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	<title>Rafael &#8211; El Bien Común</title>
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		<title>Necesitamos a los otros cerca</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/necesitamos-a-los-otros-cerca/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 30 Mar 2021 14:59:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Por José Luis Restán La circunstancia inédita que atraviesa el mundo nos está obligando a buscar nuevas formas de expresión social, tanto para el afecto como para la protesta. Es difícil saber hasta qué punto estas formas adquirirán carta de naturaleza en el futuro. De la experiencia de esta pandemia van a derivarse cambios en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por José Luis Restán</p>
<p style="text-align: justify;">La circunstancia inédita que atraviesa el mundo nos está obligando a buscar nuevas formas de expresión social, tanto para el afecto como para la protesta. Es difícil saber hasta qué punto estas formas adquirirán carta de naturaleza en el futuro. De la experiencia de esta pandemia van a derivarse cambios en todos los órdenes, aunque tampoco conviene dejarse llevar por visiones apocalípticas.</p>
<p style="text-align: justify;">Una de las lecciones que deberíamos extraer es el valor profundo de nuestra vida comunitaria.  Sólo descubrimos nuestra identidad en relación con los otros. Necesitamos sus rostros y sus palabras, necesitamos su ayuda y su afecto, incluso la contradicción que puede suponer el hecho de que son siempre “diferentes”.  Más aún, estos días se desvela con claridad que la vida está hecha para darla, para servir a algo más grande que nuestros pequeños intereses y estrechos proyectos, por legítimos que sean.</p>
<p style="text-align: justify;">Las precauciones frente a la pandemia pueden imponernos durante un tiempo nuevos hábitos, seguramente necesarios, pero no suprimirán la nostalgia de un encuentro cara a cara, corazón a corazón.  Las plataformas digitales nos ayudan estos días, bienvenidas sean, pero no pueden sustituir el calor del acuerdo ni la pasión de la discusión.  De esta pandemia deben emerger como gigantes el valor único de la persona singular y la riqueza inestimable de la compañía humana, de la familia, de la comunidad, de la nación. Ojalá que este dolor no sea inútil y a través de sus zozobras salgamos más verdaderamente libres, con una razón más abierta y un afecto más disponible a una obra común.</p>
<p style="text-align: justify;">Un filósofo agnóstico, Jürgen Habermas, ha dicho que la reconstrucción debe partir del núcleo universalista de la ética cristiana del amor. No es mero atrevimiento, ni evasión, colocar esta palabra en el centro de nuestra mirada hacia el futuro. Por el contrario, ninguna tiene su potencia regeneradora y constructiva.</p>
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		<title>La hambruna recordada</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/la-hambruna-recordada/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Mar 2021 19:08:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Las revoluciones del siglo XX tienen algo en común con sus mutaciones populistas del XXI: ambas se presentan como «auroras» de la historia cuyo advenimiento implica «costos». Uno de esos «costos» fueron las hambrunas de la URSS. Por Enrique Krauze &#8211; Letraslibres.com Toda revolución debe verse en el espejo de la rusa. En el siglo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong><em>Las revoluciones del siglo XX tienen algo en común con sus mutaciones populistas del XXI: ambas se presentan como «auroras» de la historia cuyo advenimiento implica «costos». Uno de esos «costos» fueron las hambrunas de la URSS.</em></strong></p>
<p>Por Enrique Krauze &#8211; Letraslibres.com</p>
<p style="text-align: justify;">Toda revolución debe verse en el espejo de la rusa. En el siglo XX, las revoluciones fueron violentas. En el siglo XXI, sus mutaciones populistas han sido plebiscitarias. Pero se parecen mucho. Se presentan como «auroras» de la historia cuyo advenimiento implica todo tipo de «costos». Los líderes los asumen tranquilamente porque los atribuyen al régimen pasado, a los enemigos presentes o, en última instancia, a las propias víctimas que no comprenden la gran idea, el gran principio, la gran transformación.</p>
<p style="text-align: justify;">Uno de esos «costos» fueron las hambrunas de la URSS. Un tío mío, el doctor Luis Kolteniuk, vivió la primera, de 1921 a 1922. Vivía en un pueblo llamado Zhmerinka, en el centro de Ucrania. Contaba que en varias ocasiones, sin nada que comer, había tenido que irrumpir en terrenos ajenos para ver si encontraba una papa o una cebolla. Otro hecho indeleble de aquel tiempo fue un asalto. Huyó para refugiarse en unos pastizales, pero se extravió. Lo que vio –y con lo que tuvo que convivir solo, por varios días– fue el espectáculo de hombres decapitados, los cuerpos por un lado, las cabezas por otro. Con ayuda de unos vecinos pudo volver a su casa. También los niños pagan «costos».</p>
<p style="text-align: justify;">Para los redentores, la vida humana individual no es importante: lo importante es la ideología y el poder. Lenin escribió: «Un momento como el del hambre y la desesperación es único para crear entre las masas campesinas [&#8230;] una disposición que nos garantice su simpatía o en cualquier caso su neutralidad». En 1919, cuando un profesor escribió a Trotski diciendo que pasaba hambre, el revolucionario le respondió: «Eso no es pasar hambre. Cuando Tito sitió Jerusalén, las madres judías se comían a sus propios hijos. Cuando [&#8230;] las madres de Moscú comiencen a devorar a sus hijos, usted podrá venir a decirme: &#8216;Aquí pasamos hambre'».</p>
<p style="text-align: justify;">La imagen de Saturno devorando a sus hijos inspiraba a los bolcheviques. A nadie más que a Stalin. Para mantener la pureza de la Revolución, antes de modificar su plan quinquenal o dar un margen de libertad a la economía o la política, Stalin propició la gran hambruna de Ucrania. Se llevó a cabo por diversas vías: requisa de cosechas, sellado de las fronteras, aislamiento de los pueblos, prohibición de importaciones. El invierno de 1932 fue inclemente y, al llegar la primavera, el saldo de muerte y desolación fue atroz.</p>
<p style="text-align: justify;">La prensa internacional ocultó la noticia. El corresponsal de The New York Times estaba en la nómina soviética. Poco tiempo después, Vicente Lombardo Toledano, famoso intelectual mexicano de izquierda, visitó la URSS y escribió que el régimen había acertado en «no darles a los campesinos iguales derechos que a los obreros», no solo porque estos «ya tenían conciencia de clase» sino porque los obreros, no los campesinos, se habían echado a cuestas «la responsabilidad de crear un nuevo régimen en la historia». Según Lombardo, en Ucrania los campesinos individualistas habían sido responsables de su propio desastre pero finalmente habían «digerido la doctrina» y celebraban el éxito de la colectivización: «las trojes llenas de trigo, los pies con buenos zapatos, la mesa llena de alimentos sanos y frescos&#8230;».</p>
<p style="text-align: justify;">Orwell registra la hambruna en sus ensayos, pero pasaron las décadas sin que nadie, excepto los ucranianos, conservara memoria de los hechos. ¿Cuántos millones de campesinos murieron? En 1986, Robert Conquest publicó The harvest of sorrow, obra pionera sobre la hambruna. Sin acceso a los archivos secretos soviéticos y basado en testimonios y datos censales, calculó el número de muertos en cinco millones. Estudios más recientes elaborados a partir de esos archivos reducen la cifra a 3.3 millones. En estos últimos años han salido a la luz varios libros, documentales y películas sobre el Holodomor (que significa «matar de hambre», en ucraniano).</p>
<p style="text-align: justify;">Cuatro lecciones se desprenden de ese episodio del siglo XX. La primera es el irreductible fanatismo de los líderes que no tienen empacho en sacrificar a las personas concretas en el altar de las ideas abstractas. La segunda es la criminal complicidad de los intelectuales dogmáticos. La tercera es la evidencia de que, tarde o temprano, la verdad se abre paso: Stalin mató a sus críticos pero es él quien habita el infierno de la historia. La cuarta es la misteriosa fuerza que nace del dolor: aquel niño perdido encontró su vocación en los pastizales de Ucrania. Mi tío Luis trabajó toda su vida como médico en el Instituto Mexicano del Seguro Social.</p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>Sí, gracias</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/si-gracias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Mar 2021 22:40:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[Por Juan Serrano * Pareciera, a simple vista, que nos encontramos en una situación precaria a muchos niveles. Parece que el mundo, tal como lo habíamos conocido, amenaza con desmoronarse; económicamente el futuro es incierto, la «nueva normalidad» nunca llega y no estamos más unidos que hace un año. Entre otras cosas, porque nos faltan [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por Juan Serrano *</p>
