todavía, además, por otras potencias extranjeras?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Bueno, sí que es cierto que todos los grandes Imperios han sufrido sus propias leyendas negras. Es lógico, por otro lado. Lo que pasa es que el Imperio español tuvo dos características propias: por un lado su dominio político y militar, puro y duro, y por otro su carácter católico. El cisma protestante hizo que las críticas que recibía como poder político en sí —algo que les ha sucedido a todos los imperios—, se redoblasen desde una perspectiva religiosa. Claro, todo responde a una época determinada y a un tablero geopolítico muy distinto al actual. Ahora España no es un Imperio, eso es evidente, pero precisamente por eso resulta llamativa la persistencia de su Leyenda Negra. Un factor muy importante para entenderla es la asunción de esa visión distorsionada de la historia por parte de amplios sectores de la propia sociedad española. Es lo que impide realmente su superación. Al final, el problema de la Leyenda Negra es que los españoles se la han creído a pies juntillas. Un ejemplo que puede verse hoy en día es esa idea que impera dentro de ciertos sectores de la izquierda de que España es una prisión de naciones intolerante y fanática.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y desde el punto de vista histórico, ¿cuándo comenzaron los españoles a creerse su propia Leyenda Negra? ¿Por qué razones persiste esa creencia todavía?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Pues no existe un momento concreto. En términos generales, sin embargo, sí que puede decirse que la Leyenda Negra fue asumida en mayor medida a partir del siglo XVIII. Y sobre todo a lo largo del XIX. Por un lado el cambio dinástico Austrias-Borbones y por otro el enfrentamiento constante entre conservadores y liberales que caracterizó el XIX, con todos sus matices, que son muchísimos, generó una división dentro de la sociedad española que todavía persiste. Ese fue un caldo de cultivo que permitió que arraigase con cierta fuerza la Leyenda Negra en algunos sectores. La situación actual, por otro lado, tiene que ver inevitablemente con el franquismo. Ahora existen algunos que parecen creer que toda la historia de España se reduce a los cuarenta años del franquismo; y claro, puesto que el régimen de Franco reivindicó, a veces de una manera acertada y otras de forma artificiosa algunos episodios de la historia española, recuperando además algunos símbolos imperiales, el antifranquismo ha asumido automáticamente la Leyenda Negra. Pero bueno, todo eso puede superarse yendo a las fuentes, simplemente. También dándonos cuenta de que el franquismo no fue un fenómeno perfectamente homogéneo, sino que existieron diversos franquismos enfrentados entre sí. Todo se trata de una visión bastante grosera de un periodo histórico reciente que, insisto, es limitado en el tiempo. No podemos seguir pensando que toda la historia española gira en torno a lo ocurrido entre 1939 y 1975.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Por continuar con la Leyenda Negra, su vertiente más extendida actualmente es la que afecta a Hispanoamérica, que es la que más tocas en el libro.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí. En Hispanoamérica persisten todavía muchos ingredientes negrolegendarios. Existe sobre todo un indigenismo que ha sido cultivado por las iglesias evangélicas norteamericanas. Eso es un hecho. Se trata otra vez de esa dialéctica entre lo político y lo religioso. Pero, por otro lado, lo que no se puede obviar tampoco es que muchas de las naciones hispanoamericanas, en sus fundaciones, o durante sus construcciones, dieron un salto histórico y quisieron vincularse al mundo prehispánico dejando en una especie de vacío su pertenencia al Imperio español. Entraron en el juego de la Leyenda Negra cuando decidieron negar su pasado imperial y centrarse únicamente en lo negativo de esa herencia. Es un fenómeno curioso, en realidad, porque fueron procesos encabezados por criollos, es decir, por gente homologada, por así decirlo, a las élites españolas. Pero se trata de un tema largo y complejo. En resumidas cuentas, explicando de manera esquemática la situación, la persistencia de la Leyenda Negra en Hispanoamérica podría explicarse debido a dos factores: la construcción de unas naciones decimonónicas que negaron al Imperio español en gran medida; y el crecimiento constante del indigenismo que promulgan las iglesias protestantes en esos territorios. Lo que pasa, sin embargo, es de que si la Leyenda Negra triunfase realmente allí, las que acabarían disolviéndose serían las propias naciones hispanoamericanas, ya que las actuales fronteras políticas no se ajustan a las fronteras étnicas, que son las que defiende el indigenismo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Se obvia a veces que el pasado hispánico de esos lugares está ya imbricado profundamente en sus sociedades, y que por tanto también legitima de alguna forma a sus estados?