<p style="text-align: justify;">Pareciera, a simple vista, que nos encontramos en una situación precaria a muchos niveles. Parece que el mundo, tal como lo habíamos conocido, amenaza con desmoronarse; económicamente el futuro es incierto, la «nueva normalidad» nunca llega y no estamos más unidos que hace un año. Entre otras cosas, porque nos faltan muchos que el virus se ha llevado por delante.</p>
<p style="text-align: justify;">Leía hace algún tiempo un artículo de Félix de Azúa en el que expresaba el tedio ante esta precariedad que ya no nos sorprende: es ya imposible que suceda lo inesperado, venía a decir. O lo que es lo mismo: no hay a la vista posibilidad de salvación y por lo tanto la postura adecuada, la que menos sufrimiento conlleva, es la aceptación del aburrimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">Y sin embargo, por más precaria y aparentemente tediosa que sea nuestra vida, hay algo extraño en nuestra naturaleza que, en el fondo, se rebela contra el casi evidente eterno retorno de lo mismo. No negaremos que es fuente de frustración este querer escapar, y de dolor ­­­y sufrimiento. Sin embargo, por más que nos digamos después de la última colleja que nos da la vida que no hay esperanza, no nos lo creemos. Al menos existe dentro de nosotros una exigencia, más nuestra que nuestras palabras, que no se conforma. Ante todo el mal que nos rodea se manifiesta esta voz que quiere lo inalcanzable. Aunque tratemos de esconderla y amordazarla, acaba volviendo.</p>
<p style="text-align: justify;">Siendo esto así, ¿qué se nos pide? ¿Existe una postura que sea justa y que mantenga en pie esta exigencia y que, al mismo tiempo, no renuncie a la experiencia del tedio y a la imposibilidad de alcanzar una respuesta?</p>
<p style="text-align: justify;">Un modo de estar delante de toda nuestra realidad que no negara de antemano ningún factor sería sin duda la postura más adecuada, la más humana.</p>
<p style="text-align: justify;">Para que sea posible vivir así es necesario en primer lugar la conciencia clara de que no nos damos la vida a nosotros mismos. A ningún nivel. Ahondar y, por así decir, abrazar la precariedad. No solo la del mundo que nos circunda sino la nuestra propia: nuestra salvación no depende en último término de nosotros sino de que suceda, como sabía Félix de Azúa, algo inesperado que nos sacuda, nos despierte y nos ponga en marcha. Pero no basta que suceda sino que nos tenemos que dar cuenta. Es necesario, por tanto, estar atentos.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo sabemos que no basta reconocer el bien para realizarlo ni percibir la belleza para correr detrás de ella. En nosotros y en nuestro precario mundo encontramos una especie de resistencia extraña a seguir lo justo y lo verdadero. Quizá porque seguimos empeñados en que nadie nos salve. La cura a esta tozudez es ser sencillos, como los niños. Y para ser sencillo es condición indispensable el agradecimiento, que no es otra cosa que aceptar lo que se nos da gratis. Quizá sea lo más difícil: decir “sí, gracias”.</p>
<p style="text-align: justify;">Recordar -volver a pasar por el corazón- las situaciones y los momentos de nuestra vida en los que ha sucedido algo inesperado que hemos percibido como un regalo inmerecido pero que nos han llenado de alegría quizá nos sitúe en el punto de partida adecuado. Lo mejor que tenemos no es nunca un pago, es siempre don. Nuestra precariedad es entonces lo opuesto a un impedimento: la conciencia de nuestra incapacidad es la condición de posibilidad para reconocer lo inesperado y seguirlo llenos de alegría y agradecimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">El cristianismo ha entendido esto y lo ha llamado Cuaresma. Ayuno que despierta y pone en guardia, limosna que profundiza en la conciencia de nuestra precariedad y oración que hace memoria de los dones maravillosos en nuestra vida. Atención, sencillez y memoria.</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestra incapacidad, bien mirada, es un motivo para la esperanza. Es la única posibilidad de salvación.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>* Juan Serrano Vicente es licenciado en Teología y bachiller en Filosofía por la Universidad San Damáso de Madrid, máster en Humanidades por la UFV. Es doctor en Humanidades, profesor de Formación Humanística e investigador en la UFV.</em></p>
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		<title>¿Es la violencia que simula la política o es la política que simula la violencia?</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/es-la-violencia-que-simula-la-politica-o-es-la-politica-que-simula-la-violencia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Mar 2021 02:30:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Editorial]]></category>
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					<description><![CDATA[&#160; Son múltiples los hechos que han generado las protestas sociales originadas en injusticias, abusos y privilegios de unos pocos contra las mayorías. La comprensión de este fenómeno no podrá estar ausente en la próxima cita de los constituyentes ni en la reflexión de cada uno.  Sin embargo, se ha pretendido encontrar para algunos en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Son múltiples los hechos que han generado las protestas sociales originadas en injusticias, abusos y privilegios de unos pocos contra las mayorías. La comprensión de este fenómeno no podrá estar ausente en la próxima cita de los constituyentes ni en la reflexión de cada uno.  Sin embargo, se ha pretendido encontrar para algunos en la normalización de la violencia un método de cambio social y en otros se trataría de la única respuesta al sistema político económico.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Es razonable el surgimiento y la continuación de la violencia en La Araucanía y plaza Italia?  ¿Es Chile un país violento? Cuáles son las armas de la violencia que la hacen perdurar aunque parezca que ni florecen sus objetivos ni se marchitan sus prácticas? ¿Qué imita o simula la violencia: se trata de una semejanza perdida, o de un fingimiento o de una mera representación?.</p>
<p style="text-align: justify;">1.- Simular es asemejarse a otro:¿tolerancia sin crítica?</p>
<p style="text-align: justify;">La expresión de la violencia documentada abundantemente desde el 18 de octubre y en los últimos hechos, sin duda que expresa algo de nosotros, quizá algo extraviado que se asemeja al lado gris de cada uno, de lo contrario no se entendería que se opina críticamente, pero se tolera, también por la ineficacia de la ley. Las encuestas no revelan por donde atraviesa la línea entre la crítica y la tolerancia de la violencia. Lo que es claro es que la «crítica a la violencia» no se distingue de la tolerancia permisiva &#8211; como en otros tiempos- y por tanto estamos ante una incapacidad de aprender de los errores. Una tolerancia sin crítica real vuelve infecunda las leyes, la educación y la misma convivencia.</p>
<p style="text-align: justify;">2.- Quien se apropia de la violencia&#8230;¿de qué se apropia?</p>
<p style="text-align: justify;">Los ritos de la violencia han desfilado sobre un escenario reiterado poniendo de rodillas a sectores enteros de la población, barrios completos, destruido empresas y trabajos, y sobre todo han sumido en el miedo a tanta población. La explicación de que se trata de grupos anárquicos, lumpen, narcos, etc. es insuficiente, no solo porque no explica la génesis, sino porque no deja ver el contagio que han generado y que va más allá de las subculturas.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizá lo más triste aún no lo vemos y es que acabada la orgía, tantos seguiremos mirándonos y comprendiéndonos a través de la violencia como método. El que solo mira también asiente.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta ahora no tenemos huellas de una identificación en que se asuma conscientemente este fenómeno. No se podría hablar tampoco de ideologías que quieran adoptar este «nuevo descubrimiento», aunque hayan intentado un discutible interés electoral de apropiarse&#8230;como si fuese posible apropiarse de una simulación, de un fingimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">3.- La violencia como sociedad del espectáculo.</p>
<p style="text-align: justify;">Representación es algo que no se es, pero se justifica a sí mismo como sustituto de lo que está ausente, de la política ausente, por ejemplo. ¿Cómo se explica esta paradoja que esta destrucción encuentre su épica en una justicia denegada? Quizá la violencia ha llenado un espacio para el cual no teníamos respuesta, una política ausente ha encontrado un sustituto. Y la explicación no ha venido de los vándalos, sino del mundo de la política.  Es una cosa nueva con la que nos topamos, el espacio vacío de una presencia cultural y política ha sido llenado de improviso por una violencia desatada, que no podía avergonzarnos porque la responsabilidad de la ausencia de la política es muy vasta, los ausentes somos tantos, y el usurpador nos ha encontrado incómodos pero nos ha llenado un vacío. Finalmente descubrimos nuestras culpas, y le dimos la bienvenida &#8211; incluso en el congreso- al nuevo huésped.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora estamos entrampados en una política que simula la violencia, los desacuerdos, que exacerban los conflictos&#8230;La política ha simulado llenar un espacio con la violencia &#8230;como un padre alcohólico, que no pudiendo cumplir con sus hijos golpea a su mujer!</p>
<p style="text-align: justify;">Un testimonio que desarma</p>
<p style="text-align: justify;">Algunas madres impotentes acompañan a sus jóvenes hijos a las plazas de las urbes donde éstos bajan al rito de todos los viernes -sin compartir sus prácticas, no los sueltan- son un testigo elocuente de la esperanza que desafía la irracionalidad de la violencia. El Estado no ha sabido «resistir» a la violencia, esas madres sí!! Saben lo que son las lacrimógenas y el temor de perder un hijo, algo más grande que el miedo y la impotencia las tiene en pie. Por otro lado, tímidamente, en vísperas de una Constituyente, ciertas personalidades pierden el temor al diálogo y a ponerse preguntas&#8230; saliendo del complejo de simular que dialogamos.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizá por qué cedimos a tomar en serio la realidad&#8230;lo contrario de estas madres resilientes cuya esperanza desafía cualquier simulación de la política que no sea un afecto radical por sus hijos, por los jóvenes. Quizá esta humilde forma de amar la realidad sea un inicio para la política.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La mirada de mi padre fue mi amparo</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/la-mirada-de-mi-padre-fue-mi-amparo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 23 Mar 2021 14:34:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[por Santiago Huvelle Los hijos nos recuerdan continuamente que también nosotros fuimos antes –somos– hijos de alguien.  Al menos para mí, la experiencia de ser padre trajo renovada la pregunta o conmoción interior por el origen.  Es inevitable.  Al mirar a nuestros hijos, al descubrir su fragilidad, su radical desamparo, descubrimos con asombrosa nitidez nuestra [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>por Santiago Huvelle</p>
<p style="text-align: justify;">Los hijos nos recuerdan continuamente que también nosotros fuimos antes –somos– hijos de alguien.  Al menos para mí, la experiencia de ser padre trajo renovada la pregunta o conmoción interior por el origen.  Es inevitable.  Al mirar a nuestros hijos, al descubrir su fragilidad, su radical desamparo, descubrimos con asombrosa nitidez nuestra enorme deuda, cuya cicatriz llevamos impresa desde el primer momento en ese vestigio gracioso –casi cómico–que es el ombligo.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin duda la deuda más fácil de reconocer es la del sustento, la del cobijo físico y psíquico.  Pero no quisiera hoy tratar de aquella deuda sino de una menos vistosa y a la vez más esencial, y a la que inevitablemente abordaré de un modo personal: la deuda que tengo con la mirada de mi padre (y donde digo padre puedo escribir también madre).  ¿En qué sentido estoy en deuda con su forma de mirar?  Se me ocurren al menos dos respuestas que son a la vez formas de dar gracias.</p>
<p style="text-align: justify;">La primera es que, antes de yo reconocerme a mí mismo, él, mi padre, ya me había reconocido como un tú.  ¿Qué quiero decir con esto?  Que fui para él alguien único, irrepetible, es decir, alguien amado.  Ser amado es a la vez ser llamado por mi nombre, rescatado del anonimato, regalado a mí mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Veamos la mirada del padre que ama desde la situación del hijo, pero el hijo recién llegado al mundo, ese que todavía no habla, que no se sostiene sólo, que se aferra al llanto como la única forma de salir de su soledad.  Veámosle despertar en medio de la noche en su cuna, sus sentidos adormilados, rodeado de amenazas, sintiendo hambre o dolor, sin reconocer nada de lo que le pasa…  Llora con un grito de auxilio.  Y entonces la madre o el padre lo recogen suavemente, lo toman en sus brazos y lo consuelan desde una ternura imprevista para ellos mismos, una ternura que los coge –a ellos, los padres– por sorpresa. El hijo sin palabras, sin memoria, es alcanzado por el consuelo hasta apagar el llanto.  El padre (o la madre) se mirará asombrado: he sido portador de consuelo para mi hijo.  Como si hubiera un corriente de amor más grande que uno porque el padre reconoce que al consolar, él también ha sido consolado; al amar, él también ha sido tocado por el amor. Esa corriente de amor que los ha envuelto a él y a su hijo –y esto es para él, el padre, otro motivo de asombro– ha sido canalizada, a través suyo, hacia el hijo. Un amor infinito capaz de consolar al hijo de la amenaza de su propia finitud.  El padre se revela como un testimonio para el hijo de un amor más grande. Su mirada, es la mirada del testigo.</p>
<p style="text-align: justify;">Una segunda mirada que fue mi amparo mientras crecía, es única en cada padre, cada padre tiene la suya.  Me refiero a la mirada que cada uno debe ganar en su vida, a base de un esforzado bracear con el mundo. Los hijos se sostienen en la mirada del padre, en cómo el padre mira.  Allí, en su mirar, aprenden cosas esenciales que luego podrán incorporar al suyo propio. Es uno de los mayores legados que los hijos podemos recibir de un padre.  Y a la vez, cuando los roles cambian, el preciado legado se vuelve tarea apasionante: sepan padres, que los hijos se sostienen en su mirada. ¿Cómo miras al mundo, a tu prójimo, a la madre de tus hijos, al dolor, al bien, a la muerte, al trabajo, a la vida?  Porque en ese horizonte que se abre ante tus ojos, apoyándose en silencio, en lo invisible, comienzan los hijos a ponerse en pie.</p>
<p style="text-align: justify;">Si tuviera que rescatar al menos una de las evidencias que me dejó huella en la mirada de mi padre, fue su mirar esperanzado, aún en medio de los dolores y abismos que la vida puede traer.  En su esperanzado mirar, percibía yo la firmeza de sus convicciones, y la mayor de todas: que el bien merece todos los dolores; pero percibía también un rotundo gracias que no lo abandonó jamás, tanto en los buenos momentos como en los malos.  Y este mirar agradecido es para un hijo una fuente de confianza enorme, que disipa las sombras hostiles del mundo exterior al hogar, o más bien: que ensancha y abre el hogar hasta abarcar el mundo y hacer de él una casa.</p>
<p style="text-align: justify;">Por ello, quisiera acabar esta breve reflexión diciéndole dos veces a mi padre (y tal vez tú al tuyo): gracias.</p>
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		<title>Yuval Noah Harari: qué aprendimos en un año de pandemia</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/yuval-noah-harari-que-aprendimos-en-un-ano-de-pandemia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Mar 2021 21:37:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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					<description><![CDATA[En cuestión de meses se identificó al coronavirus y se encontraron vacunas eficaces pero la política no estuvo a la altura de la ciencia. Y eso pone en riesgo el porvenir inmediato: «En tanto el virus se siga diseminando, ningún país puede sentirse seguro de verdad», escribió el autor de «Sapiens»  Si la pandemia de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>En cuestión de meses se identificó al coronavirus y se encontraron vacunas eficaces pero la política no estuvo a la altura de la ciencia. Y eso pone en riesgo el porvenir inmediato: «En tanto el virus se siga diseminando, ningún país puede sentirse seguro de verdad», escribió el autor de «Sapiens»</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em> </em>Si la pandemia de COVID-19 no mengua en 2021 y continúa matando a millones, no será porque en la eterna guerra entre los patógenos y la humanidad triunfe la naturaleza irrefrenable: “Será un fracaso humano y, más precisamente, un fracaso político”, advirtió Yuval Noah Harari, el historiador y filósofo israelí, autor de Sapiens: De animales a dioses.</p>
<p style="text-align: justify;">A un año de la crisis del coronavirus evaluó que, dado que hoy existen “el conocimiento y las herramientas necesarias para prevenir que un nuevo patógeno se disperse y cree una pandemia”, si se siguen perdiendo vidas y destruyendo economías, o si el SARS-CoV-2 se convierte en el comienzo de una ola de nuevas epidemias, sería solo una muestra del despeñadero político. Porque la ciencia está, a diferencia de lo que sucedió en la peste negra e incluso en la gripe de 1918. Y hoy los humanos tienen incluso un mundo virtual donde refugiarse del patógeno.</p>