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Claro. Lo que pasa por ejemplo es que la crisis mapuche que hemos visto, alentada por terceras potencias, además, y que está ahí soterrada, desdibujaría las fronteras entre Argentina y Chile. O el caso de Bolivia, estado plurinacional formado por distintas naciones étnicas que quiere dejar hacer, de un modo parecido al que se usaba en las reservas norteamericanas, a esas microsociedades. Quiere dejarlas impartir su propia justicia, por ejemplo. A mí me parece que eso es incompatible con las naciones políticas modernas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Una crítica a esas posturas que reniegan de la herencia hispana es que los que las esgrimen son descendientes de los españoles.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí. Son posturas que sólo se sostienen con muchas dosis de ignorancia y de mala fe. Es decir, presuponer que antes de la llegada de los españoles aquello era un paraíso es una visión infantil. Y de hecho la arqueología demuestra, día sí día también, que los sacrificios humanos eran constantes o que se trataba de sociedades que se sustentaban gracias a la esclavitud. Evidentemente, los españoles tampoco implantaron un paraíso, pero tampoco lo destruyeron. Más allá de todo eso, todas las naciones hispanoamericanas son fruto de la evolución de las estructuras hispanas. Todas. Ninguna ha restituido lo que había en la época prehispánica. Lo que han hecho ha sido ir adaptando las estructuras virreinales a lo largo de extensos procesos encabezados por criollos y élites urbanas. Se han homologado a la propia nación española, que también es fruto de una transformación del Imperio. Esa es la realidad. Todas las teorías alternativas responden a intereses espurios. En México, por ejemplo, lo que pretende López Obrador cuando dice lo que dice es tapar otros problemas que tienen ahí, en esa nación hermana nuestra. Y no hay más. Porque insisto: no hay manera de restaurar el Imperio mexica; y de hecho, ni siquiera las fronteras del antiguo Imperio mexica se ajustan a las de los actuales Estados Unidos Mexicanos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>También levantan ampollas las medidas tomadas en algunos lugares de Estados Unidos, que retiran estatuas a Colón y a otras figuras ligadas al Imperio español por considerarlo el causante de un genocidio.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Bueno, en Estados Unidos y en el resto del continente americano se están quitando las estatuas de Colón porque es el que más tiene; pero en México, por ejemplo, no existe ninguna estatua de Hernán Cortés; y en Perú las pocas que hay de Pizarro están colocadas en los lugares más recónditos. Es algo muy curioso, cuanto menos.   De hecho, el movimiento de erección de estatuas a Colón en Estados Unidos se hizo precisamente para «europeizar» las conmemoraciones del descubrimiento; para no centrarlas exclusivamente en España. Como se supone que Colón era genovés, esas estatuas pretendían desviar parte de los honores hacia Italia. Fue un movimiento promovido por la comunidad italoamericana. Lo que pasa es que ahora el derribo de las mismas se justifica con el argumento de que la llegada de Colón abrió las puertas, por así decirlo, al genocidio indígena. A mi juicio, es una crítica que sí que está más centrada en el Imperio español, porque no se condena a Colón, la persona, por genocida, aunque también, en algunos casos, sino más bien como el descubridor de un territorio que, debido a eso, sufrió después los «excesos hispanos». Visto desde ese prisma es un fenómeno que indica hasta qué punto la Leyenda Negra persiste allí: de ensalzar la figura de Colón por su vinculación a Italia se ha pasado a denostarla por su vinculación a España.   Al final, Colón y España han funcionado como chivos expiatorios en los que se han descargado unas culpas que, en el caso de Estados Unidos, pertenecen más a los ingleses.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Pero se puede decir realmente que el Imperio español ha sido el chivo expiatorio, o también existen críticas al pasado imperialista británico de las que nosotros no nos hacemos eco?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">La verdad es que ignoro en profundidad lo que ocurre en la sociedad norteamericana. Desde luego, lo que llega hasta nosotros son esas medidas concretas con respecto al pasado hispano. Son medidas que beben de una visión histórica repleta de exageraciones provenientes de la Leyenda Negra española. Y creo que si también se estuviesen quitando estatuas conmemorativas a grandes figuras de la colonización británica o de la expansión estadounidense, algo nos llegaría. Pero no parece que sea el caso.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Hablando del genocidio. Otro argumento utilizado es el de que la grandísima mayoría de las víctimas no perecieron a causa de la violencia de los conquistadores, sino de las epidemias involuntarias que se desataron tras su llegada.