<p style="text-align: justify;">Si algo falla, entonces, no habrá otra responsable que la propia humanidad.</p>
<p style="text-align: justify;">En un artículo para el Financial Times, el best seller de Homo Deus: Breve historia del mañana y 21 lecciones para el siglo XXI resumió, desde una perspectiva histórica amplia, el primer año del COVID-19, y observó una diferencia enorme en comparación con el pasado: “2020 mostró que la humanidad está lejos de ser indefensa. Las epidemias ya no son fuerzas incontrolables de la naturaleza. La ciencia las ha convertido en un desafío manejable”.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces, ¿por qué más de 2,5 millones de muertos en el mundo? ¿Por qué economías enteras colapsadas y hasta países cerrados?</p>
<p style="padding-left: 160px; text-align: justify;"><strong><em>“Por malas decisiones políticas”, escribió, sin ambages, Harari.</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Durante la primera ola de la peste negra, cuando murió la tercera parte de la población de Inglaterra, nadie pensó que Eduardo III debía haberlo impedido, porque los humanos no tenían idea de qué causaba la enfermedad, ni cómo se la podía detener. Era una calamidad natural, acaso la ira de dios, pero ciertamente no estaba en las manos de un monarca. Durante la gripe de 1918, aun con los avances de la ciencia, las mentes más brillantes del mundo no pudieron identificar al virus, y por lo tanto muchas de las medidas que se tomaron no sirvieron y no hubo manera de encontrar una vacuna, pues se la buscaba a tientas.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta vez, en cambio, la experiencia fue radicalmente distinta.</p>
<p style="text-align: justify;">“Las primeras alarmas sobre una potencial epidemia nueva comenzaron a sonar a finales de diciembre de 2019. El 10 de enero de 2020 los científicos no sólo habían aislado al virus responsable sino que habían hecho la secuencia de su genoma y habían publicado la información en línea”, recordó Harari la cronología del SARS-CoV-2. “En unos pocos meses se volvió claro qué medidas podrían demorar y detener las cadenas de infección. En menos de un año había producción masiva de varias vacunas efectivas. En la guerra entre los humanos y los patógenos, nunca los humanos habían sido tan poderosos”.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>2020 no fue un desastre: todo esto salió bien</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;">Más allá de la biotecnología, muchos otros progresos permitieron que las sociedades no colapsaran como en un apocalipsis o cayeran en la hambruna. En primer plano, destacó Harari, están las tecnologías de la información.</p>
<p style="text-align: justify;">En 1918 se podía poner en cuarentena a todos los que mostraban síntomas, pero no se podía rastrear a los presintomáticos ni a los asintomáticos, lo cual contribuyó a socavar el éxito del aislamiento, y la gripe siguió progresando. “Al contrario, en 2020 la vigilancia digital facilitó mucho el seguimiento y la localización de los vectores de la enfermedad, con lo que la cuarentena pudo ser más selectiva y eficaz”, argumentó.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo más importante del aporte tecnológico fue que internet permitió —al menos en los países desarrollados— un confinamiento prolongado sin que colapsaran ni el mundo material ni el virtual.</p>
<p style="text-align: justify;">Si durante milenios la producción agrícola dependió de las manos humanas, hoy sólo el 1,5% de la población de Estados Unidos trabaja en el campo, comparó Harari. Con eso se alimenta a los 331 millones de habitantes y también se exporta comida. La razón es tecnológica: “Casi toda la labor agrícola está hecha por máquinas, que son inmunes a las enfermedades. Por ende el confinamiento tuvo sólo un pequeño impacto en la agricultura”.</p>
<p style="text-align: justify;">Algo similar sucede con el transporte, tanto de alimentos como de otros bienes. Si la peste negra pasó por la ruta de la seda desde Asia a Medio Oriente, y de ahí en barcos a Europa, fue por la necesidad de mano de obra humana en esos procesos. En cambio, el comercio mundial en 2020 funcionó más o menos tersamente porque pocos hombres trabajan en él.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Hubo crisis del papel higiénico en los Estados Unidos? La gente compró entonces en línea y sus rollos llegaron en cajas con formularios postales de China, producidos, empacados y transportados por máquinas.</p>
<p style="text-align: justify;">En el siglo XVI la entera flota mercante de Inglaterra podía transportar 68.000 toneladas de bienes con 16.000 tripulantes. Hoy un solo barco de Hong Kong puede llevar casi 200.000 toneladas con un equipo de 22 personas. La única industria de transporte que colapsó fue la que se ocupa del movimiento de humanos: la aviación comercial y el turismo. El volumen de comercio marítimo global perdió sólo un 4%, ilustró Harari.</p>
<p style="text-align: justify;">Acaso un abogado se presentó con un filtro de gatito a una video audiencia ante los tribunales: hubo inconvenientes como ese, reconoció el pensador. Pero la justicia se siguió administrando.</p>
<p style="text-align: justify;">La humanidad se retiró al mundo virtual, porque el mundo material era inhabitable hasta el control del virus letal, y mucho de la vida continuó de manera digital. E internet no colapsó, a diferencia de lo que hubiera sucedido si de pronto el tránsito sobre un puente físico se multiplicara monstruosamente. En la trinchera quedaron médicos y enfermeros, trabajadores esenciales del comercio minorista y de la seguridad, y los repartidores que se convirtieron en “la delgada línea roja que mantuvo viva la civilización”, como los calificó Harari.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Por qué las políticas públicas resultaron tan ineficaces?</p>
<p style="text-align: justify;">Con todo, el año del COVID-19 expuso una limitación del poder científico y tecnológico: ninguno tiene el alcance para reemplazar a la política. “A la hora de decidir una política pública, tenemos que tomar en cuenta muchos intereses y valores, y dado que no hay una manera científica de determinar cuáles intereses y valores son más importantes, no hay una manera científica de decidir qué deberíamos hacer”, planteó el artículo.</p>
<p style="text-align: justify;">“Por ejemplo, al decidir si se impone un confinamiento no alcanza con preguntar: ‘¿Cuánta gente se enfermará de COVID-19 si no imponemos el confinamiento?’. También deberíamos preguntar: ‘¿Cuánta gente sufrirá depresión si imponemos el confinamiento? ¿Cuánta gente recibirá una mala nutrición? ¿Cuántos se quedarán sin escuela o perderán sus trabajos? ¿Cuántos serán golpeados o asesinados por sus parejas?’”.</p>
<p style="text-align: justify;">Haber contado con las herramientas científicas para enfrentar el coronavirus fue solo una parte de la ecuación, porque las medidas como el distanciamiento social generaron un alto costo económico y emocional. Eso fue un peso accesorio a la carga que la pandemia puso sobre los hombros de los dirigentes mundiales.</p>
<p style="text-align: justify;">“Lamentablemente, demasiados políticos no han estado a la altura de esta responsabilidad”, evaluó Harari.</p>
<p style="text-align: justify;">“Por ejemplo, los presidentes populistas de los Estados Unidos y de Brasil minimizaron el peligro, se negaron a hacer caso a los expertos y en cambio impulsaron teorías conspirativas”, ilustró. “No crearon un plan de acción federal sensato y sabotearon los intentos por detener la pandemia de las autoridades de los estados y los municipios. La negligencia y la irresponsabilidad de los gobiernos de [Donald] Trump y [Jair] Bolsonaro han provocado cientos de miles de muertes evitables”.</p>
<p style="text-align: justify;">La principal diferencia entre el éxito científico y el fracaso político que señaló el autor de Sapiens es la cooperación. Mientras que los científicos del mundo compartieron información libremente y trabajaron juntos en beneficio de la investigación en general, “los políticos no consiguieron crear una alianza internacional contra el virus y acordar un plan global”.</p>
<p style="text-align: justify;">Así, los primeros meses de 2020 se parecieron a “mirar un accidente en cámara lenta”: la ola de contagios y muertes avanzó desde Asia hasta Europa y luego a América, sin que una coordinación global de liderazgos impidiera que la catástrofe se tragara al mundo.</p>
<p style="text-align: justify;">“Las dos potencias principales, Estados Unidos y China, se acusaron mutuamente de ocultar información vital, diseminar desinformación y teorías conspirativas e incluso de haber diseminado el virus deliberadamente”, recordó. La batalla simbólica dejó bajas en campos materiales tan sensibles como el equipamiento médico: “No se hicieron esfuerzos serios para reunir todos los recursos disponibles, optimizar la producción global y asegurar una distribución equitativa de los suministros”.</p>
<p style="text-align: justify;">En particular, se detuvo Harari, “el ‘nacionalismo de la vacuna’ crea una nueva clase de desigualdad global entre los países que pueden vacunar a su población y los que no”.</p>
<p style="text-align: justify;">Eso representa un destilado del error político, porque revela que los dirigentes globales no comprenden un hecho elemental de la pandemia: “En tanto el virus se siga diseminando en cualquier lugar, ningún país puede sentirse seguro de verdad. Supongamos que Israel o el Reino Unido tienen éxito y erradican el virus dentro de sus fronteras, pero el virus se sigue expandiendo entre cientos de millones de personas en la India, Brasil o Sudáfrica. Una nueva mutación de algún remoto pueblo brasileño podría volver ineficaz la vacuna, y ocasionar una nueva ola de infecciones”.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="font-size: 14pt;">El peligro de una dictadura digital</span></strong></p>
<p style="text-align: justify;">A pesar del papel positivo que las tecnologías de la información han jugado durante la pandemia, tienen también un lado B. “La digitalización y la vigilancia ponen en peligro nuestra privacidad y allanan el camino para el surgimiento de regímenes totalitarios sin precedentes”, advirtió el pensador israelí. “En 2020 la vigilancia masiva se ha vuelto a la vez más legitimada y más común. Combatir la epidemia es importante, pero ¿amerita la destrucción de nuestra libertad en el proceso? Corresponde a los políticos, más que a los ingenieros, hallar el equilibrio adecuado entre la vigilancia útil y las pesadillas distópicas”.</p>
<p style="text-align: justify;">Propuso algunas reglas básicas que, aun en tiempos de plaga, son eficaces para proteger a los individuos de lo que llamó “dictaduras digitales”. La primera: los datos personales que se puedan recabar, en particular sobre lo que sucede dentro del cuerpo de alguien, se deberían usar para ayudar a esa persona y no para manipularla, controlarla o hacerle daño.</p>
<p style="text-align: justify;">“Mi médico personal conoce muchas cosas en extremo privadas sobre mí. No tengo inconvenientes con que así sea porque confío en que él use esta información en mi beneficio”, dio como ejemplo Harari. “Mi médico no debería vender estos datos a ninguna corporación o partido político. Lo mismo debería suceder con cualquier clase de ‘autoridad de vigilancia de la pandemia’ que pudiéramos establecer”.</p>
<p style="text-align: justify;">La segunda regla básica es que siempre la vigilancia debería ser de doble vía. “Si la vigilancia solo va desde arriba hacia abajo, es el mejor camino hacia la dictadura. Así que cuando se incrementa la vigilancia de los individuos simultáneamente se debería incrementar la vigilancia del gobierno y las grandes corporaciones”, argumentó.</p>
<p style="text-align: justify;">“Si el gobierno dice que es demasiado complicado establecer un modelo de monitoreo semejante en plena pandemia, no le creas. Si no es muy complicado comenzar a monitorear lo que tú haces, no es demasiado complicado comenzar a monitorear lo que hace el gobierno”. Eso incluye, dio como ejemplo, la necesidad de transparencia en la distribución de fondos públicos para paliar la crisis.</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca hay que permitir la concentración de demasiados datos en un solo lugar, continuó. “Ni durante la pandemia ni cuando termine”, subrayó. “Un monopolio de datos es la fórmula para una dictadura. Si recolectamos datos biométricos de la gente para detener la pandemia, esto se debería hacer mediante una autoridad sanitaria independiente, no mediante la policía. Y los datos que se obtengan se deberían mantener separados de otros silos de información de los ministerios gubernamentales y las grandes corporaciones”.</p>
<p style="text-align: justify;">Harari se adelantó a las críticas: eso podría generar redundancias e ineficacia, reconoció. Pero mantener un poco de ineficacia le pareció un precio razonable a pagar para impedir el ascenso de una dictadura digital.</p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><strong>Las tres lecciones que dejó un año de pandemia</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;">Así como todavía se habla de la gripe de 1918, y se la estudia como pandemia, el caso del COVID-19 va a reverberar en las conversaciones y la investigación de los años por venir. Pero aun tan temprano, con el coronavirus aun rampante, y más allá de las diferencias en las perspectivas políticas, la experiencia de 2020 ha dejado ya tres lecciones de importancia, concluyó el artículo del pensador detrás de Sapiens.</p>
<p style="text-align: justify;">“Primero, debemos salvaguardar nuestra infraestructura digital”, afirmó. “Ha sido nuestra salvación durante esta pandemia, pero pronto podría ser la fuente de un desastre aun peor”.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Cómo sería eso posible? En su opinión, cuando se hacen estimaciones para prever o prepararse para la pandemia que siga, habría que pensar en un ataque a la red tecnológica global, porque es “la principal candidata” a ser “el próximo COVID-19″.</p>
<p style="text-align: justify;">La informatización permitió que la humanidad resistiera en distintos planeos al ataque material del SARS-CoV-2, pero “también nos volvió más vulnerables al malware y la ciber guerra”, explicó. “Al coronavirus le llevó varios meses diseminarse por el mundo e infectar a millones de personas. Nuestra infraestructura digital podría colapsar en un solo día”.</p>
<p style="text-align: justify;">En segundo lugar —continuó— “cada país debería invertir más en su sistema de salud pública”. Puede parecer una verdad de perogrullo, reconoció, “pero los políticos y los votantes a veces logran ignorar las lecciones más obvias”.</p>
<p style="text-align: justify;">Por último, sería conveniente establecer “un poderoso sistema global para monitorear y prevenir las pandemias”, agregó. “En la guerra inmemorial entre los humanos y los patógenos, el frente recorre el cuerpo de todos y cada uno de los seres humanos. Si esta línea se traspasa en cualquier lugar del planeta, nos pone a todos en peligro”. De ahí que “aun la gente más rica en los países más desarrollados tiene un interés personal en proteger a la gente más pobre en los países menos desarrollados. Si un nuevo virus pasa de un murciélago a un humano en un villorrio pobre de una selva remota, en poso días ese virus se puede dar una vuelta por Wall Street”.</p>
<p style="text-align: justify;">La estructura desnuda de un sistema anti plaga como ese existe, conformada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y varias otras instituciones sanitarias globales. Pero sus recursos económicos son comparables a su impacto político: más que escasos. ”Tenemos que darle a este sistema algo de peso político y mucho más dinero, de manera tal que no dependa completamente de los caprichos de dirigentes autocomplacientes”, aludió a varios casos que se evidenciaron en 2020.</p>
<p style="text-align: justify;">No les corresponde a ellos, porque son expertos y no autoridades elegidas por el voto popular, tomar decisiones sobre políticas de salud. “Eso debería seguir siendo prerrogativa de los políticos”, concluyó. “Pero alguna clase de autoridad sanitaria global independientes sería la plataforma ideal para recopilar información médica, monitorear riesgos potenciales, hacer advertencias y dirigir la investigación y el desarrollo”.</p>
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		<title>La belleza que salva</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/la-belleza-que-salva/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Mar 2021 12:59:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[Nicole Pretell, Alumni UFV Ayer cumplí 24 años en medio de una pandemia mundial. Acostumbrada a vivir bajo las aguas de todas sus olas -y esta es su tercera- me acomodé las gafas con las que ya me he acostumbrado a mirar todo aquello que acontece cuando la realidad se disfraza de ficción. Era la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Nicole Pretell, Alumni UFV</p>
<p style="text-align: justify;">Ayer cumplí 24 años en medio de una pandemia mundial. Acostumbrada a vivir bajo las aguas de todas sus olas -y esta es su tercera- me acomodé las gafas con las que ya me he acostumbrado a mirar todo aquello que acontece cuando la realidad se disfraza de ficción.</p>
<p style="text-align: justify;">Era la hora de la comida cuando el telefonillo sonó. Alguien buscaba un nombre que correspondía con el mío y yo no recordaba esperar ningún paquete. Me puse la mascarilla, esperé, y cuando llamaron a la puerta, un hombre de dimensiones impactantes me tendió un ramo gigante de girasoles para después desaparecer con la misma rapidez y precisión con la que se personó.</p>