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Claro. Es un tema que está de actualidad, además. Fíjate que ahora China, la gran potencia, ha sido el núcleo irradiador de una epidemia que está afectando a todo el globo. Pues hace quinientos años ocurrió algo parecido. ¿Qué pasó entonces? Que coincidieron en el espacio y en el tiempo unos colectivos humanos muy diferenciados, que no habían tenido contacto previo, y resultó que las defensas naturales de los pueblos indígenas no estaban preparadas. Eso produjo una mortandad enorme, sí, pero que tampoco es achacable a los españoles. Los españoles ni siquiera poseían remedios médicos para combatir el mal. Se trata de un argumento poderoso porque demuestra que muchísimas de las muertes se produjeron incluso antes de que los españoles estableciesen contacto directo con los núcleos de población indígena. En muchos casos lo que pasaba es que un nativo que había tenido contacto con españoles, debido a las relaciones comerciales, regresaba a su poblado y contagiaba la enfermedad a sus vecinos. Y esto lo explico porque a veces se ha esgrimido la idea de que los españoles llevaron a cabo una especie de guerra bacteriológica. Es algo que no tiene ningún sentido. De hecho, las epidemias no cesaron con la implantación del Imperio. Dentro de los virreinatos también se sucedieron varias plagas. Fue un fenómeno similar a lo que está pasándonos ahora. En ese sentido, salvando las distancias evidentes, el coronavirus puede ayudar a entender lo que sucedió realmente hace quinientos años.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Por alejarnos de América, en el libro también tocas la polémica reciente con respecto a Magallanes, Elcano y la primera circunnavegación de la tierra.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Efectivamente. Ahora que hemos celebrado el quinientos aniversario de ese acontecimiento se han hecho patentes los complejos de ciertos sectores de la sociedad española. Se ha visto incluso dentro del Gobierno, cuando ha tratado de repartir el mérito de la circunnavegación entre España y Portugal. Pero nada más lejos de la realidad histórica. Magallanes, que en ningún momento tuvo la intención de dar la vuelta al mundo, no sólo no llegó a cumplir su propio propósito, sino que ni siquiera se consideraba portugués cuando partió. Se naturalizó español. Pero es que además, quien dio la vuelta al mundo fue Elcano. Es decir, el factor portugués fue inexistente. De hecho, se sabe perfectamente que la corona portuguesa, por medios tanto sutiles como violentos, trató de impedir ese viaje. ¿Qué ocurre entonces? Pues que un acontecimiento absolutamente trascendente en la historia de la humanidad, en el que se verificó por la vía de los hechos que la tierra era redonda, y llevado a cabo exclusivamente por iniciativa española, no ha sido reivindicado de la manera que debía por el propio Gobierno español. Yo no tengo nada en contra de Portugal, pero la decisión de compartir los méritos de esa gesta no tiene sentido. Portugal no tuvo nada que ver: ni Magallanes se consideraba portugués en ese momento, ni pretendió nunca dar la vuelta al mundo, ni llegó siquiera a pisar las Molucas, que era adonde pretendía llegar realmente.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>En el libro mencionas el argumento del historiador José Álvarez Junco, que llama la atención sobre el hecho de que en ese momento España no existía como la conocemos ahora y que reivindicar sus méritos carece de sentido.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">R: Claro. Y lo hago porque hombre, la España de aquel momento no es la de hoy, eso es innegable, pero eso tampoco quiere decir que no existiera España. A todas las personas que esgrimen el argumento de Álvarez Junco habría que preguntarles cómo es posible que Colón bautizase a la primera isla que pisó en América como «La Española»; o cómo fue posible que Hernán Cortés llamase «Nueva España» al territorio conquistado. Es decir, si no existía España, ¿de dónde surgieron esas nociones? ¿Qué fueron Colón y Cortés: publicistas adelantados a su tiempo? No tiene ningún sentido. España existía como nación histórica. Tenía una primera embajada en Roma desde los tiempos de los Reyes Católicos… Si no existía España, que nos digan qué es lo que existía. Evidentemente no existía la nación política española de ciudadanos libres e iguales. Pero es que esa idea tampoco existía en la época. Son argumentos tan pueriles que te dejan paralizado. ¡Que lean a Gonzalo Jiménez de Quesada para ver si existía o no España! En fin…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>También explicas que se habla más, al referirse a la circunnavegación, de la idea de Península Ibérica que de España.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, porque lo que pasa es que España es una palabra tabú para muchos españoles que están presos de sus complejos. Por eso prefieren darle una denominación geográfica. Pero hombre, negar la existencia de la nación española. No sé. Es tan sencillo como que acudan a las fuentes y que descubran que todos esos señores se consideraban españoles, y así lo pregonaban.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>¿Reivindicar los acontecimientos históricos del país puede llegar a generar un cierto auge de las ideas nacionalistas?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Pues depende. Vamos a ver. Yo en mis trabajos no defiendo una idea de España esencialista. No reivindico a la España inmortal. Porque no creo en esas concepciones, que sí que son nacionalistas. Creo que España es el resultado de una serie de procesos históricos complejos, pero lo que tampoco hago es obviar que somos herederos de ese pasado. Compartimos un legado que defender. No entiendo que ningún colectivo pueda patrimonializarlo. Pero claro, lo asombroso es que siendo quienes somos —la nación configuradora de la hispanidad, que es una de las grandes estructuras humanas que conforman la humanidad en la actualidad— conservemos todavía esa especie de pulsión suicida que pretende desbaratar todo lo que nuestra historia ha aportado al mundo. Además, creo que eso es algo que les viene muy bien a todos aquellos que tienen interés, aunque la gente no lo crea, en repartirse los despojos de España.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Por terminar, ¿qué esperas aportar con este libro al debate sobre la Leyenda Negra?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">R: Bueno, el libro es una recopilación de artículos. Está construido como una especie de mosaico, en el que cada tesela trata temas puntuales. Mi intención es que la reunión de todas las piezas ofrezca una visión equilibrada de lo que ha sido España. Una visión desacomplejada, al mismo tiempo, en la que no existen reparos en la utilización de terminología que no goza de buena fama actualmente. Y un libro, en definitiva, que quiere ser útil y aportar herramientas para tratar ciertos temas históricos con un mínimo de conciencia crítica.</p>
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		<title>Una red que aprisiona. Una red que libera</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Nov 2020 13:44:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[¿Cómo cambia el hombre de la pandemia, condenado a un mundo digital? Callejones sin salida y sorpresas de un nuevo desafío. La Convención 2020 de la Fundación Rusia Cristiana, en colaboración con el Centro Cultural de Milán. El tiempo que estamos viviendo ve, en un escenario en constante cambio, la aparición de nuevos elementos que [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>¿Cómo cambia el hombre de la pandemia, condenado a un mundo digital? Callejones sin salida y sorpresas de un nuevo desafío. La Convención 2020 de la Fundación Rusia Cristiana, en colaboración con el Centro Cultural de Milán.</em></p>
<p style="text-align: justify;">El tiempo que estamos viviendo ve, en un escenario en constante cambio, la aparición de nuevos elementos que se afirman como factores determinantes para la definición y autoconciencia de la persona.  El sociólogo Ulrich Beck (1944-2015), en el ensayo publicado póstumamente en 2016 bajo el título La metamorfosis del mundo, escribió:</p>
<p style="padding-left: 120px; text-align: justify;"><em>«Internet &#8230; crea el mundo como una unidad de comunicación, y crea humanidad, por el simple hecho de que ofrece el potencial de interconectar, literalmente, a cualquiera».</em></p>
<p style="text-align: justify;">Si esta afirmación pudiera parecer excesiva, el crecimiento exponencial en el uso de herramientas informáticas durante la pandemia CoViD-19 ha despejado cualquier duda sobre la «viralización» no solo de la enfermedad, sino también de la interconexión gracias a Internet. En consideración, la metamorfosis de la persona, que Beck ve convertirse en un contenedor de información interconectada, aparece aún más radical de lo que describió, llegando a tocar la naturaleza misma del yo, en las modalidades de su propia autocomprensión.</p>
<p style="text-align: justify;">La autoconciencia ya no madura, de hecho, en el juicio sobre la consideración de la propia posición en el cosmos y en la sociedad, en el diálogo y en el intento de responder a preguntas fundamentales, sino que se reduce a la percepción irreflexiva de la propia imagen en el espacio virtual.</p>
<p style="text-align: justify;">En el ciberespacio la palabra está cada vez más marginada, para dejar espacio a los estereotipos, la corrección política y los códigos binarios (like) que determinan una extremidad de posiciones (entre haters<sup>1</sup> y seguidores), a estandarizaciones de emociones que eliminan el diálogo (emoticons), a representaciones grotescas cuyo único fin es despertar una reacción en el espectador (los videos en TikTok) que se convierte en la codiciada confirmación de la propia existencia, sin preocuparse por darle sentido. Hasta el trágico desenlace de entregarse a un maestro virtual, que puede llegar a determinar la vida o la muerte (piense en todo lo que se conoce bajo el nombre de deep web y dark web<sup>2</sup> ).</p>