<p style="text-align: justify;">Me quedé perpleja en medio del pasillo. Tres segundos más tarde una nota me descubrió que el gesto procedía de Paula, una queridísima amiga que ahora se encuentra en una isla paradisíaca allá por África. Me enviaba la calidez de los girasoles para salvarme del frío de Madrid. Mi flor favorita pertenece al verano.</p>
<p style="text-align: justify;">Escribo con ellas delante. Su olor sigue inundando mi cuarto, y el calor sobrevive como un tierno incendio en mi pecho. Sus pétalos, sin embargo, han empezado a oscurecerse, y será cuestión de días que sus amarillos se sequen. Es la belleza de lo efímero.</p>
<p style="text-align: justify;">En referencia a la efímero Muriel Barbery escribió lo siguiente: “quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren”. Eso fue lo que el gesto de Paula me recordó: vivimos en la búsqueda constante -consciente o inconsciente- de momentos cuya belleza nos ate al presente. Momentos que abran un agujero en la farsa del tiempo y sirvan de suero emocional a aquellos nostálgicos que, como yo, a veces tenemos los ojos en la nuca.</p>
<p style="text-align: justify;">El año pasado la nostalgia se convirtió en trending topic. Empezamos a escuchar canciones que, a falta de presente, hablaban de pasado. Es más, empezamos a escuchar canciones sin crear recuerdos en torno a ellas. En su artículo para Vanity Fair “Tan solos y tan juntos”, Javier Aznar se preguntaba dónde se fabrican hoy esos recuerdos que antaño se creaban en un viaje, en un bar, o en un “mira, te comparto mi auricular, creo que esta te puede gustar”. La industria musical de hoy es solo otro reflejo más de la enorme nostalgia que llevamos dentro.</p>
<p style="text-align: justify;">No sé por cuánto tiempo sobrevivirá el profundo sopor de los tiempos pasados en nosotros, pero lo que sí sé, de lo que sí guardo alguna certeza, es que llega un momento en el que tu mirada se despierta. El capullo que te envolvía se desprende, quién sabe si por cansancio o destino, y empiezas a ver, a notar el cuerpo más ligero.</p>
<p style="padding-left: 120px; text-align: justify;"><strong><em>Para Amélie Nothomb, “la vida comienza donde empieza la mirada”. Y esa es la lección más valiosa que extraigo de este periodo tan disruptivo. Para vivir con abundancia, para encontrar la belleza que salvó a Dostoievski, la mirada ha de rendirse a la absoluta belleza de todas las cosas vivas.</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">El valor de lo efímero se convierte en el valor de lo que está vivo, lo que palpita y espera, paciente, mientras nos recogemos en el refugio de nuestros pensamientos. Al igual que el sol que baña nuestras paredes cada mañana nos reconforta, nuestro día se transforma cuando nos animamos a abrir las ventanas de nuestro refugio. Es el poder de vivir de puertas -o ventanas- para afuera.</p>
<p style="text-align: justify;">Nadie permanece a salvo en su individualidad cuando contempla, porque el vivir conectado con la realidad te conmueve, te interpela.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa es mi lucha diaria, mi manera de dotar, o, mejor dicho, de ser capaz de percibir, el sentido de mis días en un mundo que cada vez se tacha más de absurdo. “Si yo hubiera sabido todo lo que iba a pasar habría hecho las cosas de otra manera. Trabajar, cocinar, leer… No sé para qué nos esforzamos tanto si nada tiene sentido, si todo es tan absurdo”. He escuchado y leído muchos comentarios así, pero ahí, junto a todo este tsunami de sinsentido, encuentro mi trinchera junto a aquellos que hemos aceptado y acogido que nuestros actos, y más los que nacen del amor, representan un fin en sí mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo efímero deja de doler, pues, tal y como dice Christian Bobin: “cada mañana tengo una cita con la belleza del mundo”. Y nos espera con los brazos abiertos: en el calor de un abrazo, en unos niños jugando en el parque, en la satisfacción del trabajo bien hecho, en un encuentro inesperado, en un pájaro creando su nido, o en los triunfos de tus amigos. Bendita amistad.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa es la belleza en la que creo. La belleza que me salva.</p>
<p>________________________________</p>
<p>Ayer cumplí 24 años, y el amor de mis seres queridos me conmovió. Los girasoles, expectantes, esperan con sosiego a que termine de escribir para que les cambie el agua. Mientras tanto escucho una canción que dice lo siguiente:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><em>«Y así fuimos inventando una nueva manera de imaginar</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Que para ver el cielo hay que hundirse en la tierra</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Y no hay más suelo que el que ahora nos aferra».</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>Ser árbol. Nacho Vegas.</em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Asistimos a nuestra vida, no la hacemos</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/03/asistimos-a-nuestra-vida-no-la-hacemos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Mar 2021 21:34:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[Por María Hernández Martínez Esta mañana en la universidad nos hemos acordado de que hace justo un año cancelaron las clases. En general, recibimos sin mucho alboroto ni desasosiego lo que parecía que iban a ser quince días de estar en casa. Tal vez porque desconocíamos que se convertirían en una cuarentena que luego se [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Por María Hernández Martínez</p>
<p style="text-align: justify;">Esta mañana en la universidad nos hemos acordado de que hace justo un año cancelaron las clases. En general, recibimos sin mucho alboroto ni desasosiego lo que parecía que iban a ser quince días de estar en casa. Tal vez porque desconocíamos que se convertirían en una cuarentena que luego se alargó durante meses y que nos recordó que la vida está hecha de imprevistos y accidentes; que la realidad pocas veces sigue nuestros planes pues, como escribe Jesús Montiel, la vida ni obedece, ni se puede domesticar.  Es un hecho, lo sabemos. No dejamos de constatarlo, sea con pequeños acontecimientos personales o con una pandemia a nivel mundial.</p>
<p style="text-align: justify;">Aun así, ¿no nos pasa que seguimos con el empeño de asegurarlo todo? ¿De no dejar ningún cabo suelto? Pero ¿por qué tendemos a arrinconar lo imprevisible? ¿Acaso no recordamos las maravillas derivadas de tantas ocasiones en las que no calculamos nada y las cosas sencillamente suceden? También esto es un hecho. ¿Hay algo que no haya recibido? Este interrogante se empeña en despertarme: el mismo pulso escapa de mi control, me es ajeno. Hasta mi anhelo más profundo, lo que me es más propio, me excede. No puede acabar en mí. Su origen y su arraigo son tan hondos que también siento que me rebasan. Lo reconozco sin dificultad.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, sin embargo, ¡qué complicado es a veces confiar! Tener la predisposición de acoger, quedarse a vivir en el verbo hágase. ¡¿Cómo?! ¿Cómo hacer para que la circunstancia, el agobio y la urgencia puntual del día no conviertan la noche en desvelo? Leo, observo y escucho en busca del remiendo. Christian Bobin me dio una pista. El escritor francés afirma que se trata de ser como un grupo de prímulas que encontró un día en el arcén junto a la carretera; porque esas prímulas existían de tal modo que estaban abiertas a la lluvia, a la sequía e incluso al arrancamiento. No hacían elección de entre lo que iba a suceder. Es verdad que si uno se para a contemplar, las flores están así, tienen la virtud de la docilidad y esa actitud es lo que más les embellece. No es el perfume, ni la forma, ni el color. Su gran atractivo es ese.</p>
<p style="text-align: justify;">«Pero claro -me digo- es que son flores, tú eres otra cosa». No obstante, hay una amiga que ha desbaratado mi objeción y que con su forma de estar en el mundo, me señala la pobreza de mi réplica. Ella es la mujer más libre que conozco. Paradójicamente, es dueña de su vida porque sabe que no le pertenece. Ella encarna con alegría esa cita de los Diarios de Iñaki Uriarte que reza “Asistimos a nuestra vida, no la hacemos”. Su presencia es una invitación silenciosa y constante a buscar cuál es su seguridad. Ella parece conocer el misterio, e intuyo que ahí se esconde la clave para ser prímula. Hace poco comentó “todo es incierto, pero algo tiene que haber seguro en la vida”. Recordé entonces que esa insistencia inquieta de mi corazón era crónica, pero que no era enfermiza. Y lo más importante, sus palabras me dieron razones para esperar que también para mí puede haber descanso.</p>
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		<title>Un profesor de filosofía, perseguido a muerte por denunciar el crecimiento del islamismo en Francia</title>
		<link>https://el-biencomun.net/2021/02/un-profesor-de-filosofia-perseguido-a-muerte-por-denunciar-el-crecimiento-del-islamismo-en-francia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 27 Feb 2021 15:03:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Internacional]]></category>
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					<description><![CDATA[Didier Lemaire, que enseña Filosofía desde hace 20 años en los suburbios de París, vive bajo amenazas de muerte . Su apoyo a Samuel Paty, un docente decapitado por un islamista, y la denuncia de que la ciudad donde trabaja ha quedado en manos del integrismo islámico, lo obligan a vivir bajo protección armada. Se [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 14pt;"><em>Didier Lemaire, que enseña Filosofía desde hace 20 años en los suburbios de París, vive bajo amenazas de muerte . Su apoyo a Samuel Paty, un docente decapitado por un islamista, y la denuncia de que la ciudad donde trabaja ha quedado en manos del integrismo islámico, lo obligan a vivir bajo protección armada. Se ha visto forzado a presentar su dimisión y alejarse de su instituto por estas razones: «Por mi seguridad, por la seguridad de mis alumnos y mis colegas»</em></span></p>
<p style="text-align: justify;">Didier Lemaire, profesor de filosofía, se ha convertido en uno de los hombres más perseguidos de Francia por hacer esta declaración: «El islamismo está ganando la batalla en el pueblo donde yo trabajo, Trappes. Y esa victoria no es un caso aislado…».</p>
<p style="text-align: justify;">Didier Lemaire ha sido profesor de filosofía en el liceo La Plaine de Neauphle, de Trappes (Yvelines, al oeste de París, 32.000 habitantes) y se ha visto forzado a presentar su dimisión y alejarse de su instituto por estas razones: «Por mi seguridad, por la seguridad de mis alumnos y mis colegas, quizá sea razonable que deje de enseñar. Es una evidencia: los islamistas han ganado la batalla en Trappes. Y en tras ciudades francesas. Y tardará mucho tiempo, serán necesarios muchos hacer esfuerzos, antes de hacerlos retroceder, vaya usted a saber cuando».</p>
<p style="text-align: justify;">Tras los atentados terroristas del otoño pasado, culminando con la decapitación de un profesor, Samuel Paty, Didier Lemaire decidió abordar con sus alumnos el problema de fondo: la libertad de enseñanza, la crítica de la intolerancia y el odio cultural, religioso … y descubrió, espantando, que tenía muchos alumnos simpatizantes, directa o indirectamente, de tesis islamistas.</p>
<p style="text-align: justify;">Lemaire decidió lanzar varias alertas, ante la dirección de su instituto y ante la Academia regional de Versalles. Cuando esas advertencias llegaron a la opinión pública, Lemaire se transformó en un «enemigo público» para una parte de la Francia musulmana (de 5 a 7 millones de franceses musulmanes) y para una parte considerable del islamo-izquierdismo, la franja política de izquierda y extrema izquierda que dice «comprender» y comparte, directa o indirectamente, tesis políticas donde el islamismo prolifera desde hace años.</p>
<p style="text-align: justify;">En 2018, alertó en un carta al presidente de Emmanuel Macron que “muchos jóvenes franceses, musulmanes o no, comparten hoy valores antidemocráticos, antirrepublicanos, e incluso se adhieren a una ideología regresiva y oscurantista». La ciudad de Trappes, apunta, es «vivero yihadista» en el corazón de la región de París». De aquí salieron 67 habitantes entre 2014 y 2016 para engrosar las filas de combatientes a Siria e Irak.</p>
<p style="text-align: justify;">Lemaire asegura que en dos décadas vio cómo se transformaba la ciudad. «Hace 20 años todo comenzó para mí con la quema de la Sinagoga en octubre de 2000. Después de eso, no hubo más judíos en Trappes. Ahora son los ateos y los musulmanes moderados los que se van», dijo en declaraciones a Le Point.</p>
<p style="text-align: justify;">En 2020, publicó una nueva carta en reacción a la decapitación a manos de un islamista del profesor <strong>Samuel Patty</strong>, quien había dado una clase de libertad de expresión mostrando caricaturas de Mahoma antes de ser asesinado. Lemaire denunciaba en el texto la falta de estrategia del Estado ante el recrudecimiento del islamismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Para el profesor de Filosofía, las actuales amenazas llegaron con la difusión de un reportaje de la televisión neerlandesa, donde explicaba la presión social del islam radical sobre la República y los jóvenes en su ciudad, la que ha brindado el mayor contingente de yihadistas de Europa al grupo Estado Islámico.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Corromper el tejido social</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Didier Lemaire estima que el islamismo está corrompiendo una parte del tejido social de la periferia de algunas grandes ciudades francesas, y comenta el proceso de este modo: «En Trappes y otras ciudades hemos dejado de estar en Francia. En algunas ciudades y algunos barrios hemos dejado de vivir en nuestra República. Ni la libertad de conciencia, ni el uso del cuerpo, ni la igualdad están garantizadas. En Trappes y otras ciudades de la periferia parisina, el comportamiento de los hombres no tiene nada que ver con las costumbres francesas y el arte o las relaciones de la seducción. Si una mujer magrebí se atreve a sentarse en la mesa de un café, donde solo hay hombres, está condenada a soportar observaciones de todo tipo. En la calle, si no va vestida como los hombres piensan que debe hacerlo pueden escupirla o insultarla, si no amenazan con violarla».</p>
<p style="text-align: justify;">Tras abandonar la enseñanza y el estallido de la crisis, Didier Lemaire está protegido día y noche por varios gendarmes y policías especializados en la seguridad de personalidades amenazadas de muerte.</p>
<p style="text-align: justify;">El gobierno francés trabaja en la aprobación de un proyecto de Ley que deberá combatir el islamismo, desde sus más profundas raíces, religiosas, culturales, convertido en movimiento separatista en la Francia del siglo XXI. Didier Lemaire tiene algunas dudas: «La lucha contra el islamismo será larga. La Ley quizá sea un buen primer paso. Pero las raíces de la crisis son muy profundas».</p>
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		<title>Franco Nembrini: «El cambio no ocurrirá mágicamente al final de esta prueba, sino solo durante»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rafael]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Feb 2021 13:34:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[«La pandemia ha barrido muchas certezas falsas y el orgullo que básicamente las justificaba y, al mismo tiempo, dejó en claro que incluso en circunstancias terriblemente dolorosas uno puede experimentar el bien, uno puede sorprenderse de la grandeza y el carácter sagrado de tantas relaciones. de muchas amistades, de muchas obras. Le pedimos a Franco [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>«La pandemia ha barrido muchas certezas falsas y el orgullo que básicamente las justificaba y, al mismo tiempo, dejó en claro que incluso en circunstancias terriblemente dolorosas uno puede experimentar el bien, uno puede sorprenderse de la grandeza y el carácter sagrado de tantas relaciones. de muchas amistades, de muchas obras. Le pedimos a Franco Nembrini, profesor, ensayista y pedagogo italiano, que “leyera” los signos de lo que ha pasado y lo que será. “El virus nos ha enfrentado con toda la fragilidad, la pobreza, toda la necesidad de que se constituye el hombre -explicó-. Una de dos: o te enojas por la mala suerte y te engañas pensando que tarde o temprano puedes salir de ella, o reconoces tu dependencia de Dios con sencillez de corazón y le pides la gracia de empezar de nuevo»</em></p>
<p style="text-align: justify;">Hemos experimentado de primera mano el desconcierto, la falsedad o la insuficiencia de cosas que considerábamos esenciales para la vida. En este sentido, la pandemia ha barrido muchas falsas certezas y el orgullo que básicamente las justificaba y al mismo tiempo dejó claro que incluso en circunstancias terriblemente dolorosas se puede vivir el bien». Franco Nembrini, profesor, ensayista y pedagogo italiano, todavía sacudido por la fase uno que ha azotado sin piedad su tierra, también se prepara para entrar en la fase dos. Y como buen anfitrión, extrae de su tesoro cosas nuevas y antiguas para que cuente la historia del paso del Coronavirus que, por un lado, generó «tanto miedo y confusión», por el otro fue una oportunidad única para redescubrir el valor de la vocación cristiana como tal y, por tanto, el valor de la figura del laicado en la vida de la Iglesia.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Jesús enseñaba a sus seguidores a «leer las señales de los tiempos». ¿Cómo leer el signo de esta pandemia y este tiempo que hemos vivido?</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Empecemos por una observación que rara vez he escuchado en los últimos días, a saber, que si es cierto que se trata de una circunstancia excepcional para toda una generación de europeos, también debemos considerar que las pandemias, el hambre, las guerras, las crisis económicas, los grandes trastornos culturales, son fenómenos que siempre han acompañado a la vida del hombre.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando era niño, en primavera se celebraban procesiones especiales para invocar la protección de Dios contra «la peste, el hambre y la guerra».</p>