<p style="text-align: justify;">Así, la trágica desproporción existente entre las capacidades tendencialmente ilimitadas de las herramientas informáticas y esa «falta de energía moral» &#8211; necesaria para regular razonablemente su uso &#8211; que Joseph Ratzinger ya en 2005 (Europa en la crisis de las culturas) denunciaba como el «peligro más grave» del momento presente. A ello se suma la posibilidad cada vez más omnipresente de que el poder dirige y manipula a los individuos sin siquiera tener que recurrir a una propaganda mínimamente argumentada, sino canalizando y dirigiendo los «flujos de datos» originados por los usuarios con la propuesta de herramientas siempre más atractivo y fuentes de gratificación (y confirmación) cada vez más inmediatas y cada vez menos reflejadas.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, la transición a una figura antropológica cada vez más influida por la propia imagen reflejada (una «extroflexión» narcisista que es lo contrario de esa capacidad de «salir de uno mismo para ir hacia el otro» que está en el origen de toda posibilidad de encuentro ) no es el único resultado producido por la interconexión de la especie humana a estas alturas.</p>
<p style="padding-left: 120px; text-align: justify;"><em>Aparecen y se consolidan métodos de uso de herramientas informáticas capaces de integrar relaciones significativas y fomentar el crecimiento de la autoconciencia y la libertad de las personas, para transformarlas no en herramientas de manipulación, sino en lugares de producción y compartición de significado:</em></p>
<p style="text-align: justify;">Pensemos en el papel de las redes sociales en las protestas en Hong Kong y en otros contextos, tanto totalitarios como democráticos. Pensamos en el surgimiento de redes de solidaridad interpersonal basadas en la adhesión voluntaria a un proyecto, la captación de fondos, la disponibilidad incluso hacia desconocidos, con la imprescindible mediación de la herramienta informática. Finalmente, recordamos el papel que desempeñó en Rusia, ¡pero no solo! &#8211; ha asumido el género literario del blog como herramienta de información gratuita, hasta el punto de hablar de nuevos extras del «samizdat electrónico» en el que el medio informático favorece la asunción personal de responsabilidad y la propuesta creativa de formas de vida capaces de devolver la primacía a persona, multiplicando las posibilidades relacionales y distinguiéndola de la homologación inducida por el poder o la conformidad grupal.</p>
<p style="text-align: justify;">Los últimos meses, entonces, han mostrado una irreductibilidad de la relación con la herramienta informática, que emergió abrumadoramente en dos áreas: el deseo de proximidad social y la centralidad reiterada de la categoría del «pueblo» (según las reiteradas declaraciones del Papa Francisco) para el una vida de fe, sustentada en la emergencia por el uso de los medios de comunicación para transmitir ritos y oraciones, que sin embargo resultó claramente incapaz de reemplazar la reunión de asambleas en toda su «carnalidad» y coherencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Nos espera un trabajo. Es necesario contar, compartir y profundizar en su último sentido las ideas que nos han llegado de estos meses, dando voz a historias y procesos individuales en marcha tanto en Oriente como en Occidente. Es necesario resaltar los rasgos distintivos de la reafirmación de la persona incluso en la expansión de la globalización interconectada.</p>
<p style="text-align: justify;">Es necesario reflexionar sobre la relación entre fe y el «homo interconexus», para reconocer si existen rasgos de una existencia creyente capaces de integrar y «recrear» incluso la dimensión informática y al mismo tiempo mantener la irreductibilidad de relación «real».</p>
<p style="text-align: justify;">¿Nos dirigimos hacia una inversión de la perspectiva de Beck? ¿Y es decir, de un hombre transformado en «reservorio de información» utilizado para disminuir su libertad, a una existencia capaz de dejar brillar su inevitable conexión con el Misterio incluso en su «ser-en-la-Red»?</p>
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<li><span style="font-size: 10pt;">Haters son aquellas personas en la red difaman o critican destructivamente a una persona.</span></li>
<li><span style="font-size: 10pt;">La dark web o internet oscura es el contenido de la World Wide Web1​ que existe en darknets, redes que se superponen a la internet pública y requieren de software específico y configuraciones o autorización para acceder. Forma parte de la internet profunda, la parte de la web no indexada por los motores de búsqueda</span></li>
</ol>
<p>&nbsp;</p>
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