<p style="text-align: justify;">En todo caso, el largo período de paz y bienestar económico que hemos disfrutado es excepcional, quizás un caso único en la historia. Y solo hay una forma de verlo, y de hecho es una gran alternativa única frente a la cual cada uno de nosotros está llamado a elegir. “Pongo la vida y la muerte ante ti”, “Detente y reconoce que yo soy Dios” estos son los dos pasajes de la Biblia que me vienen a la mente todos los días en este período.</p>
<p style="text-align: justify;">El virus nos ha enfrentado a toda la fragilidad, la pobreza, toda la necesidad que constituye el hombre. Uno de los dos: o nos enojamos por la mala suerte y nos engañamos a nosotros mismos pensando que podemos salir de ella tarde o temprano, o reconocemos nuestra dependencia de Dios con sencillez de corazón y le pedimos la gracia de empezar de nuevo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Esta vez viviste observando todo desde Bérgamo, una de las ciudades más devastadas por el virus. La de los camiones militares llevándose los cuerpos será una de las imágenes que encontraremos en los libros de historia. Desconcierto, sensación de impotencia: la epidemia de Covid-19 se ha llevado a familiares y amigos que han desaparecido en las frías estadísticas. ¿Qué piensas?</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Como toda circunstancia que Dios permite en la historia, desafía la libertad de todos y revela sus orientaciones más profundas. El dolor y la fatiga son como una lupa que nos hace ver mejor lo que vale o no para cada uno de nosotros. Así también la pandemia resultó ser una gran oportunidad para superar la superficialidad y la distracción de muchos de nuestros días y nos obligó a preguntarnos qué aguanta realmente la vida, qué resiste el paso del tiempo, «Qué esperanzas están apoyando su núcleo», como diría mi amigo Leopardi. Y debo decir que vivir esta extraña condición de inactividad y aislamiento aquí mismo en Bérgamo ha hecho que el desafío sea aún más radical.</p>
<p style="text-align: justify;">Y por eso puso ante mis ojos junto con tanto miedo y tanta confusión, también tantos espectáculos de heroísmo y santidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Hemos experimentado de primera mano, en la pérdida de muchos, la falsedad o insuficiencia de cosas que considerábamos esenciales para la vida. En este sentido, la pandemia ha arrasado con muchas falsas certezas y el orgullo que finalmente las justificaba. Al mismo tiempo, dejó en claro que incluso en circunstancias terriblemente dolorosas uno puede experimentar un bien inesperado, te puede sorprender la grandeza y la profundidad, me gustaría decir lo sagrado de tantas relaciones, tantas amistades, tantas obras. Esa es, al final, la grandeza de la propia vocación.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>Con tanto esfuerzo hemos llegado a esta nueva fase. ¿Qué debemos dejar atrás y qué no debemos olvidar?</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Durante un reportaje televisivo, un joven padre de familia, reaccionando a la difusión de consignas como «lo lograremos» respondió casi gritando: «no es verdad, no lo lograremos. Porque mi padre está muerto y nadie me lo devolverá». Aquí, lo que más temo es esto: que podamos ser pacientes, soportar, incluso con cierta determinación, este momento de dolor, engañándonos de que podemos quedarnos quietos y que el fin del peligro nos encontrará tan serenos como antes. , listo para salir de nuevo, como antes. Lo temo porque es una mentira terrible. Las cosas que suceden, y más aún las más significativas, capaces de herir profundamente el corazón del hombre, no suceden en vano.</p>
<p style="text-align: justify;">Nada volverá a ser igual, pero el cambio, el tan deseado cambio para mejor, no sucederá mágicamente al final de la prueba, sino que solo puede suceder durante la prueba.</p>
<p style="text-align: justify;">Es ahora, es en el desafío de estos días que se templa el carácter de un pueblo, la fuerza de una amistad, la seguridad de un amor, la certeza de la fe. Esta constatación, vivida día a día llamando a las cosas por su nombre, movida por el deseo de comprender, es decir, conocer más la Verdad, desde el deseo de amarnos más y mejor a nosotros mismos ya los demás, de dar la vida por algo grande, útil para uno mismo y para el mundo, esto finalmente nos encontrará mejores.</p>
<p style="text-align: justify;">Y detrás de nosotros quedará la ilusión, en la que quizás nos hayamos acunado durante demasiado tiempo, de poder ser felices solos, esperando la felicidad de cosas que no pudieron darnos.</p>
<p style="text-align: justify;">Si al final todos nos encontráramos un poco más enamorados de la verdad y un poco menos conspiradores con la mentira, descubriríamos que en todo, incluso en una epidemia, hay una posibilidad de crecimiento y maduración.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>También volvemos al mundo como cristianos, después de un claustro y una abstinencia forzosa de las celebraciones eucarísticas. ¿Qué reflexión debemos hacer?</em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Desde los primeros días en que el Gobierno decidió no permitir la celebración de la Misa, sentí esta circunstancia como una gran oportunidad para la verificación de mi fe. Por supuesto, me habría opuesto enérgicamente a una decisión que hubiera impedido la celebración durante un período muy largo. Pero esta misma imposibilidad, sabiendo que iba a durar poco tiempo, me obligó a preguntarme si y qué tan importante era para mí acercarme a la Sagrada Comunión.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero aún más fue una ocasión para preguntarme qué tan cierto era en mi forma de vivir la fe, que el Sacramento es la Iglesia, el cuerpo de Cristo es el pueblo cristiano, y que vivir esta pertenencia a Él nos ha sido dado. 7 sacramentos.</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca había tomado una conciencia tan clara del valor del Bautismo (el gesto misterioso mediante el cual Cristo nos asimila a sí mismo) y del valor del Sacramento del Matrimonio mediante el cual, día a día, estoy llamado a celebrar y reconocer esta pertenencia. Y, finalmente, fruto de estas consideraciones, un gran redescubrimiento del valor de la vocación cristiana como tal y, por tanto, del valor de la figura del laicado en la vida de la Iglesia. En definitiva, una buena oportunidad para redescubrir ese sacerdocio universal de los fieles del que habla el Concilio. Lo digo de una manera absolutamente no polémica, pero lo digo: ¡qué oportunidad para declericalizar un poco la vida de nuestras parroquias y de toda la Iglesia!</p>
<p style="text-align: justify;">Desde hace unos días el texto con el que, con sencillas palabras e ilustraciones de Gabriele Dell’Otto, acerca a los lectores a la obra de Dante se encuentra en la librería «Purgatorio». Al fin y al cabo, el «gran poeta» en su camino nos hace comprender que el problema no es caer, sino confiar en una mano que siempre se nos ofrece para levantarnos. Podemos considerar este tiempo como un «purgatorio» y luego, precisamente a la luz de su fatiga, de qué manera, esta vez, estamos llamados a levantarnos de esta caída, si lo es.</p>
<p style="text-align: justify;">No se trata de si hay una caída o no: la caída es el elemento más radicalmente descriptivo de la condición humana. Todos somos pecadores, todos participamos, siempre en la caída original. El problema es darse cuenta de ello y, consciente de la propia debilidad, decidir a quién dar la vida. Entonces siempre puedes equivocarte. Me llamó mucho la atención el hecho de que la pandemia alcanzara su punto máximo en la Cuaresma, durante la Semana Santa, en la celebración de la Pascua.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta coincidencia me hizo recordar que básicamente la humanidad, a partir de ese día en el Calvario, ya no está dividida entre el bien y el mal, entre justos e injustos. Todos somos ladrones.</p>
<p style="text-align: justify;">Y la decisión que nos salva, y junto con nosotros salva al mundo entero, es la de reconocer en ese Hombre crucificado junto con nosotros -continuamente crucificado, en todos los días de la historia y en todos los caminos del mundo- al Señor que él da su vida por nosotros y al que nosotros podemos dar la nuestra.</p>
<p style="text-align: justify;">El purgatorio es exactamente la descripción de esta posibilidad, es lo que hace que este cántico de la Divina Comedia sea tan familiar y tan cercano a nosotros. Porque describe el camino de los hombres salvados, un camino duro y agotador en la lucha contra el propio mal y el del mundo, pero con una alegría final que proviene de la certeza de su presencia.</p>
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